Bitácora de Navegación del Nautilus 2

¿DÓNDE VAMOS A ESTAR EL DÍA DESPUÉS DE MAÑANA?

 

Marina Ortiz

 

Las ciudades son símbolos. Como signo: los edificios, las calles, las luces, el metro, los camiones, el tianguis, la multitud; como significado: el progreso, el individualismo, el esfuerzo, la cultura y el futuro. Sin embargo, anterior a cualquier asentamiento estaba el espacio en sí mismo. Piedras, montañas, mar, lluvia, sol, cañones, colinas, cascadas, ríos, ecosistemas y viento. Así como nos fascinan las ciudades, también nos fascina la naturaleza y el cosmos, su contraargumento. En Heterocósmica (1998), el teórico literario Lubomír Doležel dice que la naturaleza se define porque carece de motivación e intensión. No es como nosotros, que tenemos narrativas más o menos claras de quiénes somos, o tenemos voluntad e ideología. Doležel la llama Fuerza-N, porque su presencia (narrativa) se puede identificar y describir como una mera magnitud que produce un cambio. Decimos “la fuerza de la naturaleza” para referir a un suceso de escala mítica, pero sin dioses. Una especie de anti-voluntad y anti-narrativa. Eventos sin rostro ni voz. Espacio que sólo es espacio, ni símbolo ni significante. Somos nosotros los que pretendemos encontrar un mensaje oculto en las nubes. Queremos volver al mundo lenguaje para poder leerlo y entenderlo.

En la ficción, el género del “desastre” aborda este tema, no siempre con la misma seriedad o fineza que la filosofía o teología. Antesala de lo post-apocalíptico, diverso y con una presencia icónica en el cine: catástrofes naturales como Twister (1996), invasiones como Independence Day (1996) o accidentes de la gran manufactura como Titanic (1997). Las que más me gustan son las de desastres naturales, y hay una película que veo todos los años sin falta: The Day After Tomorrow (2004). Me divierte y cautiva: su mensaje ecológico, los individuos valerosos frente a la adversidad, la progresión de eventos, el final feliz y ese espacio que recobra su presencia total como Fuerza-N. Estas historias me atraen porque me recuerdan que el mundo es inmensamente más poderoso que yo y al suelo le subyace una fuerza indomable e incalculable. Peligro latente de reapropiación del espacio in-inteligible. No hay nada que descifrar en la lluvia.

Imaginarse el fin del mundo no es nada nuevo ni es exclusivo a ninguna cultura. Y países como México parecen peligrar al borde de un colapso que nunca llega, que nuestros autores se encargan de imaginar realizado. En su ensayo “El DF en tono apocalíptico. La literatura mexicana de ciencia ficción y la Ciudad de México” (2012), Itala Schmelz, académica y directora del Centro de la Imagen de la Ciudad de México, menciona a Carlos Monsiváis, Gonzalo Martré, José Emilio Pacheco, Ignacio Padilla, Mauricio Molina y César Rojas; también está la antología de Bernardo Fernández “BEF” Escenarios para el fin del mundo (2015). En su mayoría persiste un tono pesimista, de lamento, de crítica y resignación bienvenida.

Sin embargo, hay una perspectiva diferente, más afín a The Day After Tomorrow. En Ansibles, perfiladores y otras máquinas de ingenio (2020), de Andrea Chapela, se encuentra “Como quien oye llover”. Trata sobre una inundación de la Ciudad de México, o más bien de una recuperación del espacio de la urbe por una inundación. Se narra con tanta gentileza que al leer no sentí tristeza por la pérdida —cabe decir que mi apreciación singular por la lluvia tiene que ver con su escasez, progresiva además, en Monterrey. Aún hay ciudad, pero ha cambiado. Ahora sus calles son de agua y los edificios viven semi-hundidos en la casi omnipresente lluvia. Las condiciones climatológicas provocaron un desplazamiento forzado, como ya sucede hoy en todo el mundo, pero el espacio no se vacío de presencia humana. Los que decidieron permanecer, o que no pudieron irse, habitan los pisos superiores de los rascacielos o a las orillas de los cerros, se trasladan en trajineras y botes, y reconstruyeron su sociedad con una red de chinampas. Veo resiliencia y esperanza más allá de la supervivencia urgente típica del “desastre”, o la hostilidad y violencia típica de lo “post-apocalíptico”. Ningún héroe de acción perseguido por una ola gigante ni saltando abismos en el concreto, sólo gente manteniendo su cotidianeidad, adaptándose. Los tacos de canasta y el mariachi no tienen por qué desaparecer.

Estos valores de gentileza, innovación y creatividad permean la historia de Axóchitl y Nesmi, dos chicas que se conocen en un tarde “seca” (sin lluvia) y cuyo enamoramiento les motiva a replantearse su relación con el espacio. Axóchitl lo siente suyo, lo aprecia tal cual es y busca formas de profundizar su habitar en él, como instalar luces debajo del agua y así poder ver el pasado que subyace a su presente. Nesmi, en cambio, tenía planes de irse a estudiar fuera como muchos, porque existe la noción que el futuro, el progreso, se encuentra fuera de México, pero al conocer a Axóchilt todo cambió. Dos visiones dialogan en este cuento: una circular, adaptativa, de regeneración y reapropiación, y otra lineal, de crecimiento y progreso, moderna, tradicional. No diré más detalles con el fin de cautivarlos a leerlo (también hay una lectura en voz alta en Youtube).

Ilustración de Verena Rodríguez para ESTE PAÍS.

Es una historia de desastre que imagina la permanencia de nuestra identidad, no su fin. Símbolo y anti-narrativa conviven con una mayor cercanía de la que muchos vivimos en el mundo actual, que inevitablemente nos alcanzará tarde o temprano. No podemos hacer nada contra la Fuerza-N, y esta narración habla del anhelo por un orden humano con empatía y sensibilidad, reconociendo el valor de lo ordinario trascendente. Axóchitl no lucha contra los elementos, los observa y respeta, ya no ve al espacio como algo a cambiar, sino como algo a conocer e iluminar. Y encuentra en Nesmi a alguien con quién compartirlo. Por su parte, Nesmi experimenta un re-encantamiento* y ya no quiere abandonar el espacio, sino habitarlo con Axóchitl. Una visión circular respeta la Fuerza-N, una lineal la combate. Necesitamos estas narrativas para entender que el mundo siempre será nuestro imperfecto hogar.

Andrea Chapela

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*Este concepto lo tomo del ensayo “On Fairy Stories” de J.R.R. Tolkien.

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AQUÍ puedes leer el ensayo «El DF en tono apocalíptico…».

AQUÍ puedes leer «Como quien oye llover».

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Ana Marina Ortiz Baker

Soy de Monterrey, Nuevo León, México.

Desde la licenciatura estudio la ciencia ficción y la fantasía, y estoy por terminar una maestría en Literatura Hispanoamericana.

Mi tesis de investigación fue sobre el cyberpunk mexicano, en específico el tema del espacio y su relación recíproca con los personajes.

Me gustan los temas del cuerpo, la mujer, la ciudad, los mitos, la magia y la naturaleza.

Los conocimientos que tengo, que son un tesoro para mí, aún tienen mucho que crecer.

Twitter: @maro_baker

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