PISTOLEROS BAJO EL COBIJO

DE LA TORRE OSCURA

 

Rodrigo Ayala

 

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Ya he hablado de mi amigo Luis y nuestra amistad bajo el amparo de las siniestras notas de King Diamond. Ahora hablaré de Alex, o Merino (como creo que es más conocido en los bajos mundos de la vida y la literatura), y de nuestra amistad bajo el amparo del manto del Rey Carmesí.

Merino y yo fuimos presentados en la U de CI (Universidad de Cuautitlán Izcalli) hace ya más de 15 años por una amiga en común que sabía que a los dos nos distinguían tres cosas: el amor por Stephen King, el amor por todo lo relacionado al horror y el amor por escribir.

Esa amiga no se equivocó en nada. A las tres palabras cruzadas, Merino y yo nos convertimos en amigos y compañeros de lo siniestro. De inmediato nos perdíamos en los mares de la fantasía cada vez que coincidíamos en la cafetería o en los pasillos de esa escuela desconocida para el mundo, menos para los que estudiamos en ella. Nuestras charlas nos llevaban de inmediato, como no podía ser de otra manera, a un nombre: Stephen King. Para ambos era el referente, el hombre cuyas obras eran dignas de analizarse de manera microscópica.

Aparte del rey del horror y otros tejedores de pesadillas como Edgar A. Poe, H.P. Lovecraft, Arthur Machen, Richard Matheson, Peter Straub, William Peter Blatty, Clive Barker, Robert Bloch, John Saul, Dean Koontz o Ramsey Campbell, los cuales también nos causaban profunda admiración, nuestras conversaciones ofrecían incontables horas de tributo a los serial killersmás infames de todos los tiempos o las películas más aterradoras de la cinematografía mundial. Igualmente compartíamos secretos, tips o simplemente el placer de la experiencia de escribir horror.

Éramos dos jóvenes que entendían el mundo con base en lo que pasaba en los hechos reales y rigurosos del periodismo, pero también en la magia que brotaba de las extrañas páginas repletas de sangre, muertes y seres espectrales que solíamos leer.

Stephen King

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Hay cuatro cuentos y una novela que relaciono de inmediato con Alex: “Ragú de ternera”, de Francisco Tario, “Si tomas mi mano, hijo mío” de Mort Castle, “La futura difunta” de Richard Matheson, “Superviviente” de Stephen King y Aquí vive el horror de Jay Anson. Estas aterradoras historias me traen recuerdos inmediatos de aquellos años de universidad. De todas ellas, quizá la favorita de Merino sea la segunda, pero para mí la mejor es la primera. Los lectores de Tario sabrán que se trata de una historia de canibalismo bastante original que tiene una de las escenas más horripilantes que mis ojos han tenido el infortunio de leer. Conocí el cuento gracias a Alex y hasta hoy la fuerte impresión sigue intacta en mi memoria.

En cambio, me desquité de ello cuando le recomendé leer la novela de Jack Ketchum La chica de al lado.

Comparto lo que mi amigo me escribió por Facebook:

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Hace muchos años Merino tuvo la experiencia de pisar Bangor, Maine, lugar de nacimiento de Stephen King, y ver de frente la famosa mansión, propiedad del autor, con esa reja negra adornada con dos murciélagos.

Es un lugar de culto, un sitio de peregrinación para todos los lectores constantes del creador de obras como ItPet Sematary, Misery, Revival, The Stand, The Shining, Salem’s LotDr. Sleep o The Dark Half.

Alex no pudo ver a King (era invierno y, como cada año, cuando el frío llega al norte de los Estados Unidos, el maestro estaba alojado en Florida), pero en cambio pudo platicar con el encargado de una librería especializada en la obra de nuestro héroe y recorrer varios de los sitios que aparecen en sus novelas. También me trajo artículos alusivos a King: libros, estampillas, postales, incluso un portaplacas rojo que hace referencia a la novela Christine.  Muchos podrían pensar que debí sentir alguna especie de envidia ante ello, pero no. De alguna manera, no sé exactamente cuál ni cómo, fue como si yo también hubiera viajado hasta allá. Sin embargo, no me conformaré hasta ver Maine en persona y respirar el mismo aire que alimenta los fétidos pulmones de Pennywise, el payaso bailarín.

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Este trotamundos, quien vivió un año en India y se chutó un viaje en autobús recorriendo todo el sur y centro de América, siempre ha tenido el buen detalle de regalarme libros fabulosos: gracias a él conseguí la edición original de The Goth Bible de Nancy Kilpatrick, así como una edición en inglés de la serie Imajica de Clive Barker. Su último obsequio fue una edición en pasta dura de la adaptación a cómic de The Dark Tower de Stephen King (“un regalo anticipado de bodas”, me dijo), historia que nos hermana de la siguiente manera.

