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NUNCA ESTARÁS SOLA

FANTASÍA OSCURA DE MACEDONIA DEL NORTE

Juan Manuel Díaz

 

Para quien ha leído esta columna, sabrá que uno de mis intereses —por no llamarle obsesiones— es el cine de espacios post soviético. Basta con ver las entradas sobre cyberpunk ruso y cyberpunk kazajo para dar cuenta de ello (tal vez ya va siendo tiempo para hablar del cyberpunk mexicano). Lo anterior, aunado a mis insistencias sobre producciones audiovisuales como formas de retrato social, pues genera (lo que ha sido una forma de hermenéutica visual) un trabajo que vincula lo audiovisual con las inquietudes que subyacen a las colectividades que lo produjeron. Todo esto da como resultado una forma de lectura sobre la ciencia ficción, la fantasía y el terror como documento tanto histórico como social. De ahí que me he preocupado por hacer breves comentarios sobre cintas que, me parece, reflejan las condiciones materiales de sus sociedades. En el artículo anterior escribí sobre Weapons como cinta que interpreta visualmente las ansiedades sobre la violencia ligada a armas en contextos escolares y particularmente cuando niños o adolescentes se convierten en armas al disparar a sus compañeros y maestros.

Ahora, siguiendo la misma lógica sobre el horror y la fantasía como expresiones sociales, llego a un nuevo espacio postsoviético: Macedonia del Norte (1). Aunque si bien no formó directamente parte de la Unión Soviética, el país integraba Yugoslavia y, por lo tanto, pertenecía al bloque soviético en Europa del Este.

La cinta por tratar es You Won’t Be Alone de 2022 del macedonio-australiano Goran Stolevski y filmada en Macedonia del Norte. Aunque se comercializó como una cinta de terror, en realidad es una película más en el terreno de la fantasía oscura: durante el siglo XIX, en Macedonia del Norte, una bruja entra a la casa de una mujer que vive en el bosque para devorar a su bebé. La madre hace un trato con la bruja: si permite que la niña sobreviva, se la entregará a los 16 años. La bruja acepta y, para sellar el trato, le roba la voz a la niña. La bebé, de nombre Nevena, crece muda y a los 16 es entregada a la bruja, quien le enseña su forma de sobrevivir, el cambiar de cuerpo y de forma (desde animales hasta otras personas). Nevena experimenta el mundo y las relaciones humanas en cuerpos ajenos que va tomando a lo largo de la historia. Además, está la tensa relación con María, la bruja que funge como madre adoptiva.

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Aquí debo hacer una aclaración: en realidad el término bruja es una traducción occidental de una figura folclórica de los Balcanes: la volkojatka o vrikolakas (para usar el término griego más conocido). La figura es representada en la mayoría de las ocasiones como una mujer no muerta e inmortal, con garras en manos y pies, que puede adquirir la forma de quienes devora. En algunas regiones, la vrikolakas sólo devora el hígado para mantenerse viva. De cualquier forma, la creatura está emparentada con los vampiros e inclusive con hombres lobos, y es que el término volkojatka en macedonio significa “devorador de lobos”; en este caso, “devoradora de lobos”. El arquetipo de bruja no llega a dar cuenta por lo que presenta en la pantalla ni en el fondo simbólico de los personajes. En el fondo está una dicotomía: las relaciones humanas dañan y es mejor vivir como bestia. Inclusive Maria se lo dice a Nevena: nada bueno saldrá de acercarse a los humanos. Ellas mismas dejaron de serlo.

La forma de construir a Maria y Nevena como personajes incluyen el elemento constitutivo de la devoración como relación de existencia. De ahí que no puedan habitar como humanos y deban mantenerse al margen, o al menos eso es la postulación de Maria, aunque Nevena apuesta por el intento de construir relaciones con ellos. Esto nos recuerda a la condición psicoanalítica: se devora a quien se ama. El amor como acto mismo de comer al otro. La construcción arquetípica implica una bestialidad en los personajes. Nevena y Maria tienen garras y espolón que salen de las palmas de sus manos. Comen carne cruda y cazan animales. La sangre forma un elemento simbólico y estilístico en diferentes escenas, por lo que podríamos pensar que hay cierto abandono de la humanidad por una condición bestial.

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Espero que el lector no crea que caigo en alguna de las siguientes dos cosas: que psicoanalizo a la película como un mero reflejo maquínico del director o guionista, o que la película es un mero reflejo de lo histórico y social. Por el contrario, una película (o cualquier creación audiovisual) es una forma de interpretar las condiciones materiales, históricas y sociales de su contexto. Es decir, vemos una forma de interpretar la vida o el mundo no sólo del director sino de toda la comunidad involucrada en crear la cinta.

Lo anterior para decir que lo que escribo es una interpretación de una interpretación. Dicho de otra forma: es una segunda lectura de una primera lectura del mundo. ¿Cuál es esa lectura primera? Creo que habla de la condición de vivir sin voz y de habitar unos cuerpos que no son los tuyos. Si bien puede haber una lectura trans en esta argumentación, más bien pienso en el drama de las personas migrantes y particularmente la disolución de la identidad, como en el caso de la fragmentación de Yugoslavia —uno de los paises más grandes de Europa en su momento— en seis repúblicas, entre ellas Macedonia del Norte. De pronto, tanto migrantes como personas cuyo país se ha transformado o hasta disuelto, terminan por habitar diferentes pieles que, probablemente, no hubieran escogido de primera mano. Nevena conoce el mundo no en su propio cuerpo, sino tamizado y filtrado por medio de otros cuerpos con sus propias memorias y experiencias previas, particularmente el cuerpo de una joven llamada Bosilka. Nevena asume la vida de Bosilka y experimenta las relaciones más básicas que constituyen la experiencia humana. De ahí la promesa del título: si habitas estos cuerpos impuestos e impostados, nunca estarás sola. Siempre habrá una conexión humana que habitar, pero ¿a costa de qué? De nunca caminar con tu propia piel, parece ser. Y es aquí que vemos a la piel como membrana de posibilidad de contacto y el límite entre el mundo y uno mismo. Un migrante o una persona trans siempre habitan esa frontera de forma violenta porque el mundo no se acopla a sus verdaderas formas. Parece ser que, como comunidades, nos empeñamos a decirlas estas personas: tendrás que usar el disfraz que imponemos a cambio de vivir cualquier relación humana.

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La cinta es una recolección de capítulos de desilusión una vez que se descubre la naturaleza de Nevena y la sentencia es clara: nunca pertenecerás por una condición inherente (ser una creatura inmortal que roba cuerpos), pero además por la forma en que se te enseñó sobrevivir. Al final, Nevena sí encuentra un lazo verdadero y puede formar una familia, aunque dura poco y termina resolviéndose de una manera un tanto trágica. No discutiré a detalle el final, pero creo que hay un elemento de redención para Nevena y casi una promesa para decir si habrá quienes te acepten en tu propia piel.

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(1) No confundir con Macedonia, provincia griega que colinda con el país en cuestión.

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Juan Manuel Diaz de la Torre

Nací en la Ciudad de México un 11 de octubre de 1985.

Ese día fue viernes y debí nacer a las 6 de la mañana, pero llegué hasta las 8.

Tal vez por eso me gustan los viernes y dormir hasta tarde.

Soy escritor de poesía, cuento, novela y viñeta, aunque mi trabajo diurno es ser profesor e investigador.

En realidad, creo que mi chamba es comunicar: sin importar que sea una reflexión en forma de cuento, un análisis de una película o algún apunte sociológico, lo único que hago es comunicar.

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