CUENTOS DE MAGIA, MISTERIO Y HORROR

 

Uggla Horrorwitz

 

 

La literatura hispanoamericana fantástica tiene en sus filas un puñado de autores que siguen escondidos debajo del tapete del tiempo y del olvido; muchos de ellos no aparecen en antologías de renombre y su obra es de difícil acceso, por lo que descubrirlos puede ser una extraña casualidad.

Alfredo Cardona Peña fue escritor, periodista, ensayista y poeta; nació en Costa Rica en 1917 y vivió en México desde 1939 hasta su muerte en 1995. Su obra literaria es bastante extensa. En lo que respecta a la literatura fantástica, en algunos sitios comentan que, como tal, sólo dejó tres libros, pero revisando a detalle la bibliografía que aparece en la página del INBA [1], son al menos seis los libros en los que dejó narraciones de género fantástico:

Alfredo Cardona Peña

Cuentos de magia, de misterio y de horror, Finisterre (Relatos Extraordinarios, núm. 1), México/París, 1966.

Fábula contada, Universitaria Centroamericana, San José, 1972.

La nave de las estrellas, Editorial Costa Rica, San José, 1980.

Los ojos del cíclope, Diana, 1980.

Festival de sorpresas, Editorial Costa Rica, San José, 1983.

Los mejores cuentos de magia, misterio y horror, Diana, 1990.

Cabe mencionar que, a pesar de no ser mexicano, su obra literaria fue considerada como parte de la literatura fantástica mexicana. Rafael Llopis, en Historia Natural de los cuentos de miedo, donde hace un revisionismo de autores fantásticos y de terror de varios países, menciona a Cardona Peña como un referente de la literatura fantástica mexicana junto a Juan José Arreola y Francisco Tario [2].

La página de la Enciclopedia de la ciencia ficción dedicada a su biografía [3] menciona que Cardona Peña es “el Ray Bradbury latinoamericano”, comparación que resulta bastante curiosa, pues en su libro Conversaciones y semblanzas Cardona Peña [4] incluye una interesante entrevista con Bradbury (misma entrevista que apareciera en un número del Excélsior de 1971 con el nombre de “El Cronista de Marte”), en la que Ray menciona que fue una visita al pueblo de Pátzcuaro en Michoacán la que lo inspiró para escribir su libro sobre la historia del Halloween (pueden revisar la reseña de “Halloween a la Bradbury”, publicada en Penumbria por Concepción Figueroa [5]).

Aunque el trabajo de Cardona estuvo muy enfocado en la literatura fantástica, también tuvo una incursión importante en la literatura de ciencia ficción. En el artículo “La fundación del porvenir”, Gabriel Trujillo Muñoz [6] habla acerca del poema de Cardona titulado  “Recreo de la Ciencia Ficción”, el más largo dedicado a este género, muy en la línea de los versos de “Yo estaba en el espacio” de Amado Nervo. Se dice que el poema cuenta con 19 notas al pie para ayudar al lector a entender todas sus referencias. Aunque no he podido leer dicha obra completa, Trujillo Muñoz señala que los versos mencionan a autores y arquetipos fantásticos. En la misma línea está otro relato de Cardona llamado “El brebaje”, cuyo primer párrafo menciona a Lovecraft, Poe, Borges y Blackwood, entre otros:

“Puso a calentar la marmita, y cuando el agua estaba hirviendo, comenzó a preparar la receta infalible: una hoja de Las mil y una noches; senos, ejércitos y relámpagos de la Biblia; pétalos del Asia; jazmines orientales; una cucharada sopera de Poe; otra de Villiers; café de Balzac; media cucharadita de Maupassant; un gramo de Lautreamont en polvo; lágrimas rusas; crótalos de Quiroga; dos ajos de Quevedo; naves de Bradbury; gotas de Flaubert; laberintos de Borges; miedos de Lovecraft, etc., etc., sin olvidar, naturalmente, juego de sauces de Blackwood, uñas del hijito de Mary Shelley, deducciones de Ágata Christie, cuartos perfumados de amantes, fantasmas elegantísimos, criminales en argumentos de aluminio y algunas plumas de vampiro con gotitas de sangre de sonámbula virgen”.

El primer contacto que tuve con los relatos de Cardona fue en la antología de literatura fantástica costarricense llamada Voces de la sirena, compilada por José Ricardo Chaves, donde aparecen tres de sus cuentos: “El muro”, “El brebaje” y “El anillo de oricalco”.

Además de los relatos antes mencionados, he tenido la oportunidad de leer dos de sus libros: Cuentos de magia, de misterio y de horror (1966) y  Los mejores cuentos de magia, misterio y horror (1990), que es una recopilación de relatos de los libros Cuentos de magia, de misterio y de horror, Los  ojos del cíclope y La  fábula contada.

