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LA BATALLA CONTRA EL FORMATO FÍSICO

Lord Crawen

 

A principios de este mes, PlayStation anunció una de sus más grandes ideas ante una comunidad de video jugadores que se mantiene a la expectativa sobre ciertos títulos y el futuro de la empresa, la cual no ha terminado por posicionarse como la favorita en la supuesta “guerra de consolas”. En un comunicado muy específico, plantó cara a la nostalgia y a la pertenencia: para enero de 2028 dejará definitivamente de producir videojuegos en formato físico.

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Las guerras actuales se libran en pequeños terrenos conocidos como “redes sociales”: las opiniones son proyectiles disparados caracter a caracter, todos contra todos. En efecto, estalló el disgusto de muchos jugadores por la falta de legislaciones sobre la pertenencia de los futuros juegos, así como de licencias y la nula experiencia de elección propia.

Destaca entonces el fatídico 2020, un año que muchos deseamos olvidar por completo. En aquel punto de comparación, todo aquello que tuvimos fue virtual, esporádico, momentáneo; los pocos recuerdos construidos en cuatro paredes forjaron carácter de supervivencia más que de nostalgia. ¿Acaso alguno de ustedes tiene recuerdos favorables de aquella época? Son contados.

Las empresas en general han decidido trasladar esta facilidad mostrada en esos años, pensando que en aquellos momentos difíciles la tecnología nos dio todo para ser felices y un poco más de dopamina a través de cualquier pantalla. La gente decidió responder con algo que se nos ha erradicado desde tiempo atrás: la nostalgia y el sentimiento de pertenencia.

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Este articulo no viene a dejar caer una bomba atómica sobre el conflicto, pero sí a generar una conciencia sobre lo que están haciéndonos creer que funciona, contra lo que nosotros sabemos que nos funciona.

La capacidad de elección actualmente se remite a las pantallas de nuestros dispositivos de cualquier gama. Las películas, series, programas de televisión e incluso eventos deportivos se han trasladado a cuanta plataforma de contenido hay en el mercado y es muy difícil hoy seguirles el paso. Sobra decir que cantidad no es sinónimo de calidad.

Con la música, la situación se abre paso en un 70% contra el 30%. Los puristas han tratado de conseguir nuevamente los famosos discos de acetato, en formato LP o EP; además de un tocadiscos, con sus respectivas actualizaciones. Aunque esta práctica ha ganado terreno, para muchos otros las plataformas móviles de paga son la solución de tener todo a la mano y escuchar lo que muchos artistas producen alrededor del mundo.

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Ya hablamos un poco de los videojuegos y las plataformas que los contienen. Desarrolladores alrededor del mundo entregan sus proyectos y prototipos y hoy sabemos que los juegos llamados “indie” pueden competir con las grandes empresas desarrolladoras y ganarles con facilidad; mas la pertenencia física de elección de un juego en una tienda departamental hoy se nubla debido al anuncio. Adicionalmente a que no existe aún una ley aprobada de pertenencia virtual de la licencia de un juego comprado en plataforma. Sí, compramos algo que ni siquiera es nuestro totalmente.

Llegamos entonces al tema de la nostalgia.

“Consumir medios nostálgicos de todo tipo nos da una forma de pensar sobre quiénes somos y nos ayuda a dar sentido a nuestro propósito en la vida”, afirma Krystine Batcho, profesora de psicología del LeMoyne College.

¿Quiénes somos? ¿Qué nos gusta? ¿Qué buscamos? ¿Qué necesitamos? ¿De qué nos enamoramos?

Ante la pérdida de identidad descrita anteriormente, continúa resurgiendo de entre los estantes el único formato físico completamente indescifrable: el libro.

Resulta que el 4 de julio se instauró el Día mundial del libro electrónico. Me estoy enterando debido a la investigación de este articulo, pero todos conocemos que el 23 de abril se conmemora el verdadero Día del libro, el que busca fomentar la lectura en todos los rincones.

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Los autores y sus libros nos sirven una cucharada de nostalgia como ninguna otra. Los organizadores de ferias del libro y autores contando sus experiencias siguen siendo un estandarte importante para muchos. En México tal vez no tengamos una gran cultura lectora, pero sin duda alguna todos recurrimos a algún libro, un autor, a los pasillos, al aroma de libros viejos, a sentir el papel, a deslizarnos entre líneas para intentar comprender qué es lo que describió el autor en ciertas páginas, a recomendarnos libros y, aunque la virtualidad lo alcanzó, el libro físico continúa siendo un bastión de pertenencia inconmensurable.

