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PET SEMATARY

Igajuju

 

Sábado por la mañana, en Canal 5 después de los Looney Tunes empieza una película sobre una familia que se muda junto a la carretera. Están teniendo un picnic muy alegre. Un niño güero y risueño, como de portarretratos, juega con un cometa. De pronto la suelta y la persigue colina abajo, ignorando el rumor de un imponente tráiler. El papá tarda en darse cuenta y corre mientras todos gritan desesperados, pero llega demasiado tarde. La mole de acero desmenuza al niño contra el ardiente asfalto. La escena me impresionó a los cinco años, quedando grabada en mi memoria. El problema es que nunca sucedió tal cual.

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Años después, tras visitarla de nuevo y descubrir la novela de Stephen KingCementerio de mascotas— en la que se basó, me impactó lo poco gráfico y explícito del accidente del pequeño Gage. Sólo un tenis solitario en medio de la carretera, seguido del grito desgarrador del padre, fue suficiente para evocar esas imágenes impactantes.

Publicada en 1983, la historia explora nuestra relación con la muerte y el duelo a través de varias perspectivas generacionales. Todo empieza cuando Louis Creed es contratado como médico de una universidad en Ludlow y se muda con su familia en una casa junto a la carretera. Desde el primer día conocen a su vecino de enfrente, Jud Crandall, un hombre de la tercera edad con el que Louis entabla amistad, a pesar de la diferencia de edades. Jud, al ver a Church (el gato de la familia), les advierte sobre los peligros de la carretera, donde constantemente pasan camiones a toda velocidad y que se han cobrado la vida de muchas mascotas durante décadas.

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La primera mitad de la novela se encarga de sembrar pistas que sugieren que todo lo que les sucede a los personajes forma parte de un destino circular. Louis parece estar condenado desde su infancia al obsesionarse con la imagen de su primer amor muerto o el trauma de su esposa que atestiguó los últimos días de su hermana mayor, consumida por la meningitis. Para reforzar el sentimiento de tragedia, un fantasma se le aparece a Louis —cual Hamlet— para advertirle que el peligro no se encuentra en la carretera, sino en el cementerio de mascotas.

El viejo Jud invita a los Creed a dar un paseo, recorren un sendero detrás de la propiedad de la familia, un camino que es cuidado por los niños de la comunidad. La frase PET SEMATARY —con una escritura infantil— marca la entrada del lugar. Tumbas arcaicas con cajas de aluminio, cruces de madera astillada, lápidas improvisadas con epitafios que han sido borrados por la intemperie y el paso del tiempo. Jud les enseña el lugar de Spot, su fiel compañero de la infancia. Al fondo del cementerio un muro de troncos inestable llama la atención de Louis, el cual siente como si fuera una torre de huesos blanqueados por el sol, invitando a ser cruzado.

La pequeña Ellie queda impresionada de la experiencia y le pregunta a su papá si Church morirá algún día. Lo inevitable y absoluto de esa verdad le ocasiona un malestar que expresa de manera infantil.

—¡Yo no quiero que Church sea como esos animales muertos! —gritó ella, llorosa—. ¡Yo no quiero que Church se muera! ¡Es mi gato! ¡No es el gato de Dios! ¡Que Dios se busque otro gato! ¡Que se busque todos los gatos que quiera y que los mate! ¡Church es mío!

Rachel no puede evitar escuchar el drama y más tarde discute con Louis, exponiendo el trauma que tiene con la muerte y el duelo; no considera que sea un tema adecuado para una niña y cree que Jud hizo mal en mostrarles ese tétrico lugar.

A pesar de que Louis esterilizó a Church, ocurre lo inevitable: Jud encuentra al gato pegado al hielo en el suelo de su patio. Entonces decide mostrarle a Louis un lugar más allá del Pet Sematary. Siguen un camino a través de la muralla de huesos, como en una realidad apartada.  En un antiguo cementerio de la tribu Micmac hay tumbas concéntricas marcadas con rocas. Louis empieza a cavar y entierra a Church en un estado febril, sin saber que acaba de desatar el horror.

Todas las muertes son anunciadas con anticipación, un recurso que parece anti climático y extraño, pero que termina emulando la sensación de lo inevitable. Con eso en mente, una cena de acción de gracias o un picnic con la familia se vuelve un evento agridulce; saber el destino que los personajes ignoran es cruel y como lectores sólo podemos continuar sin hacer nada al respecto.

Otra sensación que puede desesperar son las acciones de los personajes. La distancia que podemos tener con las emociones de Louis influye cómo juzgamos su camino. Para algunos es responsable absoluto del mal que provoca, pero si empatizamos con su duelo —tomando en cuenta que tiene acceso a un poder fantástico, sin mencionar la influencia omnipotente de Pet Sematary en la vida de todos los habitantes de Ludlow—, parece casi inevitable su trágico destino.

La adaptación de 1989 de Mary Lambert puede ser ingenua y pierde algunos personajes entrañables como Norma, pero es efectiva, con momentos impactantes y un buen elenco (como Fred Gwynne, el carismático Herman Munster, como Jud). También es memorable la caracterización del pequeño Gage por Miko Hughes.

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La película de 2019 (Kevin Kolsch & Dennis Widmyer) comete los mismos errores que varias de las películas y series actuales que adaptan otras obras de King: carece de sutileza, los personajes son planos, pesa más la forma, el ritmo es torpe y caótico, el tono es incomprensible.

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Bring Her Back (2025), película de los hermanos Philippou, se siente más cercana a la experiencia de Pet Sematary: todo el dolor y crueldad que genera la pérdida —más un elemento sobrenatural— es un descenso a la locura, cruel y sin concesiones, donde ni los niños pueden escapar.

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Pet Sematary es una novela que invita a la re-lectura. El camino está plagado de fantasmas y presagios que emergen desde el comienzo. Objetos inocentes y comunes (como una cometa) se convierten en terribles heraldos, capítulos con delirios imposibles donde los personajes se torturan negando su realidad, personajes secundarios que adquieren mayor relevancia de la que parecían tener e imágenes que se quedan grabadas en la memoria pero que nunca ocurrieron.

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Igajuju
Especialista en Promoción de la Lectura, egresado de la Universidad Veracruzana.
Fundador de Los Antiguos y Abismales, se dedica a la divulgación de la literatura fantástica y de horror.
Artista visual y cofundador del festival Re-Animando.

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