RAPE & REVENGE

Vivi Page

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El cine de terror es, en el sentido más general, una catarsis. Se podría analizar —o sobre analizar— y llegar a muchas conclusiones, pero al final su propósito es entretener a las masas. Y, tanto para el espectador como para el creador, es una catarsis.

Así pues, el subgénero «Revenge» no necesita explorar la psique, no requiere teorías freudianas o jungianas. Su monstruo no es una metáfora, un símil ni una versión hipérbole de algo; su monstruo es claro y conciso; es el enemigo más grande del ser humano: otro ser humano.

A diferencia de los monstruos peludos, de los vampiros, los zombis, los aliens y demás, el villano de este tipo de películas no provoca compasión ni se intenta conocer sus objetivos o motivos; su pasado no es trágico ni su comportamiento es razonable. Y si tuviera la oportunidad de demostrarnos lo contrario, nosotros como espectadores haríamos poco más que asquearnos.

Para entender un poco mejor al subgénero, recordemos sus tres actos:

a) violación e intento de asesinato

b) descubrir si la víctima sobrevivió, revivió o aparece un familiar dolido

c) venganza

En la mayoría de los géneros, el cine cumple una función de distracción —además del ya recalcado entretenimiento—. Los superhéroes fueron una consecuencia de lo sucedido el 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. Los multiversos son el resultado de las secuelas de la pandemia y otros problemas de la actualidad (pensar en otras versiones de uno mismo que sí está cumpliendo sus sueños y otras versiones que están en una situación más precaria que nosotros).

Por el contrario, en el cine de terror en general (aunque enfocándonos en el subgénero que en este texto nos atañe) el primer acto del «Revenge» no es más que un espejo de la realidad; el segundo, el componente dramático que atrapará al espectador; y el tercero, un deseo incómodo pero cierto de hacer sufrir al victimario: una consecuencia de los actos (porque si bien la víctima deja de serlo, por ella sí sentimos compasión). Si ya estás familiarizado con el género lo sabes de antemano, pero aún si no sospecharás que la víctima casi siempre es una mujer. Y lo sospechaste porque —como mencioné anteriormente— esto es un reflejo de las notas que a diario se escriben en los periódicos.

Una de las más conocidas películas de “violación y venganza” es The Last House on the Left, ópera prima de Wes Craven estrenada en 1972. En esta película, los padres de la chica violentada son los vengadores. Debemos recordar el entorno social, pues por aquellos años culminaba la guerra de Vietnam y era muy popular que los soldados violaran a las mujeres del país enemigo (además de la analogía de la perturbación a una clásica familia americana). Un cinta llena de sangre y violencia que hoy ya no parece aterradora, pero que sigue siendo un clásico del género.

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Pero tres años antes (1969) Ingmar Bergman dirigió La fuente de la doncella (Jungfrukällan) con la misma historia del padre vengador tras el asesinato de su hija. Un film poético y religioso como sólo Bergman sabe (y en un cultura muy distinta a la película de Craven).

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Otros países hicieron grandes versiones de esta historia de tres actos, como Bedevilled: película coreana dirigida por Jang Cheul-Soo en 2010. En esta cinta la vengadora es una mujer, luego de cansarse del sistema patriarcal de su pueblo de origen: hombres misóginos en toda la extensión de la palabra (violadores, maltratadores, holgazanes, tiranos). Al final, la violencia de la venganza nos recuerda que es una excelente película de terror.

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Los ejemplos antes mencionados fueron dirigidos por hombres. Sin embargo, en 2017 la francesa Coralie Fargeat rompió la hegemonía con su película Revenge. Aquí, Jen (Matilda Lutz) es una sobreviviente del abuso de unos hombres y pasa de ser una aspirante a modelo sensual a una luchadora sanguinaria. Sí, la historia es la misma y el personaje de la mujer fuerte, enojada y violenta siendo su propia vengadora no es nuevo —Kill Bill (Tarantino, 2003) tal vez sea la más famosa con esta temática—. Y, precisamente, es otro recordatorio de los titulares de noticias.

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Hay quienes cuestionan si una mujer necesita ser ultrajada, despojada de su humanidad, para volverse fuerte. Ya sea que consideremos —o no— feministas a los personajes como Jen, estas historias son un reflejo social con buenos desenlaces que —además de un gran entretenimiento visual— se vuelven excelentes cintas de terror.

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Vivi Page

Nací en la ciudad de Puebla, el 2 de diciembre de 1997. A muy temprana edad me enamoré de las palabras y desde entonces hasta ahora he intentado conquistarlas.

Estudié un año lingüística y literatura. Sin embargo, por azares del destino, dejé la carrera, pero no las letras. Mis relatos van desde lo erótico hasta lo escabroso, publicados en algunas revistas digitales.

Y este es solo el comienzo.

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