ESCRITURA FANTASMAL FEMENINA
SOY FRANKELDA Y LA INVISIBILIZACIÓN DE LA ESCRITURA DE LAS MUJERES
Jessica Morales Aguilar
Para Pedrito, mi hermano menor, porque no se traumó con Coraline aun cuando se la enseñé a una corta edad.
Al contrario: desarrolló un gran gusto por lo spooky, amor que compartimos.
En el siglo XIX, una pequeña niña de Real del Monte soñó con convertirse en escritora de terror. Francisca Imelda transmutó sus miedos, ansiedades y dolores en materia literaria digna de provocar pesadillas; sin embargo, inicialmente sus textos se recibieron con escarnio e indignación. A esto se suma que, cuando por fin se reconoció la calidad de su obra, un escritor en decadencia intentó usurpar el trabajo intelectual femenino para revitalizar su propia carrera. Estos acontecimientos, desafortunadamente presentes en la biografía de más de una autora, se muestran en el primer largometraje mexicano stop-motion: Soy Frankelda (2025), creada y producida por Cinema Fantasma. Esta película no sólo visibiliza las violencias ante las que se resiste la escritura de las mujeres, sino también reivindica la labor intelectual de estas subjetividades.
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Como mencioné en el párrafo anterior, los obstáculos que atraviesa la carrera literaria de la protagonista poseen su correlato en nuestra realidad, pues históricamente se ha excluido a las mujeres del canon literario bajo argumentos como la inmoralidad, la insuficiencia de talento o la falta misma de capacidades escriturales. Ninguno de los motivos anteriores posee fundamentos objetivos; es decir, todos corresponden a discursos naturalizados en una sociedad patriarcal que privilegia las plumas masculinas, blancas y heterosexuales. En el libro Cómo acabar con la escritura de las mujeres (1983), la académica estadounidense Joanna Russ analiza once técnicas empleadas para borrar la escritura de las mujeres: las prohibiciones, la mala fe, la negación de la autoría, la contaminación de ésta, el doble rasero del contenido, la falsa categorización, el aislamiento, la anomalía, la falta de modelos a seguir, las reacciones y la estética. El largometraje de los hermanos Ambriz muestra al menos cinco de los mecanismos enlistados, los cuales analizaré a continuación.
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“¡TE DIJE QUE LAS NIÑAS NO SON ESCRITORAS!”: PROHIBICIÓN
En cuanto a la prohibición, Russ explica que:
es fundamental que seamos conscientes de que la ausencia de prohibiciones formales contra el arte comprometido no excluye la presencia de otras que, a pesar de ser informales, son muy poderosas.
Es decir, aunque no se le niegue abiertamente el ejercicio de la escritura a una mujer, otras circunstancias sociales se lo dificultan. Entre ellas se encuentra la falta de tiempo libre producto de jornadas de trabajo extenuantes que incluyen los siempre inacabables quehaceres domésticos. Tras quedar huérfana, Francisa Imelda transita de un ambiente propicio para la creación a un entorno hostil donde sus familiares le asignan ineludibles tareas tediosas como barrer, trapear o remendar una cantidad infinita de calcetines. Desde el quinto minuto de la cinta presenciamos el pesar con el que la niña realiza las labores del hogar, lo cual contrasta con su goce al escribir.
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“UNA DAMA COMO USTED NO DEBE ESCRIBIR ESTOS CUENTOS HORRIBLES”: CONTAMINACIÓN DE LA AUTORÍA
Los deberes del hogar parecen una de las únicas ocupaciones admisibles para las mujeres; por tanto, se juzga a quienes aparentemente descuidan tales obligaciones para dedicarse a otras actividades. Aunque la abuela de Frankelda intenta mitigar los esfuerzos creativos de su nieta al reducir su tiempo libre, esta figura de autoridad nunca logra su cometido: la pequeña siempre encuentra un hueco en su día —o durante las noches tormentosas— para escribir historias de miedo. Ante ello surge la contaminación de la autoría, otra de las técnicas descritas por Russ. Ésta se refiere a que:
las mujeres hacen el ridículo, o bien que escribir y pintar es indecente […] y que por tanto no es una posibilidad para una mujer que se precie de tener dignidad, o que crear arte muestra a una mujer como anormal, neurótica, desagradable y por consiguiente odiosa. De acuerdo, lo escribió. Pero no debería haberlo hecho.
Las escritoras se enfrentan al estigma de percibirse socialmente como seres expresivos y, en consecuencia, excesivos, ya que a través de su pluma comunican reflexiones, pensamientos y emociones que deben mantenerse en la interioridad según los mecanismos reguladores de género. Esta contención pretende mantener silenciada a la mujer, un ser supuestamente proclive al desbordamiento cuyo control resulta necesario para el funcionamiento de un sistema basado en la opresión.
Desde su infancia, Francisca Imelda muestra tendencias hacia el rebosamiento temido por el patriarcado, pues no sólo escribe, sino también comparte sus textos al leerlos en voz alta durante el receso. Además de la mala recepción por parte de los compañeros de Frankelda, ella se enfrenta al reproche de su abuela, quien le pregunta con virulencia: “¿Por qué eres así? ¿No te gustaría ser como tus compañeras?” (Ambriz y Ambriz). Este reclamo interrogativo se enuncia desde un discurso normalizador que pretende controlar la subjetividad infractora de la infante al provocarle vergüenza por no adaptarse a los límites de lo correcto. La turbación del ánimo desencadenada por la dura amonestación avasallar a la escritora, afortunadamente ella se resiste.
Cuando Frankelda crece, decide enviarle sus manuscritos a un editor, quien rechaza publicar las oscuras obras de la joven porque “[u]na dama como usted no debe escribir estos cuentos horribles” (Ambriz y Ambriz). Este juicio revela tanto el disgusto masculino ante la escritura de mujeres como el desprecio hacia la literatura de terror, vista como un atentado contra las buenas costumbres. Aunado a ello, en palabras de Russ:
[l]a historia de la literatura sigue perpetuando el círculo vicioso por el que las mujeres virtuosas no podían saber lo suficiente de la vida como para escribir bien, mientras que aquellas que sabían lo suficiente de la vida como para escribir bien no podían ser virtuosas.
En consecuencia, Frankelda escandaliza a las figuras de autoridad por el carácter subversivo de su trabajo, cuya exploración continuaré en la siguiente entrega de esta columna. Mientras, vean tanto la película como la serie y lean literatura escrita por mujeres.
Continuará…
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OBRAS CITADAS
Ambriz, Arturo y Roy Ambriz, directores. Soy Frankelda, Cinema Fantasma, 2025.
Russ, Joanna. Cómo acabar con la escritura de las mujeres, traducido por Gloria Fortún, 2018.
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Jessica Morales Aguilar
Estudiante de Lengua y literaturas hispánicas en la UNAM.
Le interesan tanto la literatura como el cine de terror.
El gótico representa una de sus grandes aficiones, de sus grandes amores.
Si encontrara un fantasma, probablemente éste huiría de ella.
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