REINA DEL GRITO

analizar el miedo

 

Amaranta Castro

 

¿Cuáles son nuestras estrategias para convivir o enfrentar el miedo? En mi caso, cada vez que tengo un mal presentimiento me gusta imaginar que mi mano se extiende hasta tocar la corteza del algún árbol cercano. A esto se le llama pensamiento mágico, el cual (de manera muy breve) cumple con una función de supervivencia al mismo tiempo que nos da la sensación de poder controlar ciertas situaciones. Por eso cuando leí el libro Reina del grito (Blackie Books, 2020) —de la autora, periodista y crítica de cine Desirée de Fez— no tardé en encontrarme a mí misma en su libro. Ella no repara en ocultar que este pensamiento mágico la ha acompañado a la manera de un amuleto que le brinda protección. Sé que también me he sentido así. Reconozco que este miedo se vincula de manera particular con mi experiencia de ser mujer. Para mí, este pensamiento mágico es una estrategia para calmar la ansiedad ante ciertas situaciones a veces irrelevantes y que hasta pueden provocar risa. Pero esta estrategia para lidiar con el temor no elimina de ninguna manera ese “miedo que esta ahí, que permanece aún en la tranquilidad”. Ese miedo con el que se convive día a día, el que se mimetiza con nuestro ambiente hasta que dejamos de notar de manera aparente su presencia. Un miedo que se convierte en algo tan natural y que se instala en nuestras vidas como una advertencia que puede permanecer entre paréntesis, pero que de alguna manera vuelve a ponerse en marcha.

En este ensayo autobiográfico, la autora nombra y analiza la particularidad de los miedos de las mujeres entrelazando sus experiencias y anécdotas como crítica de cine e integrante del jurado del festival de Sitges en Cataluña. Convivimos con la interioridad de sus recuerdos relacionado con sus miedos personales y amplias referencias a películas de terror. Así nos describe, por ejemplo, la atmósfera de ciertos eventos que buscaron anular su crítica, la cual se distingue por debatir aquellas películas de terror de las que ya se tiene una opinión uniforme y que parecería un sacrilegio cuestionar. Pero es esta crítica la que desarticula esa manera monótona y obsoleta de representar a las protagonistas femeninas en el cine de terror.

A través de este trabajo de exploración se valida y visibiliza la cotidianidad del cuerpo femenino, la experiencia del cuerpo que menstrúa, el miedo a envejecer sin reducir esta ansiedad a una mera cuestión estética, pues se centra en esos verdaderos cambios no sólo físicos sino también mentales que nos causan incertidumbre. Esos cambios que detonan que los demás nos den opiniones y sugerencias acerca de nuestro comportamiento y nuestro cuerpo (sin haberlas pedido). Desirée de Fez, con humor muy agudo, nos advierte que estas transformaciones están más cerca de la perplejidad del protagonista de La mosca (1986) al advertir su mutación que “de la mujer madura en ropa interior que se observa orgullosa en el espejo”.

Desirée de Fez

El libro funciona como un recorrido del cine de terror femenino a través de sus protagonistas, la línea argumental de las películas analizadas o de las directoras nombradas. Así, películas como Carrie (1976) o Ginger Snaps (2000) manifiestan ese miedo a los cambios físicos y mentales propios de una adolescente, y al mismo tiempo la ansiedad de ser un cuerpo extraño señalado por los demás.

Algunos miedos se sienten más cerca, como refiere De Fez, cuando tienes esa sensación de que serás humillada por tu aspecto o incluso a ser agredida sexualmente, situaciones que distan de otros temores, pues “los miedos prestados siempre son más llevaderos que los propios”. Y en ese sentido el ensayo autobiográfico de Desirée me hizo reafirmar que el miedo más fuerte no siempre es el miedo a lo desconocido.

La autora es clara en referir que su crítica va dirigida a desarmar las interpretaciones únicas del cine de terror. En una industria mayoritariamente masculina que anula o desplaza la crítica femenina de dicho género cinematográfico, la autora reivindica el cine de terror creado por mujeres a través de las numerosas lecturas que pueden hacerse de algunas películas como: La posesión (1981), cuyo argumento va de la violencia de las relaciones interpersonales, el deseo femenino o la necesidad de dominación, por mencionar sólo algunos de sus elementos. En este sentido, me parece que la referencia a esa extraña criatura sanguinolenta y deforme con la que la protagonista tiene sexo en la película es un recurso que la autora nombra de manera precisa para señalar esta lectura acerca de la violencia física y psicológica.

En cuanto a la La semilla del diablo (1968), se expone el tema de la oscuridad de la maternidad, la desconfianza ante el saber maternar, la manera intrusiva en que las personas opinan acerca de lo que una madre puede o no hacer.

En Una chica regresa a casa sola de noche (2014) el miedo es muy claro, como bien refiere Desirée De Fez, la directora Ana Lily Amirpour supo subvertir dicho miedo a través de la protagonista, quien a su vez es una especie de justiciera. Es ella la que mira, la que elige.

