LA SANGRE DE LA HERMANA SOL

Francisco Güemes

 

Estoy en la más lóbrega celda de los calabozos. La Hermandad me tiene aquí, lista para ser ejecutada. Sin embargo, sé que no voy a morir. La oscuridad se ahonda y me dará la fuerza necesaria para salir de este laberinto.

Conocí a María del Sol hace muchos años, en la escuela secundaria. Me impactó desde la primera vez que la vi. Elegante y esbelta, con una rizada cabellera rubia, así como unos ojos tan azules, tan puros, como no había visto otros jamás. Yo era pálida, enclenque, tenía la personalidad de un ratón.

Pese a nuestras diferencias, o quizá debido a ello, pronto nos hicimos amigas y más que eso, cómplices. Robábamos dinero cuando nuestras compañeras salían a recreo, metíamos sapos en sus mochilas, poníamos tachuelas en la silla del profesor. No obstante, con el paso de los meses, nuestras pillerías se hicieron menos inocentes. Ella sabía muy bien con cuánta admiración la había visto desde el primer día y pronto comenzó a buscar cualquier pretexto para tocar mi cuerpo. Al principio sólo era un ligero roce. No obstante, con el avance de los meses, me empezó a palpar las nalgas, las caderas, incluso los senos. Fue durante uno de estos encuentros clandestinos, los cuales celebrábamos después del entrenamiento del futbol, cuando la prefecta nos descubrió.

El castigo era inapelable: la inmediata expulsión de las dos. Yo estaba descorazonada, mis padres no me querían, no tenía a dónde ir. Lo que siguió fue aún peor. Lloriqueando como una niña de brazos, María del Sol imploró que no la expulsaran y me acusó a mí de obligarla a pecar. La prefecta le recordó al director el alto cargo del padre de mi amiga y él reconsideró su postura. Sólo yo sería expulsada.

Los años que siguieron fueron tan sombríos que casi los olvidé por completo. Dejé la escuela y vinieron las adicciones, la desesperación. Me perdí en la infinita noche de aquellos que no tienen nada por qué luchar. Estuve en hospitales psiquiátricos y clínicas de recuperación, pero al final de cuentas siempre acababa en la calle.

Fue otra marginal, Clemencia, quien me habló de esa enigmática organización fundada por una santa que obraba auténticos milagros en la vida de sus fieles, María del Sol. Ahora que lo pienso, creo que fue la curiosidad de saber si se trataba de la misma chica que hace tantos años y tantas desventuras había conocido lo que me hizo aceptar tan a la ligera la propuesta de redención ofrecida por Clemencia. Así, pues, con la cara sucia y mis exiguas pertenencias, me encomendé a La Hermandad.

La sede de la organización era un inmenso edificio blanco situado a unos pocos kilómetros de la ciudad, en medio de un espeso bosque. Las siervas eran mujeres muy atractivas, vestidas de blanco inmaculado. Tras informarnos de las reglas que debíamos seguir para salvar nuestras almas y nuestros cuerpos (alejarnos de las tentaciones, de los vicios, honrar a Dios y a las demás integrantes del culto), vino la espectacular entrada de la líder, la prístina María del Sol.

Su belleza seguía siendo deslumbrante, pero la pícara mirada que tanto me había seducido antes se hallaba ausente. Algo de robótico, de prefabricado se traslucía hasta en el más pequeño de sus gestos, de sus ademanes. No obstante, cualquier resentimiento que pudiera albergar hacia mi vieja amiga desapareció como un relámpago y lo sustituyó una invencible fascinación.

Me esmeré por ser la más esforzada. Ninguna tarea era suficientemente ardua, ningún sacrificio. No obstante, yo seguía sin conseguir el más mínimo sentimiento de simpatía de la Hermana Sol quien, quizás ante el recuerdo de sus flaquezas de antaño, se ensañaba más y más conmigo, cobrándose con sangre y humillación incluso la más leve falta.

Entretanto, descubrí que aquella mujer extraordinariamente atractiva y virtuosa no era más que la máscara de un ser espantoso. No sólo vejaba sin tregua a las siervas, sino que, amparada por poderosos personajes que la protegían, ordenaba con su dedo flamígero la muerte de aquellas que pretendían dejar la organización. “Verdad”, “Amor”, “Compasión” eran sus palabras favoritas, pero nunca vi que las pusiera en práctica.

Una noche fría, mientras restregaba mi cepillo contra el sarro de un retrete, oí un chillido que provenía de una alcantarilla. Con mucho esfuerzo levanté la superficie metálica y un instante después fui mordida por unos diminutos dientes que me hicieron proferir un alarido.

Saqué aquella cosa, un pequeño bulto membranoso. Pronto reconocí lo que era: un quiróptero chupasangre, de esos que habitan en las selvas de Sudamérica. Ya que completé la limpieza, acudí a ver a la enfermera, quien con un vendolete me cubrió la herida y desestimó la posibilidad de una infección.

Antes del mediodía, caí desplomada sobre las baldosas del centro de oración. Como castigo fui llevada a uno de los calabozos, donde pasé varias noches delirando. Creyendo que moriría, la Hermana Sol ordenó que me trasladaran de vuelta a mi cuarto y, dos noches después, cuando ya prácticamente estaba en la tumba, me visitó.

Creí engañarme cuando vi que una lágrima cristalina rodó a través de su mejilla de porcelana. Mi sorpresa aumentó cuando la virtuosa mujer se acercó a mi oído y comenzó a susurrarme “lo mucho que me había extrañado”, “lo difícil que había sido su vida sin una compañera como yo”. Ella seguía hablando, no sé en qué momento dejé de escucharla para concentrarme en la tersura de su piel, donde asomaba una venita azul. Se acercó todavía más a mí, quizá quería besarme. Entonces una fuerza inconcebible se apoderó de mi cuerpo y me abalancé sobre su cuello. Me sacié hasta el hartazgo.

Fui aprehendida y llevada de regreso al calabozo. El juicio fue sumario: “Sólo el fuego podrá purificar a este monstruo”.

La luna crece, vendrá pronto la carcelera, su sangre me dará el ánimo necesario para actuar. Estoy segura, no moriré.

«Estrellas gemelas» (Luis Ricardo Falero, 1881)

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Francisco Güemes Priego

Estudió Ciencias de la Comunicación en la UIC y cursó el diplomado en creación literaria de la SOGEM.

Tiene una novela publicada, Xiuhcóatl, La Serpiente de Fuego (Universo de Libros, 2019).

Facebook: Xiuhcóatl, La Serpiente de Fuego

Twitter: @pacoguemesp

Blog: brillodelestanque.blogspot.com

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