Aquí es donde entra la nostalgia.

El libro mismo no surge de la nada, viene de una persona, como muchos de ustedes. Atraviesa por momentos e instantes parecidos a nuestro día a día. Pero tiene formas de contar su historia página a página. El potencial lector en cuestión decide darle una oportunidad a la historia del autor y, si se engancha, tenemos activo el sentimiento de nostalgia por la posibilidad de que el autor, bajo sus palabras y experiencia, esté dando una solución al problema del lector o simplemente dispare directo al corazón para crearle una catarsis.

¿Recuerdan las tardes de verano en los noventa?

Centros de video con infinidad de películas o videojuegos en sus estantes. Familias reunidas esa noche específicamente para ver una película. Finalizada la proyección en casa, la radio o el reproductor de discos o CD’s se encendía para dar paso a la música. Se esperaba a la mañana siguiente para comprar el periódico y ver qué estreno había en el cine. Pero siempre en los estantes de los hogares hay libros y sigue habiendo libros; aunque todo lo demás haya desaparecido.

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Tal vez las grandes empresas crean que para nosotros es mucho más factible jugar en línea contra desconocidos, cuando jamás olvidamos las tardes con amigos y tan sólo dos controles. Creerán que darnos una cantidad exorbitante de títulos será mejor, cuando pasamos más tiempo entre cintillos buscando algo que llene nuestras expectativas y terminemos apagando la televisión porque no queremos al final ver nada. Escuchar a todos los grupos del mundo en un equipo celular y sentir que ya lo hemos escuchado antes y volvamos a la vieja música.

Pasaba por una tienda departamental la otra noche. Una tragedia se tejió en segundos ante mi mente de escritor y fue como un haz de luz para decidirme a hacer esta reseña. La acción fue hilarante y jocosa, pero se conjugan ciertos elementos para que uno se ponga a crear.

Notas de guitarra al fondo. La voz de un hombre que no conozco, pero me recuerda a los casetes que ponía mi mamá en el estéreo para hacer el quehacer de la casa. Mi hijo y yo en un centro comercial. Un joven y su novia salen de la tienda departamental. Ella menos afectada que él, quien comienza su jocosa rabieta, su discurso antisistema: “no puedo creer que no tengan ese juego en físico, si está muy chingón; uno ya no puede tener lo que le gusta”. En el sonido local reconozco el coro de la canción, porque las mamás reproducían el mismo casete los fines de semana y nunca nos dábamos cuenta. El joven, triste y abatido, con la novia tomándolo del brazo, alejándose a la salida en compás del coro de la canción: “dueño de ti, dueño de qué, dueño de nada”.

No jugamos a la nostalgia, somos seres nostálgicos por excelencia, y este mismo sentimiento que se nos intenta arrebatar no escatima en las ganancias de una empresa.

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Consigan entonces un libro de alguna estantería, el que gusten. Apoyen a los autores locales, a todos los que luchamos por salir un poquito del anonimato y lean nuestras historias, créanme, nos esforzamos mucho por darlas a conocer. Tengan a bien pertenecer a una comunidad lectora y de experiencias, porque van a crearles gratos recuerdos. La nostalgia no está en juegos virtuales, en películas de plataformas, en música reproducida en un móvil.

La nostalgia está en conseguir algo que nos llegó al corazón. En crear lazos en los hogares con amigos de juego. En buscar esa película de la que muchos hablan y acudir al cine. En las tiendas de discos o con amigos intercambiando grupos o, mejor aún, acudir a un concierto.

La nostalgia es la experiencia póstuma a la libre elección, a sentir que algo es nuestro.

A ser nosotros mismos por elección.

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Jezreel Fuentes Franco (Lord Crawen) nació el 29 de junio de 1986 en la Ciudad de México.

Estudió Ingeniería en Comunicaciones y Electrónica en el Instituto Politécnico Nacional.

Participante de Concursos Interpolitécnicos de Lectura en Voz Alta, Declamación, Cuento y Poesía.

Ha realizado ponencias en eventos de «Literatura del horror” en el auditorio del centro cultural Jaime Torres Bodet.

Actualmente publica en El nahual errante y Sombra del aire, ambas revistas de corte virtual.

Autor de Poltercast (2024).

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