NIGHTMARE ALLEY

dos visiones de la misma pesadilla

 

Miguel Lupián

 

 

Cada vez que se estrena una película de Guillermo del Toro es motivo de orgullo (debería considerarse fiesta nacional); sobre todo si nos regala dos visiones de la misma pesadilla.

Por supuesto, me refiero a Nightmare Alley (2021), que se tradujo como El callejón de las almas perdidas.

Aunque ya había sido llevada al cine en 1947 por Edmund Goulding, esta adaptación le agrega la propia experiencia de Guillermo en las ferias y abreva más de la fuente original: la novela homónima de William Lindsay Gresham (1946). De hecho, se cuenta que, después de Cronos (1993), Ron Perlman le regaló el libro a Guillermo, con la intención de que él la protagonizara. Sin embargo, por diferentes razones, tuvieron que pasar casi 30 años para que pudiera llevarla a la pantalla. “¡Y qué bueno! Porque a mis 30 no hubiera podido: necesitaba más experiencia, más dolor, para contar esta historia; además, hoy más que nunca resuenan sus temas: cada vez nos cuesta más trabajo descubrir la verdad”, confiesa Guillermo. Y esto es muy importante, porque con cada película fue perfeccionando el desarrollo de personajes rotos, huecos, tan heridos que nada ni nadie puede llenar su vacío. Pensemos en Jacinto (Eduardo Noriega) en El espinazo del diablo (2001), en Vidal (Sergi López) en El laberinto del fauno (2006) o en Richard (Michael Shannon) en The Shape of Water (2017). Así, pudo entender, explorar y representar mejor a Stan (Bradley Cooper), protagonista (y alter ego de Gresham) de Nightmare Alley.

Para algunos, la película se aleja de sus temas fantásticos habituales, pero a simple vista se nota esa impronta negra, esa oscuridad y esa monstruosidad, así como las atmósferas oníricas y opresivas, presentes en toda su obra. “Siempre he sido fan de la novela negra”, apunta recordando que, antes de Cronos, quería adaptar No habrá final feliz de Paco Ignacio Taibo II (pero tristemente no se pudo).

“Con el éxito de La forma del agua tuve que tomar una decisión: o me seguía con algo similar o me arriesgaba con algo diferente”, comentó Guillermo. ¡Y ya sabemos que le gustan los retos!

A grandes rasgos, la historia (que va de finales de los 30 a inicios de los 40) nos presenta a Stan, un tipo carismático que huye de su pasado y se refugia en una feria itinerante, donde aprenderá el oficio y los trucos de sus compañeros hasta convertirse en la máxima atracción: un mentalista que buscará éxito y fama en la ciudad.

La película se divide en dos partes: la primera ocurre en la feria y la segunda, en la ciudad. Por un lado, la feria parece un lugar deshonesto y violento, pero es todo lo contrario: se rige por sus propios códigos. “Aquí a nadie le interesa quién eres ni qué hiciste, sólo no nos jodas”, le dice el mandamás Clem (Dafoe) a Stan. Esto nos lleva, al igual que en Freaks (1932) de Browning (el máximo referente en esta parte), a sentir compasión y empatía por estos aparentes monstruos que sólo buscan ganarse la vida y buscar su absolución. Por el otro, la ciudad promete sueños y esperanzas, pero está llena de espejismos y monstruos (explorada con una narrativa visual neo-noir).

Además de la gran capacidad narrativa de Guillermo (que incorpora de forma natural elementos psicológicos y espiritistas y que logra reflejar la tensión que se vive por el inminente estallido de la segunda guerra mundial) y de las maravillosas actuaciones de todo el reparto (Bradley Cooper, Cate Blanchett, Rooney Mara, Toni Collette, Willem Dafoe, Richard Jenkins, David Strathairn, Mark Povinelli, Ron Perlman, Holt McCallany), sobresalen los departamentos de diseño de producción, vestuario y cinematografía (todos, junto a “mejor película”, nominados a los premios Oscar 2022).

