PANDEMIAS E IDEALES

reseña al filme Black Death

 

Lord Crawen

 

El punto que remarca el cambio ha llegado. Comunidades enteras hace ya unos meses hacen fila para obtener la vacuna en contra de la pandemia que nos ha aquejado durante un largo y difícil año. No olvidaremos lo que todo este lío ha dejado a su paso y que, desafortunadamente, parte de la población no ha terminado de comprender la manera en cómo una pandemia cambia el rumbo general de las cosas, desde el más pequeño individuo hasta el más longevo de nuestra especie.

La información, hoy al alcance de nuestras manos, llegó a raudales, creíble o no, de los sucesos mundiales, leyéndola a través de los portales de internet, enclaustrados en nuestros hogares, a la espera del posible cambio de los tiempos malos.

¿Qué aprendimos en este tiempo?

Durante la noche, el efecto de los retrovirales han causado efectos negativos en mi cuerpo. Doy mil vueltas y mi cabeza estalla en pesadillas y mil ideas, recordando en cierta forma los tiempos antiguos y nuevos, fundidos en un análisis. En retrospectiva, de cómo hemos llegado hasta aquí tras una pandemia.

Una gota más en el océano, nos fundimos al final en este universo, conservamos de alguna forma nuestras moléculas como ideas que moldean nuestra forma de ser o comportarnos, pero el océano ideal es inmensamente grande y las perspectivas cambian conforme navegamos a través de él. En ocasiones encontraremos que este enorme océano está contaminado de alguna manera y habrá que nadar, fuera de una inmensa oscuridad de toda índole para conservar nuestra integridad ideal.

Black Death es un filme dirigido por Christopher Smith que retrata una sociedad europea sumida en el caos y muerte durante la peste negra, que según algunos historiadores (aunque a la fecha continúa la discrepancia en toda información) tuvo un periodo de incubación, asentamiento y mortalidad de 1347 a 1353. Europa era un continente en crecimiento, sin embargo la lucha territorial estaba a la orden del día. El vencedor volvía a casa con los hombres que quedaban vivos, mientras los cadáveres, muchos de ellos a la intemperie, comenzaron a atraer roedores y otros organismos que fueron enviados a distintas partes del continente. La constante necesidad de un crecimiento y el empoderamiento de una nación fueron los factores que comenzaron la caída social en todos los ámbitos, hasta que la silenciosa peste negra tocó a las puertas de todos los habitantes del continente (y algunos más en Asia y posiblemente en el resto del mundo).

A la fecha sigue siendo complicado determinar el foco de infección, las posibles causas, las zonas de mayor riesgos y la cantidad de muertos; pero es un periodo en que la humanidad no solo tuvo la desafortunada visita de una silenciosa muerte en un plazo no mayor a 14 horas de estancia viral y la explotación del virus en el cuerpo, sino que también la guerra social e ideológica mermó a gran escala a mucha gente, cegándola de hallar una cura social, ideológica y mental.

¿Les suena familiar?

Black Death no plantea retratar la situación que se vive durante el periodo de la peste negra, más bien nos invita a una reflexión ideológica que sigue confundiendo al océano social en el que nos desenvolvemos, sin perder nuestras cualidades como pequeñas gotas de agua. Plantea una de las interrogantes más grandes pregonadas hasta nuestros días: ¿es esto un castigo divino por el libre albedrío excesivo de la población?

Un joven fraile es liberado de su encierro en una mazmorra cuando se dan cuenta que no está infectado de la peste, y él sale corriendo de su encierro. Aunque muchos intentan pensar que lo primero que el joven debería hacer en el filme es acudir a un templo y dar gracias a un dios por librarlo de dicha enfermedad, el joven esconde un secreto que podría retirarle los derechos de dios: una bella joven le espera en una cabaña lejos del pueblo.

Ante la difícil situación y debatiéndose en la penosa escena del “dios vengativo y el dios feliz”, el joven fraile envía a su amada lejos del pueblo. Él no puede acompañarla por sus deberes teocráticos. Ella sale del pueblo, advirtiéndole que no lo esperará por siempre.

Buscando la guía divina, una plegaria es “escuchada” cuando un grupo de guerreros “enviados por dios” van en busca de un guía que los lleve a una lejana tierra donde se ha escuchado que la peste no aqueja a dicha población. Cualquiera de nosotros pensaría que dicha población ha cumplido con normas de sanidad, ha empleado muy bien una distancia social y cuida a su población. Pero nuevamente los actos religiosos golpean cualquier idea en nuestra mente cuando el grupo indica que acudir a aquel pueblo es por orden divina de encontrar a un posible nigromante y hechiceros, haciendo posible que ninguno en esa población enferme y muera.

