BASILISCO

Kari Martínez

 

Hace unos días se celebró el 20º aniversario del inicio de una de las sagas literarias más populares en el género fantástico: Harry Potter, y dentro de unos días más se celebrará el cumpleaños de este mago, así como el de su creadora: J.K. Rowling. Aunque no soy potterhead desde hace mucho tiempo, la verdad es que presiento que todos hemos sido parte de una u otra forma de la historia de Potter y el mundo que lo rodea. Al pensar en eso, recordé todos los monstruos que Rowling ha recuperado de las historias clásicas para integrarlas en su propio imaginario. Una de esas bestias fantásticas es el basilisco.

Creo que a estas alturas de la vida no cuenta como spoiler decir que, en alguna de las partes de la saga, existe escondido un monstruo llamado basilisco, cuyo nombre proviene de latín basiliscus, y éste a su vez del griego, donde la raíz βᾰσῐλεύς, -έως, basileus, ‘rey o soberano’ y el sufijo –ισκος, -iskos, que señala el diminutivo, se juntan para dar origen al βασιλίσκος, basilískos, “pequeño rey” o “reyecillo”. El nombre se le atribuye a que se creía (o sabía) que estas bestias tenían en la cabeza una mancha blanca con forma de corona.

 

No obstante, hay quienes opinan que se podría poner en el juego al sufijo con la acepción de “relativo o perteneciente a”, lo que, a pesar de no ser la interpretación más popular, le seguiría otorgando realeza a este magistral monstruo. Sin embargo, la versión de que el basilisco sea nuestro reyezuelo se vincula con regulus (del latín rex, regis, ‘rey’, más el sufijo masculino de diminutivo, –ulus, lo que resulta en “reyecito”), documentado como otro de los nombres con el que se le conocía al basilisco clásico en la Edad Media[1]:

 

Regulus. diminutiuo de rey. quiere dezir rey pequeño.

Regulus. se dize vna sierpe. que es como principe de las serpientes. los griegos la llaman basilisco. En griego basileos es rey. fue renombrado Regulo aquel consul Marco attilio que auiendo vençido alos africanos & muerto la grand serpiente Regulo fue despues preso delos cartagineses.[2]

 

En el libro VIII de su Naturalis historia, Plinio el Viejo[3] describe al basilisco así: como una serpiente con un tamaño no mayor de doce dedos (aproximadamente 22 centímetros; de ahí que la bauticen empleando afijos diminutivos en sus nombres); con un silbido que puede ahuyentar al resto de las serpientes. Además, el basilisco no se arrastra ondulándose, sino que avanza erguido sobre la parte central de su cuerpo; su veneno es tan fuerte que no sólo mata los arbustos al tocarlos, sino al exhalar sobre ellos. Posteriormente, el escritor y naturalista también habla de la mirada de este animal, pues con ella es capaz de matar a los hombres. Esta es la razón de que, al hacer una búsqueda del basilisco en el corde, muchos de los textos antiguos en español que lo mencionan, lo hacen como una metáfora dentro de poemas amorosos, donde la mirada de la amada es equiparable a la del basilisco.

Según Plinio, el basilisco tenía un enemigo mortal: la comadreja, que lo mataba con su olor en una lucha que igualmente la llevaría a la muerte. Por esto, solían meter comadrejas en las madrigueras de los basiliscos, que se localizaban donde estaba el suelo putrefacto.

Basilisco atacado por comadreja.

 

Alfonso de Palencia también incluye Sibilus (“silbar”, “chiflar”) como otro de los nombres para la serpiente Régulo (de Regulus) o Basilisco:

 

Sibilus. chiflo: es resollo delgado embiado sotil mente açotando el ayre. hay sibilum del genero neutro. pero dizimos sibila pro sibilantia. Sibilus es la serpiente llamada regulo que chifla ante que muerda o ante que arremeta. en griego se dize basilisco. otrosi sibillus es dicho el halago que aotros fazen los reyes.[4]

 

Entonces, como se ha visto, en la Edad Media, el basilisco clásico (con forma de serpiente) era conocido por otros nombres (Régulo y Sibilus), mientras que la palabra “basilisco” identificaba a un gallo de cuatro patas, coronado con plumas amarillas, alas con espinas y una cola de serpiente (aunque también cabía la posibilidad de que dicha cola terminara en garfio o en cabeza de gallo). Borges recupera estas descripciones en el Manual de zoología fantástica [5], donde también señala que imagen y palabra se relacionan trascendentemente, pues en el siglo XIV, Chaucer habla del basiliscock para referirse al basilisco-gallo. Tal imagen podría provenir de la iconografía cristiana.