Tamara Deverell, quien fue directora de arte en Mimic (1997), reunió una gran cantidad de referencias sobre la imaginería de las ferias y el Art déco (tanto las atracciones de la feria como el consultorio de la doctora Lillith (Blanchett) son espectaculares), estudió las películas de los 20, 30 y 40, sobre todo el trabajo de Cedric Gibbons (el más famoso director de arte en el Hollywood clásico) y Fritz Lang (Metrópolis, M el maldito, Dr. Mabuse, etc.), y se inspiró en las pinturas de Wyeth, Hammershoi y Hopper para crear una paleta especial de figuras y texturas.

Christina´s World (Wyeth, 1948)

Luis Sequeira, diseñador de vestuario en The Shape of Water (2017), apunta que primero se dedicó al vestuario de la ciudad: magníficos vestidos de terciopelo y trajes sastre para la Dra. Lillith (Blanchett), así como ropa masculina, impecable y ajustada, para Stan (Cooper), que diseñó apoyado de bocetos parisinos de los 30 que había recopilado durante años; también, que recorrió mercadillos y tiendas de anticuario de toda Europa buscando piezas únicas. En cuanto al vestuario de la feria, se requirió un largo proceso de envejecimiento de cueros y telas para darles una textura de desgaste; y, como había muchas escenas de lluvia, tuvo que tener listas varias “mudas”. Al final, se necesitaron 241 cambios de vestuario. Su trabajo en The Shape of Water le mereció ser nominado en los premio Oscar 2018.

Dan Laustsen, cinematógrafo de Mimic (1997), Crimson Peak (2015) y The Shape of Water (2017), utilizó una paleta de colores sepia con detalles vibrantes que invitan a la ensoñación, pero dándole protagonismo a las sombras (“no le temas a la oscuridad” es su lema), bajó los techos de los sets, tanto para crear atmósferas opresivas como para que la cámara se moviera “como un niño curioso”, y creó planos profundos, donde al fondo siempre está pasando algo. Su trabajo en The Shape of Water le mereció ser nominado en los premio Oscar 2018.

 

Desde un inicio se decidió que sería una película a color, pero la oscuridad de ciertas escenas llevó a Guillermo a imaginar cómo se vería toda en blanco y negro… Así que decidieron sacarla bajo el título Nightmare Alley: Visions in Darkness and Light. “Pero no sólo fue apretar un botón”, apunta Dan, “tuvimos que trabajar con el metraje original y ajustar cuidadosamente el color en cada uno de los fotogramas”.

Aunque la historia sigue siendo la misma, nuestra percepción cambia: se siente más opresiva, decadente, pesimista; las sombras se apoderan de todo, acentuando los rasgos maléficos de los protagonistas. En definitiva es otra película.

Al final (por cuestiones de edad, supongo), Ron Perlman no pudo protagonizarla, pero le dio vida a un personaje entrañable: Bruno, la figura paterna de Molly (Mara), y siempre le estaremos agradecidos por poner en las manos de Guillermo esa “extraña” novela.

No les contaré sobre las pistas que se van revelando, de sus símbolos (como la constante presencia de círculos, ojos y espejos) o de sus guiños (easter eggs) para no arruinarles el final, pero sí los conmino a que vayan al cine* y vivan la experiencia de estas dos visiones de la misma pesadilla.

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*La Cineteca Nacional exhibe ambas.

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Notas:

CherryPicks – Diving into Deco: How Tamara Deverell Designed the World of “Nightmare Alley” (thecherrypicks.com)

Don’t Be Afraid of the Dark(ness): Guillermo del Toro and Dan Laustsen’s “Nightmare Alley” – NAB Amplify (nabshow.com)

‘Nightmare Alley’ Cinematographer Says Black and White Re-Release Is ‘Another Movie’ (thewrap.com)

“Nightmare Alley”: 242 Costume Changes, One Production Shut Down and an All-Star Cast (Grazia Magazine)

 

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Miguel Antonio Lupián Soto

Ex alumno de la Universidad de Miskatonic, feligrés de la iglesia Cthulhiana y devoto de San Lemmy.

Director de Penumbria.

mortinatos.blogspot.mx

@mortinatos

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