I SEE A FIRE IN THE SKY

reseña de Cuando las luces aparezcan, de Roberto Abad

 

Ariel Alejo

 

When convention and science offer us no answers,

might we not finally turn to the fantastic as a plausibility?

Fox Mulder, The X Files

 

Un hombre y una mujer caminan de manera sigilosa, armas en mano, en el perímetro de una vieja granja habitada por personas adeptas a un extraño culto. Van tras la pista de un asesino que tiene la paradójica capacidad de cambiar de sexo y que ha tenido en jaque a la policía local dejando un reguero de víctimas en diferentes puntos de la ciudad. Mientras rodean la construcción y atisban hacia el interior de la vivienda, encuentran evidencias de que el prófugo, de manera probable, se oculta en la parte superior de la estancia que ellos vigilan.

Antes de decidir internarse, en lo que parece ser la realización de un ritual pagano que atestiguan desde el exterior, la mujer de cabello rojizo le susurra a su compañero: “Hay algo ahí arriba”. El agente la observa por unos segundos con una expresión no desprovista de un tierno sarcasmo y entonces de los labios de Fox Mulder brotan las palabras que configuran la respuesta que todos los espectadores nocturnos estamos anticipando: “Oh, he estado diciendo eso por años”.

Se trata del episodio número trece, “Gender Bender” (uno de los más vistos en la historia de este genial sitcom por el notable giro de tuercas y su desenlace), en la temporada inaugural de Los expedientes secretos X: una mezcla de sci-fi, terror, true crime y asesinos.

Series como The X Files o incluso su competencia, Millenium, cuentan entre sus atributos principales con verdaderos ganchos creativos en cada entrega, sin contar el carisma de los personajes o lo bizarro, extraño y terrorífico de los argumentos. Y en estos puntos coincide poderosamente con la colección de relatos Cuando las luces aparezcan, segundo libro del autor morelense Roberto Abad y acreedor en 2018 del Premio Nacional de Narrativa “Ramón López Velarde”.

Anteriormente, el autor ya había publicado en el Fondo Editorial Tierra Adentro Orquesta primitiva (2015), colección de cuentos breves. Ahora en este pandémico año se abalanza con todo, para fortuna de quienes somos seguidores de lo extraño, a la publicación de un volumen de relatos que podemos identificar, principalmente, en los géneros de la ciencia ficción y la literatura fantástica.

El libro está dividido en dos apartados: “Formas de abducción” y “Después del contacto”.

Referenciada ya la serie que protagonizan los entrañables Gillian Anderson (Danna Scully) y David Duchovny (Fox Mulder), abrimos boca con la sección “Formas de abducción”, integrada por tres cuentos en donde la realidad, como decía, Albert Einstein, es una ilusión, aunque muy persistente. Y es que a través de los argumentos que Roberto Abad esgrime, con bastante técnica narrativa y de los que se intuye su pasión por estos temas, el lector asiste al ensanchamiento de la existencia humana hasta unos límites que nos acercan, página tras página, a dimensiones alternas o universos paralelos que nos obligan a pausar la lectura y cuestionarnos: ¿Es posible que no estemos del todo solos en este sistema solar? ¿Estamos vigilados? ¿O acaso, como intuía H.P. Lovecraft, no representamos absolutamente nada más que insectos para esas entidades cósmicas e interplanetarias? ¿Qué pasaría sí vinieran por nosotros? ¿Cómo lo explicaría nuestro sistema de creencias?

El relato inicial, “Historia sobre mi familia”, representa una perfecta obertura que aborda (a partir de diez actos) la extraña amistad entre un obstinado personaje principal y el reconocido ufólogo mexicano Jaime Maussan, quien, como una suerte de guía y confidente, acompaña al joven en la búsqueda de los símbolos o claves que le permitan entender a su padre después de un hecho traumático. A través de este viaje el lector podrá percibir la soledad y apatía, los estados de confusión y las ideas obsesivas que germinan en el seno de una familia, desintegrada desde antes de iniciar la historia. La necesidad de ser comprendido y tener un cómplice más allá de las dudas razonables. Y cuando los mundos personales comienzan a desmoronarse, terminan convirtiendo al especialista investigador del fenómeno ovni en el aliado perfecto que da contexto a las fantasías que surgen desde el agujero negro que es la mente del protagonista. Estas extrañas teorías y proyecciones del subconsciente, apoyadas desde luego por el Señor Maussan, sirven como telón de fondo para explicar la extraña desaparición del padre, que presumiblemente ha sufrido un accidente cerebro vascular. “Pero a él poco le importaba lo que dijéramos, su cara seguía sin moverse. Y si una cara no se mueve, entonces no sabes lo que quiere o lo que siente por dentro. Me dieron ganas de alejarme”, dice el protagonista. Es el primer relato de la colección y el autor ya sembró el grano de la duda y la curiosidad a quien atraviesa los párrafos iniciales así, como si se tratara de una serie de ciencia ficción.