En el caso de El exorcista (1973) se advierten nuevamente los miedos a fracasar en la maternidad, a la imposibilidad de ser escuchada en una situación en donde todos (médicos, sacerdotes) eligen por ella. Y es que es muy común que cuando se habla de esta película casi siempre se mencionen sus partes más perturbadoras (y no se niega el efecto inquietante de estas escenas), pero cuando la lectura parte de un análisis de los miedos femeninos se puede ir más allá de estos elementos y dirigir la mirada hacia esos miedos reales y cotidianos, como la manera en la que Chris (la madre de Regan) es esa mujer independiente que de alguna manera es frenada o castigada por estar ausente de casa. En este sentido, la autora nos invita a cuestionar las representaciones de la mujer particularmente en este género, pues “no hay una única manera de acercarse al cine de terror”. Estos nuevos análisis permitirían observar una evolución al respecto de estos personajes femeninos de terror, que los apartan de interpretaciones más lejanas y abstractas, como refiere Desirée. Interpretaciones que desestiman la potencialidad femenina, su autonomía, que las convierten únicamente en víctimas y sin autenticidad en algunos casos porque los análisis superficiales no advierten otras lecturas.

La narrativa cinematográfica de directoras como Jennifer Kent, Alice Lowe, Julia Ducornau, Issa López, Karyn Kusama (por mencionar sólo algunos nombres) se formula desde la intimidad, desde la fragilidad pero a manera de una fuerza que resiste y desafía al miedo. No se trata de asumir que el temor siga siendo un elemento más del orden natural de las cosas, sino de mostrarlo, reconocerlo, desarmar su estructura. Ante este horizonte, la autora se cuestiona: “¿Cómo te defines cuando la mayoría de tus referentes son hombres? Antes, como podía; ahora, siendo súper consciente del terror contemporáneo hecho por mujeres y volviendo de manera continua atrás en busca de todo lo que se me escapó, persiguiendo el canon que pudo ser y no fue”. En este sentido, a partir del análisis de la película Jóvenes brujas (1996), la autora vuelve a la película para retomar una idea fundamental: “grupos de mujeres unidos por su atracción hacia lo oscuro, lo sobrenatural, lo desconocido”.

Me parece que la idea de la amistad y la lealtad está más actualizada en la película Fresh (2022) de Mimi Cave. Una película de terror que manifiesta la violencia simbólica hacia las mujeres, así como la gravedad del problema de la desaparición de mujeres y el tráfico de sus cuerpos, entre otros temas de violencia normalizada.

Si bien la mirada de algunos directores de cine de terror estaba puesta —en ocasiones— en mostrar el dolor de las mujeres, como refiere la autora, el cine contemporáneo de terror destaca la manera en que las mujeres se enfrentan a sus miedos y resignifican su protagonismo alejándolo de una posición de víctima, de prejuicios o de argumentos inactuales que las anulan o revictimizan. En este sentido se puede retomar la idea que Barbara Zecchi plantea en su libro La pantalla sexuada (2014) respecto a la representación de la violencia en el cine. Para Zecchi es necesario apartar la identificación del público con la mirada hegemónica patriarcal.

Esa nueva mirada es lo que las propuestas de las directoras de cine de terror contemporáneo brindan en sus planteamientos narrativos. Por otra parte, también pueden mencionarse las aportaciones de Sara Torres y Pilar Pedraza (incluiría también a Mariana Enríquez) respecto a sus conocimientos rigurosos y críticas acerca de la narrativa y el cine de terror en estereotipos como la femme fatale, entre otros.

Por otra parte, hay algo de nostalgia al leer el libro Reinas del grito al recordar los videoclubs de los años ochenta y noventa. El terror va unido también a los recuerdos de estos espacios controversiales, en los que podíamos encontrar numerosos filmes del género. Recuerdo particularmente las imágenes representativas de películas como Cujo (1983), Poltergeist (1982) y Pesadilla en la calle Elm (1984). En estos filmes, como en muchos otros, las protagonistas nos advierten de esa relación originaria entre el terror y las mujeres, que Desirée de Fez problematiza de manera inteligente e ingeniosa.

Finalmente me quedo con la idea de dos mudanzas o encarnaciones (como las nombra Desirée) de los personajes femeninos en el género de terror: la llamada scream queen, que es aquella que “detiene la acción y se vuelve protagonista aunque sea por unos segundos” y el término final girl, que la autora retoma de Carol J. Clover, quien llamó así al personaje femenino que sobrevive hasta el final de una película de terror.

Y aunque esta reseña no basta para agotar el tema, rescato la idea que nos convocan a oponernos a ser sólo las sobrevivientes. Las nuevas representaciones de este cine nos proponen explorar otro matiz de la sensibilidad del terror, que no se esconde bajo justificaciones estéticas y que cuestiona la perpetuación de los estereotipos femeninos, los roles de género o la violencia sistemática hacia las mujeres.

 

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Amaranta Castro

Estudió Estética y Filosofía del Arte. Cursó el diplomado en Creación literaria en la Escuela de Escritores SOGEM. Primer lugar en la categoría de Poesía en el 10º Festival Internacional de Escritores y Literatura, San Miguel de Allende, Guanajuato (2015). Ha publicado en diversas revistas y periódicos nacionales. Fue becaria del programa de Innovación artística (IMACP, 2018) con el libro Voces de los árboles. Recientemente algunas de sus poesías fueron seleccionadas en el libro de escritoras contemporáneas mexicanas Romper con la palabra. Estudia Lingüística y Literatura Hispánica.

IG: @_amantine_

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