DE BLACK DOG A GOOD BOY
LA PRESENCIA CANINA EN EL CINE
Lord Crawen
Dedicado a todas aquellas manos humanas que la tienden a cualquier flora o fauna en el mundo,
salvaguardando su integridad física lo mejor posible, cuando algunos otros sin corazón emiten el juicio de abandono o destrucción…
El año pasado se anunciaron los nominados a los mejores actores de terror para los Astra Films —entregados el pasado día 9 de enero—, donde Indy, el único participante canino, figuraba en la lista. El cuestionamiento no se hizo esperar, ya que muchos argumentaron que el premio sí o sí debía ser para el actor canino y muchos otros reprocharon la nominación.
Los fanáticos del horror, desde los tiempos en que el cine adaptó muchas historias escritas, sabemos que no existen reglas específicas para la participación de actores o actrices y, actualmente, sin importar la fauna o flora. A lo largo de la filmografía fantástica y de terror se han utilizado estos recursos en demasiadas historias, las cuales nunca han sido consideradas para una premiación. Pero al final se transforman en cine de culto entre los fanáticos, lo que —considero— vale más que tener premios empolvados en las estanterías.
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Desde que la plataforma Shudder anunció la filmación de Good Boy (Ben Leonberg, 2025) —que duró 3 años en un proceso de grabación y desarrollo con el canino en cuestión—, todos volteamos a ver este experimento con mucha expectativa y la gran mayoría se preguntaba si el animal sufriría un destino fatal; porque, seamos sinceros, si queremos llorar reproducimos alguna película donde la historia le dé a dicho personaje el final de sus días en este plano. Aquí se cuidaron todos los detalles para evitar estrés, porque la película —créanme— tiene muchas situaciones estresantes para cualquier perro, y se agradece al equipo de trabajo por su abierta comunicación con el público. La respuesta de los involucrados en el proyecto fue positiva e invitaban a ver la película en cines (en nuestro país tuvo una difícil competencia), pero los que tuvimos la fortuna de verla fue un agradable experimento que con el tiempo mejorará, porque ya se ha hecho.
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La algarabía no se hizo esperar con la nominación y su posterior triunfo. La victoria de Indy marcó una diferencia en lo que se ha realizado; el reconocimiento no es sólo de un perro en una película, sino de un equipo de trabajo cuidadoso que se esforzó por contar una buena historia.
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A parte de invitarlos a ver Good Boy, el análisis de este artículo se contrapone a Black Dog (Guan Hu), estrenada en 2024 (un año antes que Good Boy), de la cual quiero hacer una mención especial porque no se trata de una película de terror: está basada en un hecho real, donde estuvieron involucrados una gran cantidad de caninos en China; por esto, más que reconocer con un premio a un animal por participar en una película, hay algunas cosas que como especie aún tenemos que aprender.
Black Dog tiene la siguiente premisa real: previo a los juegos olímpicos de Beijing en 2008, el comité organizador en China se percató de un problema: una gran cantidad de perros callejeros invadía todos los rincones, llevando al gobierno a realizar brigadas para recogerlos y reubicarlos en las afueras del país, lejos de la vista de los futuros visitantes y atletas olímpicos.
Hasta aquí, creo que el juicio en general está emitido.
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La película retoma esta situación real, mezclándola con la historia de un joven que ha salido de la cárcel. Entre amigos y conocidos de su padre, el joven Lang intenta sobrellevar esta situación, consiguiendo trabajos de medio tiempo o fáciles para poder obtener el sustento diario. En muchos de sus viajes, un perro negro lo persigue y ataca de manera constante y, en ocasiones, hasta absurda. Al perro se le busca por tener rabia y es el espécimen más buscado de todos los perros reubicados debido a su condición. Lang, al entrar en las patrullas de recolección y verificación del registro animal en los hogares, muchas veces termina por liberar a los perros, a los que en jaulas observaba tristes y desorientados. Lang consigue entablar una relación con el perro negro y el animal, temeroso, responde de acuerdo al ímpetu del chico: a veces ataca, a veces es dócil. El canino enferma y él lo lleva a que le curen. Lo pierde y lo busca. Y para invitarlos a ver esta historia centrada en una difícil situación real, no les cuento el resto de la historia.
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Hay dos puntos que son comparativos en estas películas. Ambos personajes principales, Indy y Lang, no hablan, se comunican a través de señas o movimientos, lo cual le da un peso a la actuación y nosotros —como espectadores— debemos interpretar lo que sucede. Claro está, el trabajo de ambos actores y del equipo de producción se nota bastante. Black Dog tiene casi 20 premios ganados y cada vez más adeptos. Good Boy tiene a Indy.
¿Será entonces que esta balanza cinematográfica nos invite más a la empatía con la flora y fauna de nuestro mundo?
Por años, activistas han luchado por la igualdad de condiciones entre especies. Personas alrededor del mundo crean refugios, estancias o albergues. Los zoológicos ya no son suficientes para conservar especies en peligro de extinción.
En nuestro país, a la fecha, continúa un exacerbante abandono de perros y gatos, crianza irresponsable, vientres explotados para generación de cachorros de razas puras, mala alimentación, maltrato físico por estados de ánimo alebrestados, rechazo de animales en edad avanzada…
¿Cuántas película de terror más debemos ver donde los animales sufren ante la mano e indiferencia humana?
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Tal vez el premio recibido por Indy no cambie la situación en muchos países con respecto al trato interespecie. El humano dejó de tener conciencia de su entorno y la igualdad del trato, se aprovechó de que el perro es el mejor amigo del hombre y traicionó su confianza.
Para quienes nos enternece saber que hay quienes redoblan esfuerzos para el cuidado y manutención de los desprotegidos —que ganen o no un premio, se reconozca mundialmente o no su labor—, buscamos que se replique esta bondad e igualdad de condiciones y evitar situaciones como la de Beijing (por no mencionar las que ocurren en todo el mundo a cualquier hora).
Las películas de terror siempre han contenido un mensaje, aunque algunos sean burdos o crudos; es un género del cual se pueden desprender situaciones en las que aprendamos a ser más un monstruo fantástico que el aterrador humano que decide gobernar con poder autoritario sobre otros.
Adicionalmente, quiero recordarles que estas buenas compañías no comen palomitas o dulces durante las funciones en el sofá, pero en tiempos de frío dan cálidos abrazos y nos acompañan mientras la película en pantalla busca darnos el susto de nuestras vidas. Abracen la fantasía y la realidad con todas las especies, porque todos merecemos igualdad de condiciones en este mundo y la principal se llama felicidad.
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Jezreel Fuentes Franco (Lord Crawen) nació el 29 de junio de 1986 en la Ciudad de México.
Estudió Ingeniería en Comunicaciones y Electrónica en el Instituto Politécnico Nacional.
Participante de Concursos Interpolitécnicos de Lectura en Voz Alta, Declamación, Cuento y Poesía.
Ha realizado ponencias en eventos de «Literatura del horror” en el auditorio del centro cultural Jaime Torres Bodet.
Actualmente publica en El nahual errante y Sombra del aire, ambas revistas de corte virtual.
Autor de Poltercast (2024).
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