THE EMPTY MAN

una película de auténtico culto

 

Miguel Lupián

 

 

Como toda obra destinada al culto, The Empty Man (Prior, 2020) ha tenido que lidiar (además de la pandemia) con algunos problemas legales, con el abandono de su casa productora (Disney / 20th Century Fox), con una terrible campaña publicitaria (donde el avance y el póster alejaron a los espectadores creyendo que se trataría de otra creepypasta con adolescentes), con el miedo a sus 137 minutos de duración, con una recepción muy injusta por parte de la crítica y con la indiferencia total de la comunidad friki (está basada en el cómic homónimo de Cullen Bunn, publicado por BOOM! Studios).

A pesar de esto, los que conocíamos a David Prior no sólo por sus colaboraciones y amistad con David Fincher sino por su maravilloso y lovecraftiano corto AM1200 (2008), intuíamos que sería algo digno de recordar (me emocionó tanto que estoy escribiendo esta reseña a las 4 de la madrugada, después de dos horas sin poder dormir).

Como en la mayoría de los casos es mejor llegar a las películas sin saber nada de ellas, te recomiendo abandonar este texto y buscarla ahora mismo…

Pero si decides quedarte evitaré los spoilers, pues gran parte de su encanto radica precisamente en la sorpresa y el desengaño.

Arrancamos con un brutal prólogo de 23 minutos en las majestuosas y nevadas montañas de Bhutan en 1995. En este inicio “largo e innecesario” para algunos, se muestran los elementos, en clave de folk horror, que repercutirán insidiosamente hacia el final de la película. Además de su gran narrativa (que arrasaría en los mejores festivales de cortometraje de terror), cuenta con un increíble tributo a una de las pinturas emblemáticas (utilizada por Valdemar como portada en la narrativa completa de Lovecraft, por ejemplo) del polaco Zdzisław Beksiński.

Al terminar esta frenética parte llega el primer rompimiento, pues se nos empieza a contar otra historia 23 años después en Missouri sin aparente relación y a un ritmo mucho más pausado. También llega el primer engaño, porque nos hace creer que, como ya lo habíamos inferido por el póster, se tratará de una historia genérica de fantasmas donde un grupo de adolescentes desaparece después de invocar a un espíritu llamado el “Empty Man”. A pesar de esta ruptura, de su planeada ingenuidad y del uso malicioso de trucos y situaciones comunes, la historia está tan bien contada que te mantiene al filo del sillón, haciéndote olvidar ese inicio ahora tan lejano e incomprensible.

Y cuando creemos saber hacia donde va y cómo terminará la historia, llega el segundo rompimiento, donde todo se enrarece y adquiere un tono “sectario” (que me hizo pensar en las maravillosas Resolution (2012) y The Endless (2017) de Moorhead & Benson) con una deliciosa carga de filosofía pesimista (que me hizo recordar a Ligotti y a la primera temporada de True Detective).

El tercer rompimiento no te lo contaré, pero a partir de aquí la realidad se trastoca a un ritmo trepidante y Prior nos arroja al abismo, para ser devorados por entidades primigenias.

¡Terror cósmico en su máxima expresión, donde no sobra ningún maldito minuto!

Esta extraña, ambiciosa y perturbadora apuesta cinematográfica no hubiera funcionado sin la espectacular foto de Anastos Michos, viejo lobo de mar que utilizó la famosa cámara digital Red Monstro 8K (favorita de Fincher), sin la escalofriante banda sonora de Christopher Young y Lustmord y sin las sólidas actuaciones de James Badge Dale (24), Marin Ireland (The Dark and the Wicked) y Aaron Poole (The Void).

Tenía mucho tiempo que una historia no me emocionaba, perturbaba y volaba la cabeza tanto como The Empty Man. Sólo espero que pronto pueda ser apreciada y re-valorada como una de las mejores películas de terror de los últimos años y que el nombre de Prior esté a la par del de Aster o Eggers.

David Prior

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AQUÍ puedes ver AM1200.

Escucha la banda sonora de The Empty Man:

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Miguel Antonio Lupián Soto

Ex alumno de la Universidad de Miskatonic,

feligrés de la iglesia Cthulhiana

y devoto de San Lemmy.

mortinatos.blogspot.mx

@mortinatos

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