Existen dos teorías para hablar del nacimiento del basilisco. Una de ellas tiene origen clásico, pues se cree que esta bestia nacería de la sangre de la Gorgona Medusa, lo cual le otorgaría el poder mortífero a su mirada. La otra teoría es la que retoma J.K. Rowling, una teoría lograda después, en un intento por explicar más científicamente su supuesta existencia; en ésta se determina que el basilisco viene de un huevo:

 

Esta serpiente, que puede alcanzar un tamaño gigantesco y cuya vida dura varios siglos, nace de un huevo de gallina empollado por un sapo. Sus métodos de matar son de lo más extraordinario, pues además de sus colmillos mortalmente venenosos, el basilisco mata con la mirada, y todos cuanto fijaren su vista en el brillo de sus ojos han de sufrir instantánea muerte. Las arañas huyen del basilisco, pues es éste su mortal enemigo, y el basilisco huye sólo del canto del gallo, que para él es mortal.[6]

 

Así pues, Rowling rescata características del basilisco clásico y del medieval para describir al de su imaginario (aunque omite que dicho huevo debe ser incubado sobre estiércol); incluso habla del canto del gallo. Al respecto, Borges nos menciona que en la Edad Media, los viajeros experimentados llevaban gallos para cruzar territorios desconocidos.

En cuanto a la poesía, la amorosa no fue la única que mantenía referencias al basilisco. Francisco de Quevedo escribió una serie de romances a manera de bestiario; uno de ellos es “El basilisco”. Del escritor de los Siglos de Oro es conocida la sátira, el sarcasmo y el humor negro que imprimía en el verso y prosa de sus obras. Basta con reproducir unos cuantos de sus renglones sobre este animal fabuloso:

 

Dime si te dieron leche

las cejijuntas, las bizcas,

si desciendes de los zurdos,

si te empollaron las tías.

Ojos que matan, sin duda

serán negros como endrinas,

que los azules y verdes

huelen a pájara pinta.

Si está vivo quien te vio,

toda tu historia es mentira,

pues si no murió, te ignora,

y si murió, no lo afirma[7]

 

Por otra parte, Cirlot[8] da más especificaciones sobre el basilisco, lo describe con una cresta de tres puntas y, según el medioevo, con una cola también de tres puntas; el autor se manifiesta de acuerdo con Pail Diel al explicar que estas características –proyección de la psique humana– son de naturaleza infernal, ya que los atributos triples son una inversión de las cualidades de la Santa Trinidad; asimismo, sus componentes relacionados con la serpiente y el sapo refuerzan su carácter malvado.

Además, en Chevalier[9] se hace hincapié en que el basilisco simbolizaría los peligros mortales de la existencia, esos que uno no puede advertir ni evitar a tiempo; se compara la visión del basilisco con la de la muerte súbita, que nos sorprende y congela letalmente; así como con lo inconsciente, por ser temible para quien lo ignora, pues puede destruir su personalidad; por ello, es mejor afrontarlo y admitir su valor. Esto se vincula con las versiones que rezan que el poder mortal del basilisco puede ser anulado al mirarlo anticipadamente, es decir: si uno lo toma por sorpresa a él.

Sea lo que sea, el basilisco, al igual que todos los monstruos, tiene una razón de ser; cada uno de ellos cumple un papel fundamental en la manera en que los humanos entendemos y nos relacionamos con el mundo. Por ello, tienen un vínculo especial con las palabras. José Luis Moure[10] enumera varios usos del vocablo especialmente en la región sudamericana; asimismo, menciona el verbo abasiliskari del siciliano, el cual mantiene la ponzoña sobre las plantas en su semántica, pues significa “marchitar”, “secarse”, “arruinarse”.

