EL MUNDO ES DE LOS MONSTRUOS

II

Cristian Jaramillo Palacio

Primera parte

 

LAS CAUSAS DE LOS MONSTRUOS

Aunque la causa y origen de los monstruos es la pregunta más compleja de esta ciencia y ha sido tema de varios tratados de teratología y estudios anatómicos durante siglos, queremos citar un resumen conciso que hace Ambroise Paré, un cirujano francés del siglo XVI, sobre las que se creían las causas físicas y supranaturales del origen de los prodigios. Cabe mencionar que Paré es considerado el padre de la cirugía, la anatomía, la teratología y la sanidad militar.

Monstruos de Fortunio Liceti (1665).

Esta edición fue realizada por Ediciones Siruela en 1987, del libro Monstruos y prodigios:

“La primera es la gloria de Dios.

La segunda, su cólera.

La tercera, la cantidad excesiva de semen.

Cuarta, su cantidad insuficiente.

Quinta, la imaginación.

Sexta, la estrechez de la matriz.

Séptima, el modo inadecuado de sentarse de la madre que, al hallarse encinta, ha permanecido demasiado tiempo sentada con los muslos cruzados y oprimidos contra el vientre.

Octava, por caída, o golpes causados a la madre. Novena, debido a enfermedades hereditarias o accidentales.

Décima, por podredumbre o corrupción del semen.

Undécima, por profusión o mezcla de semen.

Duodécima, debido al engaño de los malvados mendigos itinerantes.

Y, decimotercera, por los demonios o diablos”.

LOS CINOCÉFALOS

Citar todo el bestiario medieval es una tarea extensa, pero con ánimos de entender un poco la visión de cómo los monstruos poblaban la cultura religiosa y las creencias en la Edad Media, se pone un ejemplo de unos seres que son mencionados en varios relatos de aquella época: los cinocéfalos.

El término cinocéfalo proviene de la palabra latina cynocephalus, «cabeza de perro», que deriva a su vez del griego κῠνοκέφᾰλοι. Parece ser que estos seres comienzan a aparecer cuando los griegos escuchan relatos de Horus y Anubis, dos dioses egipcios con cabeza de canes. Hesíodo menciona a los cinocéfalos en el siglo VII A.C. con el nombre de Hémicynes (mitad perros). Estrabón también recoge un testimonio perdido de Esquilo sobre estos seres. Ctesias de Gido, médico de Artajerjes Mnemon, en su Descripción de la India decía que los cinocéfalos vestían de pieles salvajes, eran de color negro y, aunque entendían el lenguaje de los humanos, se comunicaban por ladridos. Aquí es clara esa visión exotista de la alteridad: se generan descripciones exageradas por el narrador, las cuales se convierten en la creencia popular y parecen estar cargadas de una agenda política de conquista, de generar reprobación contra esos extranjeros para justificar posibles incursiones militares.

Lo que más me gustan son los monstruos (Emil Ferris, Reservoir Books)

Otro ejemplo es la misma narración en uno de los viajes de Alejandro Magno quien, al llegar al rio Antlas, apuntó: “Vimos hombres con cara de perro y otros sin cabeza, que tenían los ojos y la boca en el pecho, otros con seis brazos, otros con la cabeza de un becerro, los trogloditas y los salvajes hombres de piernas largas, otros cubiertos completamente de pelos como las cabras y otros con cara de león, así como distintos animales de aspecto extraño”[1].

Pero volviendo a esa línea de cristianización de los monstruos, en la visión del mundo cristiano medieval encontramos el relato de dos discípulos de Jesús, San Andrés y San Bartolomé, entre los Partos, donde se les presenta un caso «abominable» de un ciudadano de la «ciudad de caníbales… cuya cara era como la de un perro». Sin embargo, tras recibir el bautismo, fue liberado de su aspecto perruno, convirtiéndose en San Cristóbal (por eso, su representación bizantina con cara de perro, un Anubis cristianizado). Pero sin destruir este impresionante relato de conversión se cuenta que esta imagen resultó de la mala interpretación del término latino Cananeus como canineus, es decir, se confundió el lugar de origen del “perro” converso de Cananea con un adjetivo que quiere decir canino.

Asimismo encontramos muchos otros casos de monstruos que se fueron agregando al imaginario medieval gracias a las fantasías de los poetas, bardos y cronistas, que muchas veces, con un afán de generar interés de inversores, modificaban las fábulas y relatos que escuchaban en sus viajes para conseguir la atención o difusión de sus aventuras. Las religiones, en especial el caso de la Iglesia en el mundo medieval, adoptaron la cristianización de monstruos como medio de conversión y catequesis a nuevos pueblos con pensamientos diferentes, al mismo tiempo que los usaron para intimidar a los analfabetos feligreses con un posible infierno lleno de estos seres. Y claro, no faltó el uso de la demonización de seres diferentes para justificar su conquista y aniquilación, ya que al ser una pregunta sin respuesta en esa época, el monstruo no hacía parte del canon de lo que podría ser considerado en la categoría de humano.

DE MONSTRUOS MODERNOS

La imagen del monstruo es inquietante, es un fenómeno natural y cultural. Existe a su manera, puebla la literatura, las artes, el pensamiento y en la actualidad el cine y los videojuegos. Se ha visto en la historia que cuando el monstruo ya no impresiona, se regenera y adopta una nueva forma.

Después de la Edad Media, el monstruo siguió vigente en la historia de la humanidad, presente en todas las artes y la cuestión de su origen sigue rondando campos de la ciencia y la biología. Ya se han desmitificado muchas de las anomalías que eran consideradas monstruosas, se han categorizado enfermedades y se han reconocido diferentes tipos de razas. Sin embargo, la figura adversa a la sociedad dominante siempre será considerada un monstruo, un freak, un prodigio fuera del canon.

En épocas modernas, hemos vislumbrado las apariciones de monstruos en circos, la figura del freak, las malformaciones en la guerra y la eugenesia como exterminio del monstruo y los monstruos de la Universal en el cine que surgen de una cultura pop llena de excluidos y desadaptados. Muchas respuestas siguen en interrogantes, pero lo que sí se sabe es que nuestros monstruos modernos son diferentes. No nos aterran los dragones, ni los trolls, sino otra clase de criaturas: las masas, los virus y, lo más desconcertante, el otro. Se percibe en el aire una nueva cacería de monstruos basada en el que piensa diferente, no hay cronistas contando prodigios de tierras lejanas sino individuos señalando al otro como monstruo: al negro, al homosexual, al de otro credo, a la mujer. Todos somos monstruos. Pero hay monstruos buenos y malos. Estos últimos “quieren que el mundo sea como ellos quieren, necesitan que la gente tenga miedo… esa será la diferencia… un monstruo bueno a veces asusta porque tiene un aspecto peculiar y colmillos, algo que no puede controlar… en cambio los monstruos malos quieren tener el control, que todo el mundo esté asustado para que ellos puedan tener la batuta”[2].

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[1] Leben und Taten Alexanders von Makedonien. Der griechische Alexanderroman nach de Handschrift I., herausgegeben und übersetzt von Helmut van Thiel. Darmastadt, 3, 28, I, p.155

[2] Lo que más me gustan son los monstruos. Emil Ferris. Reservoir Books.

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Cristian Jaramillo Palacio

Tipejo, amante y defensor de la literatura fantástica y de ciencia ficción. Comunicador audiovisual y licenciado en humanidades clásicas. Elfo doméstico en el trabajo, tolkiniano por vocación y lo que más le gusta son los monstruos.

En Twitter: @Untipejox

En instagram: @lecturafantasiosa.

 

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