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Cuando estuvimos listos para cruzar esa frontera, ambos profundizamos casi a la par en el magnus opusde nuestro héroe literario: The Dark Tower, el relato más ambicioso de cuantos haya escrito King en su vida. En los ocho volúmenes que conforman esta saga  (The Gunslinger, The Drawing of the Three,The Waste Lands, Wizard and Glass, Wolves of the Calla, Song of Susannah, The Dark Tower y The Wind Through the Keyhole, un volumen extra que transcurre entre el cuarto y quinto libro), vemos confluir distintos personajes, mundos y situaciones de otros de sus libros, lo cual convierte a The Dark Tower en la madre de toda la obra kingiana.

El relato se centra en Roland Deschain, un pistolero en busca de la Torre Oscura, guardiana del tiempo y de todos los universos, un enigmático y remoto lugar que oculta misteriosos secretos y designios para quien la halle. Roland desciende de una antigua orden creada por un glorioso rey llamado Arthur Eld, la cual busca preservar la verdad y pureza del universo. El gran enemigo de Roland es el Rey Carmesí, una figura espectral que encarna el Mal absoluto de todos los mundos, con quien el pistolero sostiene un enfrentamiento final con la imponente Torre como testigo.

Roland es acompañado en su viaje en busca de la Torre por tres personajes: Eddie Dean, Susannah, Jake y Acho, con los cuales forma una hermandad o ka-tet. En el mundo de Roland, kaes la fuerza vital que domina los designios de todo ser vivo, algo próximo al destino que no se caracteriza por ser bueno ni malo. Ka-tetes un grupo de personas unidas por el kaque buscan un propósito en común.

Si Merino y yo creíamos amar a King, la lectura de The Dark Tower nos hizo darnos cuenta sobre lo vital que el escritor era en nuestras vidas. La saga tuvo lecturas tan personales e interpretaciones tan trascendentes para nosotros que en distintos momentos de nuestras vidas ambos nos tatuamos el símbolo que aparece en los revólveres de Roland, el último pistolero existente “en un mundo que se movió”, según palabras de Stephen King.

Alex y yo solemos decirnos “Pistolero” cuando nos saludamos o despedimos. No podíamos ponernos otro apodo que no fuera algo relativo a Roland y su mundo. Somos ka-tet.

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Muchos años después de graduados nuestra amistad se asienta por completo en esa oscura conexión que sólo los que estamos enfermos de horror bien conocemos, tal como me pasa con mi prometida Ilse y nuestra adicción al cine más macabro y retorcido.

Hoy, Alex escribe sobre otros horrores con su poesía: la alarmante situación de violencia en contra de las mujeres en México, los feminicidios que empapan de sangre las páginas de los periódicos y la desigualdad social y de género que acosa a esta nación. Yo me gano la vida como articulista de diversos temas de interés general y de manera independiente sigo atrapado en la espiral de lo fantástico.

Pero siempre es King, siempre King, el omnipresente King, quien de manera invariable llena una gran parte de esas horas de conversación cada vez que el Pistolero y yo nos vemos o no escribimos. Ahora Alex ha partido (quizá para siempre, aunque con él eso nunca se sabe a ciencia cierta) a Polonia con su esposa Aga. Estamos en distintos haces, pero eso jamás ha sido impedimento para que la rueda del kanos ponga de frente cada tanto.

En definitiva, es uno de los responsables de que el horror habite en mí como una sombra permanente.

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Mientras redacto esto afuera cae una tormenta épica sobre la ciudad. El cielo está siendo rasgado por los relámpagos y el agua. Estoy rodeado de gente, pero a la vez perfectamente aislado debido al cobijo que la escritura y los recuerdos me proporcionan. Y mi mente imagina perfecta la silueta de la Torre Oscura al fondo de ese cielo gris, casi negro, esperando la llegada de los dos Pistoleros, hijos adoptivos de Arthur Eld.

Ciudad de México

Marzo, 2019

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AQUÍ puedes leer «Ragú de ternera».

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Rodrigo Ayala Cárdenas

Humano con el deseo de ser extraterrestre. El rock, el heavy metal, los libros, el cine de horror, lo extraño, la noche, los bosques, lo sobrenatural, el café y las carreras de larga distancia son sus amadas obsesiones. Ilse es el amor de su vida.

 

 

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