De sus relatos de ciencia ficción, destacan: “La Niña de Cambridge”, un cuento acerca de dos computadores (madre e hija), donde aflora esa idea existente en los primeros relatos de ciencia ficción acerca de la posible humanización de las máquinas. Me recordó al relato “Los súper juguetes duran todo el verano” de Brian W. Aldiss. “Más allá del silencio” trata de los problemas de construir un aparato para viajar en el tiempo y escuchar los sonidos primigenios; el objetivo es conocer las primeras palabras pronunciadas por el hombre. ”El astronauta” es, quizá, su cuento con más crítica social: habla de un hombre que viajó al espacio, vio a Dios y, a su regreso, diferentes instancias desean silenciar su descubrimiento; con una sátira peculiar, critica el racismo y la ambición del hombre. “Los cíclopes” es uno de los relatos que más me gustaron: habla de la fijación que tiene una mujer por los aros y objetos circulares, debido a que de muy niña tuvo un gato cíclope. Es un relato que va del terror a la ciencia ficción de ida y vuelta, dejando un buen sabor de boca. En “Intercambio de ojos” retoma de nuevo el tema de los cíclopes con el caso de un peculiar bebé que nace con dos ojos en un planeta donde todos sus habitantes solo tienen uno; la recurrencia con este tema no es casualidad, pues otro de sus libros se llama Los ojos del cíclope.

En su línea de relatos fantásticos vale la pena mencionar: “El jardín de los puñales en flor”, un relato hilarante sobre un jardín de plantas venenosas y carnívoras con algunas mandrágoras de linaje exótico. “El rey de los magos“ es un relato que emana mitología: menciona a las Sibilas de Cumas (profetisas que aparecen en la literatura romana y griega) y la linterna mágica de Alejandro Kircher, un aparato del siglo XVII antecesor al cinematógrafo. “Trompetas y gallos” juega con viejos mitos de ángeles y demonios, lo mismo que “El origen de la nostalgia”, “El epílogo del cuento anterior” y “Una vez al año”, que habla de gorgonas y serpientes que cada año hacen un ritual muy peculiar. “Historia de los sueños que despertaron” es un relato de tres príncipes encerrados en un castillo, los cuales se fugan y duermen en una cueva; al despertar, el mundo ha avanzado 200 años. Lo más curioso de este relato es que dos de los príncipes se llaman Abdul y Azared… nombres muy parecidos  a “Abdul Alhazred”, el árabe loco consentido de nuestro querido Lovecraft.

También, tiene tres relatos de vampiros: “Los Hemoglobitas”, “El principiante” y “La cena de noche mala”, siendo este último el mejor de los tres con una parodia al nacimiento de Jesús.

Relatos como “La muerte cae en un vaso”, “Trece en la mesa”, “Me oyes”, “El suicida” y “Los astros no mienten” van más en la línea de relato de misterio; el último me recordó a “Y si es sólo una vez” de Daniel P. Espinosa. “La fábula de los libros” es acerca de alguien con una insana fascinación por los libros, muy en la línea de “Bibliomanía” de Gustave Flaubert. “La otra muerte” es sobre alguien que sufre un estado cataléptico y hay un monstruo que saca ojos a los cadáveres en la morgue; me hizo recordar a “La autopsia” de Georg Heym.

Sin embargo, es en el relato de fantasmas y terror donde Cardona muestra su maestría: “El Muro” fue, en su momento, uno de sus relatos más aplaudidos [7]; aquí se invierte la capacidad de sorpresa entre vivos y muertos. “Tres golpes en la puerta” es otro excelente relato de fantasmas muy en la línea de “Un cuento de Navidad” de Rosemary Temperley. “Un mensaje telepático” es un relato curioso de una pareja que busca dónde vivir y encuentra un singular anuncio en el periódico; me recordó a “Deterioro” de Miguel Lupián. “El hombre que vio” trata de lo intangible que son los fantasmas y cómo toman forma dependiendo de cada persona. “La Camelia” es otro relato de fantasmas de niños llevado bastante bien. “La historia de Akbar y Lasur” es un cuento que trata de cómo los pueblos pueden vivir sin muchas cosas, menos sin sus muertos: seres ausentes a los cuales recordar. ”La mansión Winchester” es una hilarante historia de una casa embrujada. “Una dama junto a ella” es otra excelente historia de fantasmas sobre una aparición en un tren; me recordó a “El pasajero perpetuo” de Stefan Grabinski. “Trasplantes de almas” juega con la resurrección y el destino de las almas, escrito en el inicio de los tiempos.

La obra de Cardona Peña es variada y polifacética, vale la pena leerlo; seguro habrá un par de relatos (o más) que se quedarán en la memoria de sus lectores como un obligado referente de la literatura fantástica hispanoamericana.

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Acá pueden leer:

“La niña de Cambridge”

“El brebaje”

“El Muro”

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Notas:

 

  1. Coordinación Nacional de Literatura del INBA. https://literatura.inba.gob.mx/costa-rica/5199-cardona-pena-alfredo.html

 

  1. Rafael Llopis,  Historia Natural de los cuentos de miedo, España, Jucar, 1978, p.346.

 

  1. The Encyclopedia of Science Fiction. http://www.sf-encyclopedia.com/entry/cardona_pena_alfredo.

 

  1. Alfredo Cardona Peña, Conversaciones y semblanzas, Costa Rica, Euned, 1988, p.132.

 

  1. Concepción Figueroa, “Halloween a la Bradbury” http://www.penumbria.mx/halloween-a-la-bradbury.

 

  1. Gabriel Trujillo Muñoz, “La Fundación del Porvenir”, Ciencia Ficción Mexicana

http://cfm.mx/?cve=11:10.

 

  1. José Ricardo Chaves, Las voces de la Sirena, Costa Rica, Uruk, 2012, p. 222.

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Uggla Horrorwitz

Lector compulsivo de terror y fantasía. A veces escribe sobre las pesadillas que aún no ha tenido,

pero que tanto le gustaría que lo aterraran.

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