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LA ENAJENACIÓN NOS ESTÁ MATANDO

análisis de Les chambres rouges

 

Lord Crawen

 

Me tomé un tiempo para entregar esta columna porque hay mucho material que estoy revisando, y justo ahora que comienzo estas líneas pegan fuerte las ideas para hablar de otros temas. Desarrollar el presente análisis me lleva a la cotidianidad, a la facilidad de acceso a contenido y el consumo que éste nos genera día a día. Fuera de la literatura, mi labor como analista de datos es muy complicado de desarrollar, porque las tendencias cambian constantemente; el acceso al contenido y el bombardeo de cosas nuevas en todas las plataformas es inconmensurable.

Les chambres rouges / Red Rooms (Pascal Plante, 2023) llegó a mí una tarde en una de esas plataformas donde suelo revisar videos de quienes comparten material de cualquier tipo difícil de ver o encontrar (porque aun en esta enorme gama de selección, todavía podemos darnos el lujo de buscar, hasta en los sitios más oscuros de internet, sólo para hallar algo que satisfaga una necesidad).

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El golpe mediático con el que arranca la película es un guion desarrollado en la vida cotidiana, en las notas rojas de noticia y en las redes sociales, un foco desagradable y, a la vez, el que empezamos a normalizar. El juicio de un supuesto asesino serial en Montreal, Canadá, al cual se le imputa la vida de tres mujeres menores de edad; se cuenta con dos videos del supuesto asesino, los cuales fueron rescatados de la “Deep Web” a través de una página de prepago, donde enfermos mentales pagan por observar cómo le quitan la vida a una persona, sin importar su edad. El tercer video es un mito, al parecer, en la corte, porque no han podido encontrarlo para finalizar la culpabilidad del hombre, al que sólo se le puede identificar por el color de sus ojos y leves facciones durante los videos.

Aquí entra Kelly Ann, una joven modelo que en un principio no comprendemos su fascinación por acudir a la corte y presenciar los juicios. Ella lleva una vida normal, de una mujer soltera y dedicada, que juega al póker en línea, pero que al mismo tiempo investiga los sucesos del asesino en cuestión. Dentro del juicio, conoce a una joven que, por todos los medios posibles, demostrará que el hombre sentado en la corte es inocente. Conforme los sucesos avanzan, nos enteramos de que esta joven está enamorada del supuesto asesino.

En la película no van a ver los videos de los asesinatos, no van a ver gore, no van a ver criaturas fantasmales, no verán ficción; verán a una modelo enfrascada en encontrar la verdad. Pero para encontrarla, a veces, uno tiene que romper su propia moral.

Quienes amamos las cintas de terror hemos pasado del cine alemán con criaturas fantasmales, de los monstruos de la Universal y la Hammer, de las cintas tildadas de diabólicas y satanistas, de los monstruos míticos del slasher de los ochenta, de las tendencias juveniles y asesinos seriales en los 90, de los zombies de los 2000 al renacimiento de la oscuridad y tecnología en el terror en la actualidad; pero esta película no va a demostrar ninguno de los casos anteriores, nos va a dar un golpe de realidad en el consumo excesivo de lo que tenemos a la mano y que, no estando conformes con lo que tenemos, pagamos más y más por acceder a algo que llene nuestras expectativas.

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Kelly Ann llega a los extremos en esta cinta. Sus actividades tienen un motivo, toda la línea de investigación de una chica que parece haber estado no sólo en el primer o el segundo caso, sino que también está tratando de resolver y hallar el tercer caso y video. Pero mientras observamos cómo las cosas se van torciendo al punto en el que pensamos que es la misma Kelly Ann la asesina, la película entra en un punto de inflexión, estático, sin retorno: cuando encuentras lo que buscas, sin importar el precio, sólo debes mirar.

El costo por encontrar algo, el cual estimamos satisfará nuestras expectativas, muchas veces es alto y nuestra vida suele no ser la misma, para bien o para mal. La película no nos advierte sobre un consumo excesivo, mucho menos nos invita a consumir menos; cada uno tomará su decisión de hasta dónde llegar. Pero lo que sí demuestra es la facilidad que tienen ciertas personas para acceder y pagar por contenido prohibido.

Bajo la documentación de ciertos archivos (videos de guerras en medio oriente, la desaparición forzada de personas), que muchos de nosotros observamos a través de nuestros dispositivos móviles, la línea entre la violencia, la pulcritud, la decencia, el respeto y la morbosidad es cada vez más delgada. Es como si la muerte y el sufrimiento de algunos estuviese para entretenernos, más allá de informarnos.

Les chambres rouges no va a entretenerlos y tampoco va a darles miedo; va a generar en ustedes un dejo de conciencia sobre lo que estamos permitiendo, normalizando y, a veces, defendiendo inequívocamente.

¿Estamos dispuestos a mirar y cambiar nuestra perspectiva?

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Jezreel Fuentes Franco (Lord Crawen) nació el 29 de junio de 1986 en la Ciudad de México.

Estudió Ingeniería en Comunicaciones y Electrónica en el Instituto Politécnico Nacional.

Participante de Concursos Interpolitécnicos de Lectura en Voz Alta, Declamación, Cuento y Poesía.

Ha realizado ponencias en eventos de «Literatura del horror” en el auditorio del centro cultural Jaime Torres Bodet.

Actualmente publica en El nahual errante y Sombra del aire, ambas revistas de corte virtual.

Autor de Poltercast (2024).

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