El cuento que continúa lleva por título “El retrato”, una historia que, desde nuestra perspectiva, describe la descomposición del amor romántico. A este respecto podemos agregar que una de las características de estilo que resulta más atractiva en los textos de Abad es su manera de irnos inmiscuyendo en eventos, rutinas y vivencias de lo cotidiano, para terminar, sin darnos cuenta, abandonados en una trama bizarra y agobiante. Asistimos, pues, sentados en primera fila a los últimos estadios de la relación de una pareja: experimentaremos, de manera incómoda y ciertamente familiar, los matices, tensiones y pleitos que de manera inevitable terminarán con el matrimonio de los protagonistas. Como en el relato anterior y con frases elocuentes, el autor morelense tiene el oficio de saber escarbar en la naturaleza de los conflictos de pareja para regalarnos sentencias como la siguiente: “Era, sin embargo, una práctica en equipo, alimentar la rabia”. En esta narración acompañaremos al esposo: un hombre involucrado en una historia vertiginosa donde nada es lo que parece y que descubre la imagen de sí mismo atrapada en una pintura imposible. Si has disfrutado programas como La dimensión desconocida, “El retrato” tiene todo el feeling de lo inquietante y surreal.

El tercer y último cuento de “Formas de abducción” es el extrañísimo “Amatlán”. Narra, desde la confesión de un médico obtenida mediante la violencia a cargo de un grupo de peligrosos desconocidos, la certeza de que lo bizarro e incomprensible está mucho más cerca de lo que creemos. Un texto donde se nos cuestionan los privilegios y la forma de vivir que hemos elegido: “¿Acaso existe alguien que merezca olvidarlo todo?”, pregunta el narrador, guiándonos hacia este pueblo real y místico, enclavado entre los cerros cercanos a Tepoztlán, Morelos, en donde la desventura implica caos, representada por dos ancianos. Decir más sobre la trama me haría, seguramente, caer en el spoiler y estropearles la sorpresa. Este es el relato más lisérgico y agudo de la primera parte de la antología.

Si en la primera parte despejamos las dudas respecto a estos primeros e hipotéticos encuentros cercanos, en la segunda, “Después del contacto”, nos lanzamos en caída libre al conjunto de posibilidades que tendría la raza humana después de un supuesto cara a cara con razas de otras estirpes y galaxias. De esta manera nos encontraremos con el distópico “Los visitantes”, un cuento con muchas reminiscencias del escritor de ciencia ficción Philip K. Dick por la manera en la que nos introduce, mediante los detalles agudos de una sociedad avanzada, a una historia reveladora que abarca tópicos como la amistad, los amores intergalácticos y sus consecuencias en un futuro que no se antoja muy lejano, donde la vida extraterrestre por fin ha hecho contacto con la humanidad. ¿Vienen con fines bélicos? ¿Exploración? ¿Para defendernos de otras razas hostiles? La respuesta a estas cuestiones está perfectamente planteada en el relato.

“Hijo” es la joya de la corona de Cuando las luces aparezcan. Un relato magistral que nos pone en el papel de una mujer a la que se le ha practicado una inseminación artificial mediante novedosas técnicas genéticas y que se enfrenta, como muchas otras mujeres, al impacto de la soledad en el embarazo: “Pareciera que adentro de mí crece un abismo. Aguanto la respiración endureciendo el vientre y, de pronto, surgen, de entre la estática, dos esferas pálidas y diminutas que me devuelven la mirada”. La locura, la alienación, la despersonalización y los efectos devastadores resquebrajan la psique de esta persona que siempre se ha mantenido al borde y a la que el fruto del experimento desde su cálido y confortable útero llega a darle el empujón final. Este cuento es una versión sci-fi de Rosemary´s Baby. Levantamos la mirada de las páginas de esta colección y nos preguntamos si para la protagonista de esta historia ser madre es realmente una bendición: escalofriante, perturbador y violento.

“El último experimento” es la estilizada narración con la que Roberto Abad cierra su segundo trabajo literario: un thriller de espionaje, teorías de la conspiración, extrañas fórmulas probabilísticas y perspectivas pesimistas sobre la humanidad, el azar y el destino, que nos hace leer, ávidos, la odisea de un hombre solitario, agente de algún organismo gubernamental, al que se le asignan sospechosas labores de vigilancia y encargos que parecen no seguir ningún protocolo específico y que lo van llevando, de a poco, hacia un espiral de autodestrucción: “El otro lado de la vigilia es el infierno. El que ha visto a través de los ojos de un noctámbulo sabe que el mundo no es el mismo y lo que vive se trastorna, se desdobla. No puedo juzgar la oscuridad, pero sí a los que habitamos en ella”. Definitivamente es el relato “Black Mirror” de la colección.

Si te gustan autores como Philip K. Dick, Anna Starobinets (de quien se dice es la Stephen King rusa) o las historias surreales de series como Twin Peaks (David Lynch), Cuando las luces aparezcan (Paraíso Perdido) de Roberto Abad, quien crea realidades simultáneas y seres extraños que emergen de las tinieblas siderales, es el libro indicado.

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Ariel Alejo

(Xalapa, Veracruz. 1981)

Reside en Cuernavaca, Morelos. Es abogado, rocker y maestro de música de nivel preescolar.

Coordinador del proyecto “El informe bestia”, cohost e investigador del podcast El día de los bestias.

Adepto de Stephen King e Irvine Welsh, lector constante, apasionado de los temas paranormales y

seguidor de autores independientes que practican la escritura de los géneros fantásticos y del terror.

Actualmente en proceso de escritura de su primer volumen de cuentos.

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