En español, se tiene la expresión de estar o ponerse “hecho un basilisco”, que significa estar sumamente enojado, con ira o carácter violento, en una de esas ocasiones en las que nuestra propia mirada puede congelar y llenar de miedo al prójimo. No obstante, ¿qué hay detrás del veneno que destilamos al enojarnos, al convertirnos en basiliscos?, y ¿qué hay detrás de la mirada de todos esos monstruos?, ya que cabe señalar que en la zoología fantástica muchos son los seres capaces de matar con la pura observación.

No hay duda de que el basilisco, Regulus, Sibilus, basiliscock…, tiene mucho que decir sobre él y sobre nosotros mismos, sobre las creencias y particularidades de cada época y espacio en el que ha estado presente; sin embargo, en cuanto al pequeño rey se refiere, Rowling, en la voz de Newt Scamander, advierte que sólo los hablantes de pársel pueden controlar (y por lo tanto comunicarse con) un basilisco. Mientras no seamos poseedores de ese don, sólo nos queda seguir las palabras y las historias que surgen de ellas.

Por último, es curioso apuntar que, como lectores y seguidores del género fantástico, es fácil identificarnos con Hagrid, como locos sensibles a la creencia de que los monstruos tienen mucho que decirnos, aunque eso nos lleve a ser vistos como parte de lo otro:

 

—¡Ése es exactamente el problema de Hagrid! —exclamó Ron, golpeando la pared de la cabaña—. ¡Siempre cree que los monstruos no son tan malos como parecen, y mira adónde lo ha llevado esa creencia: a una celda en Azkaban! […][11] 

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[1] Como dato curioso, es posible recordar que en la saga de Rowling, Regulus es el nombre de uno de los hermanos Black, familia de sangre pura, cuyos miembros, en su mayoría, siguieron la ideología de Lord Voldemort. Aunque se presume que el nombre es debido a la estrella, no sería de extrañar que la escritora estuviera al tanto de la relación oscura con la bestia serpentina.

[2] Palencia, Alfonso de. (1490). Universal vocabulario en latín y en romance. España. Publicación de Gracia Lozano López, Hispanic Seminary of Medieval Studies (Madison), 1992. Tomado de REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Banco de datos (CORDE) [en línea]. Corpus diacrónico del español. <http://www.rae.es> [2 de julio de 2017].

[3] Plinio Segundo, Cayo. (2003). Historia Natural. Madrid: Gredos. (Biblioteca Clásica Gredos, 308).

[4] Ídem.

[5] Borges, J.L. y M. Guerrero. (1966). Manual de zoología fantástica. México: Fondo de Cultura Económica.

[6] Rowling, J.K. (1996). Harry Potter y la cámara secreta. Barcelona: Salamandra.

[7] Quevedo, F. (2002). “El basilisco”. En I. Arellano (Ed.), Un minibestiario poético de Quevedo (pp. 12-14). Navarra, España: Griso. Obtenido de: http://dadun.unav.edu/handle/10171/6128

[8] Cirlot, J.E. (2001). A Dictionary of symbols. London: Routledge. p. 23

[9] Chevalier, J. (Ed.). (1986). Diccionario de símbolos. Barcelona: Herder. p. 180.

[10] Moure, J.L. (1999). El basilisco: mito, folclore y dialecto. Revista de Filología Española, vol. LXXIX, (1/2), pp. 191-204. En este artículo se pueden encontrar más detalles del tema.

[11] Rowling, J.K., op. cit., p.243.

 

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Imagen de cabecera: “Basilisco”, por moonsfinned.

 

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Kari Martínez Zúñiga

Gusta de prestar voces a los animales y objetos, cual fabulista frustrada. De niña se escondía bajo la cama para asustar a los demás. Ama la lengua y se siente orgullosa de la Ñ en su apellido. Es fan de los zombis y experta en entender cuando se le traban los dedos a alguien mientras habla; pero la peor para escribir semblanzas.

http://www.depalabrasymonstruos.blogspot.mx/

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