LA TRANSA Y LA SUERTE DEL ROÑAS

un cuento de ciencia ficción tepiteña

 

Concepción Figueroa

 

El cine de ciencia ficción, y en general la literatura de este tipo, ubica las historias en grandes ciudades, con adelantos tecnológicos sorprendentes y cierta pulcritud derivada de la ostentosidad. Existe un gran eco, extensión de lo mencionado, presente en la mayoría de los cuentos latinoamericanos, pareciera que el género dependiera de esto. Sin embargo, para Héctor Chavarría no.

Este periodista mexicano nacido en la década de los cincuenta obtuvo el Premio Puebla en el 85. Años después publicaría “De cómo el Roñas y su mamá salvaron al mundo”, y su protagonista vivía nada más y nada menos que en Tepito.

“En la calle se encontraron al Roñas. Eran lo suficientemente humanoides para poder pasar por personas un tanto extrañas, pero las diferencias […]quedaban minimizadas en la noche por la poca iluminación de las calles de Tepito, el smog capitalino y porque el Roñas estaba en su estado natural, cruzado con cemento, mota y una buena dosis de alcohol de teporocho”.

Inevitable no pensar a Chavarría en la reflexiva tarea de imaginarse cómo sería la situación con alienígenas aterrizando en nuestro país, sobre todo al recordar que los ochenta trajeron películas, aún vigentes, como SupermanStar TrekStar Wars o Blade Runner, sin olvidar E.T. el extraterrestre, así que si esas películas reflejaban la forma de interactuar de otros países o galaxias con ellos, ¿cómo mostrar a México en un encuentro de este tipo?

Chavarría elige al Roñas que, al catalogar a estos seres como indocumentados, les ofrece papeles falsos, por lo que ante la propuesta, e instruidos por las películas, los alienígenas piden hablar con su jefe, a lo que el teporocho termina llevándolos… pero con su jefa, es decir, su mamá.

Colección MINIBÚKS, ciencia ficción hecha en México, coordinada por Pepe Rojo.

«El Roñas los llevó con su mamá. Después de abofetear a su hijo hasta cansarse, doña Eréndida Felícitas se enfrentó con los desconocidos. No entendió nada de lo que decían, pero como buena mexicana tepiteña decidió que era bueno recibir a los extranjeros debidamente […]Mientras el Roñas, ya un poco menos pasado y deseoso de volver a agarrar avión les hacía plática social, doña Eréndida comenzó a preparar la fiesta».

Miguel Ángel Fernández, compilador de Visiones periféricascomenta, con razón, que “es quizá la obra maestra de la sátira social dentro de la ciencia ficción mexicana”, ya que, mientras en otros países el alienígena amistoso se inserta en la sociedad volviéndose productivo o los extraterrestres malvados son enfrentados con grandes tecnologías, en México el Roñas y su mamá salvan al mundo del exterminio sin siquiera saberlo.

“Los linx eran muy resistentes, pero nadie es capaz de aguantar los antojitos de Tepito. Además, el Roñas les dio cerveza, cemento y mota… una combinación explosiva. Se desintegraron antes de llegar al pulque y al alcohol del 96”.

Chavarría ejemplifica con lúdica maestría la compleja naturaleza del mexicano, quien recibe con alegría al extranjero convidándole de lo poco que tiene, por lo que la transa termina trayéndole, la mayoría de las veces, muy buena suerte.

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AQUÍ puedes leer el cuento.

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Concepción Figueroa, mujer, literata y profe.

 

 

 

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