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STRANGER MOMS

MATERNIDAD SUBVERSIVA EN STRANGER THINGS

Miriam Gálvez Mancera

 

Para Andrea Madrueño y Aitana, Addy Sanz e Indajani, Laura Moreno y Regina.

Especialmente, a Alejandra Rocas, quien fue mami de Gaspar en 2024,

y a Nayelli Libertad, porque en 2025 tuvo la valentía y el coraje para dejar trascender a su hijo Diego a otro plano.

Y a ti, mi amada Galatea.

 

I’m hungry, I’m dirty

I’m losin’ my mind, but everything’s fine!

I’m freezin’, I’m starvin’

I’m bleedin’ to death, but everything’s fine!

“Mother Mother”, Tracy Bonham (1996)

 

 

¿Qué tienen en común Winona Ryder y Cara Buono? Más allá de compartir créditos en Stranger Things, ambas encarnan la compleja deconstrucción del arquetipo materno en la ficción de género. Ellas no son simples decorados domésticos ni meras procreadoras de Will, Mike, Nancy o Holly; son la primera y última línea de defensa.

En 2016, esta serie llegó a mi vida no sólo como fenómeno pop, sino a manera de puente generacional con el cual mi hija Galatea y yo conectamos profundamente con la música y referencias cinematográficas (It, The Thing, A Nightmare on Elm Street, etcétera). Más allá de la parafernalia, fue el pretexto perfecto para forjar y endulzar su oído y mirada. Conforme la trama avanzaba, entre episodio y episodio, Kate Bush dejó de ser simple sonido de fondo o el soundtrack del programa para convertirse en el himno de resistencia con «Running Up That Hill». La polifonía de Toto, The Police, Joy Division o John Coltrane pasó de la radio de mi juventud a nuestra lista en común. Fue ahí, entre la complejidad de lo que quería compartir y los sintetizadores ochenteros que ella descubría, el lugar donde nos reconocimos en esos vínculos feroces e íntimos.

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Karen & Joyce

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LA EVOLUCIÓN DE LA “MAMÁ MONSTRUO”

Joyce Byers (Ryder) y Karen Wheeler (Buono) representan la maternidad monstruosa y subversiva. No por maldad, sino por la capacidad visceral de transformarse en algo temible cuando los críos se encuentran en peligro.

JOYCE BYERS

Desde la primera temporada, rompió el molde. Fue tildada de histérica y psicótica (el viejo truco ancestral), pero su “desequilibrio” era en realidad intuición materna amplificada. Joyce descuartizó su propia casa, desafió a la física y al gobierno. Nos enseñó que una madre no necesita superpoderes, sino un hacha y la voluntad inquebrantable de cruzar al inframundo para traer a su hijo de vuelta.

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KAREN WHEELER

A menudo subestimada, su arco fue explosión en la temporada final. Karen ha sido el ancla de realidad, pero bajo esa fachada de ama de casa conservadora, late una protectora en potencia. Su subversión radica en mantener la estructura mientras el mundo se cae a pedazos; al final empuñó su propia fuerza, no desde la cena servida o el quehacer doméstico, sino desde la fortificación activa.

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La socióloga Coral Herrera describe la maternidad subversiva como:

“una práctica política que desafía directamente la institución patriarcal de la madre abnegada y aislada, haciendo de las redes de cuidado colectivo el hallazgo más atractivo y disruptivo”.

Este enfoque transforma una función históricamente feminizada y desvalorizada en una estrategia de apoyo mutuo y emancipación (1).

En Stranger Things la maternidad es abyecta porque, como teorizó Kristeva (1982), representa aquello “que perturba un orden, un sistema o una identidad”. Por tanto, en su épica, Karen y Joyce, al no cumplir con el ideal romántico que la sociedad exige, son castigadas simbólicamente en lo fantástico, demostrando que la composición de la narrativa literaria o cinematográfica refleja la presión social, pero esta vez ellas desafían el conformismo y al propio sistema.

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EL FINAL: LA VINDICACIÓN

La última temporada de Stranger Things no debe tratarse sólo de vencer a Vecna. Para mí, la verdadera importancia y el significado de la propia historia radica en cerrar el círculo de estas mujeres.

Ver la culminación de esa maternidad monstruosa —féminas potentes que, lejos del papel de “inmaculadas”, se manchan las manos, gritan y pelean desde la convicción— movió en mi ser fibras íntimas. Mujeres cuyos hijos no sólo son protegidos, sino el verdadero catalizador que saca a flote su lado más primitivo y salvaje de una manera que se siente en las entrañas.

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Estoy profundamente inspirada como madre y entiendo esa pulsión. Imperfectas por naturaleza, seremos juzgadas a perpetuidad (incluso por quienes creen conocer nuestra realidad por la cotidianidad cercana y piensan que la crianza, las habilidades y sobre todo la compasión de la vida se pueden aprender en un tutorial de YouTube o DIY For Dummies y ofrecen opiniones vacías sin apoyos reales). Aunque autodidactas, las que hemos concebido haríamos ese pacto con alguna “fuerza superior” a la que refiere Kate Bush: cambiaríamos de lugar con ellos sin dudarlo, recibiríamos el golpe, el dolor y el terror no como poltergeist sobrenatural, sino como esa herramienta que guarda nuestros miedos más intrínsecos en lo colectivo.

Porque al final, en el Upside Down o en la vida real, somos capaces de dar la vida (literal y metafóricamente) para que nuestros hijos sean salvados. Esa es la verdadera historia de terror y amor: la madre que se vuelve “monstruo” para devorar a los monstruos que acechan a sus hijos.

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(1) Herrera Gómez, C. (2021, 15 de diciembre). “El feminismo de la renta básica universal, las mujeres y el amor”. Pikara Magazine.

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Miriam Gálvez Mancera

SuperHeroína coyoacanense. Bakeadicta. Cazadora de imágenes.

Pesadilla, malestar creado por la mente enferma de algún noctámbulo en insomnio desesperado.

Fundadora de The Junkie Cinema Club y colaboradora de Fantasmagoría: festival de cine fantástico y de terror de Medellín.

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