LA VIRGEN DE LA TOSQUERA
AGORERÍA BARRIAL
Miriam Gálvez Mancera
En un caluroso verano a principios del nuevo milenio a la víspera de la gran crisis económica de 2001, un grupo de adolescentes (Dolores Oliverio, Isabel Bracamonte y Candela Flores) se enamoran perdidamente de un chico llamado Diego (Agustín Sosa). El romance se interrumpe cuando éste comienza una relación con Silvia (Fernanda Echevarría del Rivero), mujer de 30 años que conoció en un chat. Entonces, Natalia (Oliverio), una de las jóvenes, decide recurrir a la sabiduría de su abuela Rita (Luisa Merelas) y así evitar el dolor de la decepción amorosa usando un antiguo poder oscuro.
Traducción realizada de la sinopsis publicada en Letterboxd (2025).*
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Llevátelos.
Mariana Enríquez ha logrado esta proeza narrativa: construir relatos literarios con potentes perspectivas de género que posicionan a la nigromancia no como el mal sino como fuerza femenina contundente y ancestral. Sus historias están habitadas por personajes disruptivos que desafían los estereotipos conservadores, analizando patrones íntimos y experiencias intrínsecas colectivas de la autora, como cortes de electricidad y crisis endémicas en las regiones conurbadas de Argentina. Estas vivencias se transforman en metáforas oscuras, resultando en cuentos como “La virgen de la tosquera” y “El carrito”, ambos publicados en Los peligros de fumar en la cama (2009).
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La directora Laura Casabé toma estas fábulas y las adapta espléndidamente al largometraje, alejándose del terror gótico tradicional para instaurar el pánico a plena luz del día, en la vena del folk horror de cintas como Midsommar (Ari Aster, 2019) o The Wicker Man (Robin Hardy, 1973), en donde lo ominoso es una trampa. El relato transcurre en el verano sofocante de colores brillantes, sudor y rock. Lo siniestro no se esconde en las sombras, sino que ocurre bajo el sol implacable que “pudre” la realidad. Traza armoniosamente la intemperie y lo festivo —las vacaciones, el enamoramiento— que se vuelven pegajosos y opresivos.
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Estos componentes visualizan monstruosidad progresiva. Vemos cómo su vecindario se “degrada”. Aquí, lo sobrenatural no es elemento externo (como si fuera fantasma victoriano) sino pura manifestación de arrebato comunitario. Las leyendas urbanas se materializan en el miedo al “inyector de miseria”: maldición vudú sociológica donde, tras vulnerar a una persona en situación de calle, el barrio colapsa. La quimera corpórea son los vecinos “de bien”, cuya coacción sistemática refleja el pánico de la clase media a caer en la pobreza, aporofobia palpable tanto en Argentina como en México. Lo siniestro es la decadencia física y el olor a podrido, analogías de la descomposición del tejido social.
Casabé dialoga con los altares latinoamericanos, pero resalta un sincretismo local único. Ofrenda esta divinidad de color rojo que encarna el poder del ocultismo en todo su esplendor: sangre menstrual, sexo, política y degollamiento. La deidad —una virgen pagana de yeso con pezones negros que no concede milagros, sino venganzas— representa la “brujería barrial” y el deseo oscuro. Aunque anclada en la crisis argentina post-2001 (la de Enríquez corresponde a una época anterior), su resonancia es continental.
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Considero que, dentro del ecosistema de extralimitación, la obra expone también una dimensión perturbadora en la dinámica entre la brecha generacional, presentándola no como emancipación sino como suerte devastadora. La épica condena esta asimetría de poder, mostrando cómo la figura adulta, lejos de ejercer una ética del cuidado, instrumentaliza la vulnerabilidad de la juventud. Es una forma de “vampirismo” emocional donde el deseo se vuelve corrosivo; no rompe el ciclo de violencia, sino que lo replica desde su propia jerarquía, consumiendo al otro como mero objeto.
La efigie del perro (literal y figurativa) funciona como catalizador representativo de lo feral, la lascivia, el poder y la crueldad extrema. En este coming-of-age disruptivo, la brutalidad es el despertar sexual y la celotipia llevada al extremo produce un ambiente festivo que es sólo el escenario para el sacrificio y la envidia como motor mágico. Lo macabro irrumpe cuando la diversión adolescente se corta de golpe con la bestialidad física, transformando el deseo en carne desgarrada que pareciera no tener consecuencias para la protagonista, Natalia, interpretada demoledoramente por Dolores Oliveiro. Cabe resaltar que uno de los grandes aciertos es el trabajo actoral en equipo; su histrionismo y conexión es avasallador.
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Enríquez sugiere así que lo sobrenatural es sólo la excusa para hablar de atrocidades reales: divergencia y violencia sistémica. Laura introduce escenarios que no fueron escritos, pero da esta lectura aplastante que conecta asertivamente con las letras de Mariana; incluso cuando las historias parecieran no estar ligadas, les brinda esa consonancia recóndita que converge en el mismo universo cinematográfico.
Finalmente, la obra logra una alquimia perturbadora que, en mi particular percepción, comparte con Cerdita (2022) de Carlota Pereda, sirviendo como referencia clara a la “adolescencia atroz”, la virginidad, el resentimiento y la rabia contenida —utilizando la estética “rosada” que las mujeres debemos sortear—, desde la dismorfia corporal hasta el despertar sexual, en donde todo se convierte en instrumento visceral del terror femenino para camuflar la podredumbre.
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Casabé no sólo adapta a Enríquez, expande su orbe al visualizar esa furia recóndita que une a todos los arquetipos generales en una catástrofe social común, el inyector de precariedad y los engranajes de una misma maquinaria: la desigualdad. Así, el relato nos deja con la inquietante certeza de que el miedo es atávico, no proviene de la macumba sino de la vehemencia cotidiana que, bajo el “sol radiante” de la impunidad, hemos aprendido a normalizar.
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*Letterboxd. (s.f.). The Virgin of the Quarry Lake [Sinopsis]. Recuperado el 4 de febrero de 2026, de https://letterboxd.com/film/the-virgin-of-the-quarry-lake/
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Miriam Gálvez Mancera
SuperHeroína coyoacanense. Bakeadicta. Cazadora de imágenes.
Pesadilla, malestar creado por la mente enferma de algún noctámbulo en insomnio desesperado.
Fundadora de The Junkie Cinema Club y colaboradora de Fantasmagoría: festival de cine fantástico y de terror de Medellín.
https://www.instagram.com/noirtopia/
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