¿Les sigue sonando familiar?

La oportunidad está ahí y no la desaprovecha. La joven mujer espera al fraile cerca de las tierras a donde yace el nigromante y posible culpable de tener a un poblado protegido del mal en el continente. Y es que en verdad ese dios al que ellos envían plegarias no bendice a quienes con “hechicería y prácticas oscuras” se libran del castigo enviado a la humanidad.

Durante el viaje, el grupo encuentra situaciones cotidianas en aquel entonces: viajeros errantes, guerreros olvidados por sus ejércitos y abandonados a su suerte, acusación a mujeres de brujería y condenadas a morir por manos de su misma población y familia… hasta llegar al final de su viaje, cuando encuentran a una población protegida por un enorme pantano y, en el centro del mismo, un asentamiento con una población mínima.

El grupo busca al nigromante. El joven busca a su amada. Pero ambos saben que en el poblado algo no va conforme a las reglas cuando una mujer aparece ante ellos como la dirigente de la población y curandera. El grupo se divide mentalmente cuando las cosas se tornan oscuras para ellos, bajo acusaciones de los pobladores de traer muerte a su isla y que el dios al que ellos rezan no ha traído más que guerras y peste a todo el mundo.

¿Esto sigue sonando sumamente familiar?

Al final del filme hay más preguntas que respuestas. Una terrible realidad le es presentada al espectador en forma de interrogante que se suma a todo lo que en su mente podría cavilar y esa situación permeará lo más profundo de su psique, persiguiéndolos hasta el final del filme. Motivos y razones bastan para citar a Black Death como una película de nuestros tiempos.

Nuestro vasto océano ideal, hoy contaminado, tiene tintes de esta sociedad de hace casi 800 años: la religión culpa al libertinaje, el idealismo popular ha creado corrientes diversificadas de la sociedad, la constante necesidad de identificarte con un grupo o formar parte de una causa, la facilidad de culpar a un dios o al prójimo, olvidar completamente las medidas sanitarias e indagar y señalar a quienes no se han infectado con el virus.

Al final, las ideologías dejan de existir cuando las muertes llegan hasta nuestros hogares.

El silencio en nuestros días y las repercusiones tras la pandemia han forjado cambios en muchos de nosotros. Posiblemente, si logramos de alguna forma efectuarlos, seamos parte del océano, pero conservemos las moléculas que nos distinguen con o sin contaminación procedente de algún lugar.

Al terminar de ver Black Death, y de que sean perseguidos por su escena final, no olviden las medidas sanitarias que continúan en nuestros días, acudir oportunamente a su vacunación, leer e informarse en distintos medios y abrazar, en medida de lo posible, a sus seres queridos cuando la distancia y circunstancia lo permitan. Y no olvidemos a los que en soledad y silencio tuvieron que partir…

Ya vienen buenos tiempos, sólo espero durante la madrugada y el asentamiento viral en mi cuerpo, a que el individuo en el mundo entienda el concepto de respeto, idealismo y religión. Una vez que eso suceda, la pandemia más grande que enfrenta la humanidad será erradicada; mientras, las pesadillas retoman mi mente y trato de descansar.

Y a ustedes, que gustan siempre de material tétrico, les recomiendo se den una vueltas por los viejos recovecos en busca de más filmes como este. Y como siempre, les deseo excelentes pesadillas.

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Jezreel Fuentes Franco (Lord Crawen) nació el 29 de junio de 1986 en la Ciudad de México. Estudió Ingeniería en Comunicaciones y Electrónica en el Instituto Politécnico Nacional. Su pasión por la literatura y la música lo lleva a formar parte del taller de creación literaria impartido por el profesor Julián Castruita Morán y Alejandro Arzate Galván. Participante de Concursos Interpolitécnicos de Lectura en Voz Alta, Declamación, Cuento y Poesía. En 2014 es finalista del Concurso Interpolitécnico de Declamación. Participó en 4 obras de teatro de improvisación, las cuales fueron presentadas en los auditorios de la Escuela Superior de Ingeniería Textil y en el Cecyt 15. Ha realizado ponencias en eventos de «Literatura del horror” en el auditorio del centro cultural Jaime Torres Bodet. Actualmente publica en El nahual errante y Sombra del aire, ambas revistas de corte virtual.

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