LA SANGRE GRANA DE LOS GRIMM
Roberto Carlos Garnica
Los cuentos tradicionales, como los recopilados por Giambattista Basile, Charles Perrault, Aleksandr Afanásiev o los hermanos Grimm, no son obra de un individuo, fueron modelados, a lo largo de los siglos, por el espíritu del pueblo (Volksgeist) y, aún después de su escritura, se siguen transformando.
En La sangre grana de los Grimm nos asomamos a algunas de esas viejas historias tal y como Jacob y Wilhelm las presentaron en Kinder – und Hausmärchen (Cuentos de la infancia y del hogar). Sin embargo, orientaremos nuestra lente hacia sus rasgos fantásticos, tenebrosos y sangrientos.
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En esta primera entrega hablaremos de:
CENICIENTA
LA MUCHACHA DEL ROSTRO CUBIERTO DE CENIZA
La historia inicia con la muerte de una madre quien, con su último aliento, le pide a Cenicienta: «Querida hijita, sé buena y piadosa, así te ayudará siempre Dios y yo desde el cielo te cuidaré y estaré contigo» (Grimm, 2022, p. 204). Su padre se casa con otra mujer y ésta, junto con sus dos hijas, la maltrata y la obliga a «trabajar duramente de la mañana a la noche, levantarse temprano, acarrear agua, encender el fuego, guisar y lavar» (Grimm, 2022, p. 205). Un día, el rey organiza una fiesta para encontrarle esposa a su hijo. Y, a pesar de que la madrastra se lo prohíbe, Cenicienta va al baile, conoce al príncipe, se enamoran y todo termina en feliz boda.
Este cuento de hadas contiene, por supuesto, elementos fantásticos. En él vemos, por ejemplo, que Cenicienta planta un tallito de avellano en la tumba de su madre y éste crece al contacto de sus lágrimas. En la copa de ese hermoso árbol se posa un pajarillo blanco, que le obsequia vestidos hermosos y zapatillas de oro; unas tortolitas la ayudan a separar las lentejas malas de las buenas; unas palomas advierten al príncipe que se está llevando a la muchacha equivocada: «Curru, curru, curru, curru […], el zapato es muy pequeño y la novia sigue en casa». (Grimm, 2022, p. 211)
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Así narrado, este relato tiene la figura de un bonito cuento infantil con happy ending, pero también posee rasgos turbios y sangrientos que lo hacen más complejo y memorable que las edulcoradas versiones modernas.
La muerte está presente desde las primeras líneas (se trata, además, de la muerte de la madre amada) y Cenicienta, cuyo nombre real no conocemos (1), va al cementerio a llorar todos los días. Más adelante, cuando el príncipe busca a la dueña de la zapatilla de oro que se quedó pegada en la escalera del palacio (2), una hermanastra se rebana el dedo gordo y la otra el tobillo, pues tienen el firme objetivo de casarse con el príncipe.
Pero reproduzcamos de manera textual dichas escenas, pues poseen una impactante crudeza:
La mayor se llevó el zapato a la habitación y quiso probárselo […]. Pero no consiguió meter el dedo gordo […]. Entonces, la madre le acercó un cuchillo y dijo:
—Córtate el dedo. Cuando seas reina, no necesitarás ir más a pie.
La muchacha se cortó el dedo, metió a la fuerza el pie en el zapato, apretó los dientes dominando el dolor y salió a ver al hijo del rey. (Grimm, 2022, p. 211)
Cuando la segunda hermanastra se probó la zapatilla:
El dedo gordo le cabía, pero el talón era demasiado grande. La madre le alcanzó un cuchillo y dijo:
—Córtate un trozo de talón. Cuando seas reina, no necesitarás ir más a pie.
La muchacha se rebanó un trozo de talón, metió el pie a duras penas en el zapato, apretó los dientes dominando el dolor y salió junto al hijo del rey. (Grimm, 2022, p. 211-212)
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Incluso se describe que el príncipe confirma la farsa, pues, al mirar el pie, se da cuenta de que abundante sangre brota de la zapatilla y mancha de rojo las medias blancas.
Y, como cereza del pastel, en el atrio de la iglesia donde Cenicienta y el príncipe celebran su feliz enlace, dos palomas les arrancan los ojos a las hermanastras, que «así fueron castigadas a quedarse ciegas durante toda su vida, por malas y falsas». (Grimm, 2022, p. 213)
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No es extraño que un texto que fue escrito hace más de doscientos años y que tiene raíces milenarias, presente matices patriarcales, racistas y recurra a imágenes terroríficas y sangrientas que hoy se consideran impropias para el público infantil. No lo justifico, pero tampoco creo que haya que sepultar aquellos relatos. Considero que vale la pena volver a las fuentes y reconocer que cuentos como “La Cenicienta” de los Grimm combinan, en exquisita complejidad y profundidad simbólica, la muerte de la madre amada y árboles hermosos que crecen con nuestras lágrimas, muchachas que se cercenan un pedazo de pie y pajarillos que cumplen deseos, palomas que te sacan los ojos y tortolitas que ayudan a superar pruebas.
La vida de los cuentos, como la muchacha cuyo nombre se ha olvidado, palpita detrás de la máscara cenicienta.
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1) Sólo sabemos que sus hermanastras, “hermosas y blancas de cutis, pero repugnantes y negras de corazón” (Grimm, 2022, p. 204), la apodaron así porque dormía en el suelo de la cocina, sobre la ceniza, y siempre estaba sucia y llena de polvo.
2) El príncipe embadurnó la escalera con brea para retener de alguna manera a Cenicienta, quien ya se había escapado las dos noches anteriores.
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AQUÍ puedes leer «La Cenicienta».
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Referencias
Grimm, J. y Grimm, W. (2022), Cuentos completos 1, Alianza editorial.
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Roberto Carlos Garnica
Filósofo, antropólogo, historiador, escritor y narrador oral.
Pertenece al Gran Colisionador de Textos Especulativos.
Ha publicado relatos en Penumbria, Fanzine Delfos, Lengua de diablo y Letras Insomnes, así como en las antologías En Mundos Nuevos y El laberinto de lo inhumano de Editorial Estigma. Es columnista en Penumbria y en Colectivo Delfos. Aquí puedes leer su columna dedicada a Lovecraft.
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