Bitácora de Navegación del Nautilus 6.1

FORMAS DE LA FE

I

 

Marina Ortiz

 

En el cuento que exploramos hoy nos adentraremos a un mundo en transformación: los temas forman un bucle donde se encuentran pasado-presente-futuro, Génesis-Pasión-Apocalipsis. Como una especie de símbolo de Uróboros, donde el principio consume al final.

En otra columna (3) hablé sobre el tiempo-espacio mítico: el mundo se encuentra “suspendido” de realismo para apelar a lo ácrono o universal. Estas historias rodean nuestro mundo actual y realista a cierta distancia, lo que posibilita una correspondencia y comunicación mutua. Creer en alguna mitología uniría dos concepciones del mundo distintas y las haría comulgar: la experiencia humana y el mundo se racionalizan o explican según una cosmovisión mítica. Lo eterno, mágico o trascendente se hace presente, material y efectivo.

El cuento “El evangelio del hermano Pedro” de Álvaro Uribe, escritor mexicano nacido en 1953 (lamentablemente fallecido el pasado 1 de marzo) y parte de la antología La tienda de los sueños: un siglo de cuento fantástico mexicano (2017), presenta una transformación de esa comunión. En el año 1374, un copista, Piere de Najac, mejor conocido como “el hermano Pedro”, observa su terrible y hermoso mundo a través de su ventana. Francia se encuentra en medio de tiempos tumultuosos: la Peste Negra asola, las batallas contra Inglaterra diezman, el hambre y la miseria predominan. La belleza de la naturaleza y de la religión son los únicos paliativos para sus profundas preocupaciones. “Confundida su piedad cristiana ante las calamidades del siglo, extraviada su razón en los torvos senderos de la Verdad Revelada que no logra conciliar con el infausto derrotero del mundo, marchita su sensualidad en el comercio con el sufrimiento, el hermano Pedro no podía concebir un milagro más grande que la mera persistencia de la vida” (p.84).

Llega a su puerta un desconocido de aspecto ordinario que necesita una versión limpia y pulcra de su manuscrito teológico: De las causa del advenimiento del Salvador al Mundo. Al principio Pedro está renuente, tiene otros encargos más apremiantes del mismísimo papa Gregorio, pero el extranjero le ofrece un pago atractivo y así accede. Deja el manuscrito para último momento, sin embargo al leerlo queda sobrecogido: se trata de un replanteamiento total, una reestructura del orden del cosmos donde el poder de Dios se circunscribe a las leyes equilibradas y perfectas de la Naturaleza y no a una intensión de salvación humana: “Dios no encarna por amor al hombre, sino por fidelidad a Su obra. Debe al Cosmos un pasado humano, y desde la Eternidad, que no significa existencia en todos los momentos sino ser fuera del tiempo, puede escoger una persona cualquiera y una época cualquiera y un lugar cualquiera para sufragar Su deuda” (p.87).

El texto refiere a que Adán nació adulto para nombrar y gobernar el mundo, siendo la capacidad de hablar posterior a la de la memoria. El orden natural de las cosas exige que todo humano nazca y crezca de acuerdo a su biología, por lo tanto hay unos treinta y tantos años perdidos. Según la liturgia, Jesús vivió esos 33 años. Pedro se abruma ante tamaña blasfemia: su lógica despoja de sentido humano a la Pasión de Cristo, pues su sacrificio sólo concierne a pagar esos años que Adán no vivió, y no a una intensión amorosa del Creador para con sus criaturas. El discurso de la salvación se vuelve discurso vacío, palabras bonitas, pues en realidad Dios sólo se responde a sí mismo. “Si la Encarnación, pensó el hermano Pedro, no tiene más objeto que compensar una infracción a la mecánica del universo, la Pasión y la Cruz son incidentes sin consecuencia: no hubo ni habrá misericordia por las almas de los muertos; los pecadores no pueden confiar en la Redención” (p.87). Si antes se sentía perdido, la blasfemia aumentó su desesperación: ante él, la noción de Eternidad despoja al mundo y a sus objetos de valor, porque una concepción matemática y geométrica acomoda las cosas en un plano horizontal.

Se nos presenta así un movimiento de bucle o círculo contra la noción lineal e intencionada de la mitología judeo-cristiana. El pasado mitológico no sólo propone el principio de las cosas, también establece su propósito o destino. En este cuento, el propósito de la Creación no es aquel que el Hermano Pedro creía y atesoraba, sino uno lógico y apático. Vivir una noción lineal, vertical, implicaba una jerarquía entre el pasado, el presente y el futuro, donde éste último es el objetivo que justifica lo anterior. El presente de Pedro era soportable porque el futuro prometía alivio y resguardo. Cambia el pasado y, por consiguiente, el presente y el espacio: el mundo no fue creado para los humanos, por lo tanto no lo pueden gobernar y ya no es una herramienta para la salvación. El tiempo ya no es lineal sino geométrico, y así el hombre se descoloca: es sólo un hilo más, indistinto, del entramado. Ante Pedro, la conexión entre pasado, presente y futuro aflora renovada de pronto y lo enajena de sus creencias previas, ya precarizadas.

La extensión de este trayecto le demanda al Nautilus una pausa para revisar sus engranajes antes de continuar, pues este mundo ficcional es más extenso de lo que anticipamos. Nuestra posición cartográfica es esta: el hermano Pedro no puede despejar sus angustias, porque “tampoco el mundo le ayudó a desmentir los argumentos del desconocido” (p.88). Ve cómo el espacio y sus objetos están en caos y el mundo significa hostilidad: es un campo de batalla sin victoria para su alma. El Pecado Original, el error primario, explicaba los males del mundo; la Pasión de Cristo ofrecía una salida; y la el Apocalipsis prometía una solución final. Todo eso se le escapa para dejar en su lugar un mundo vaciado: pasado, presente y futuro están unidos en círculo, no en discurso redentor. En la siguiente columna, el Nautilus arribará al destino de Pedro y su mundo al borde del Apocalipsis.

Continuará…

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AQUÍ puedes leer el cuento.

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Ana Marina Ortiz Baker

Soy de Monterrey, Nuevo León, México.

Desde la licenciatura estudio la ciencia ficción y la fantasía, y estoy por terminar una maestría en Literatura Hispanoamericana.

Mi tesis de investigación fue sobre el cyberpunk mexicano, en específico el tema del espacio y su relación recíproca con los personajes.

Me gustan los temas del cuerpo, la mujer, la ciudad, los mitos, la magia y la naturaleza.

Los conocimientos que tengo, que son un tesoro para mí, aún tienen mucho que crecer.

Twitter: @maro_baker

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