LA PRIMERA ARAÑA

II

Emiliano González

Primera parte

 

En El hacedor de lunas, novela corta de Robert W. Chambers (publicada en 1896), una mezcla de araña, diablo y erizo, con patas de cangrejo, sale del bolsillo de la americana del personaje Godfrey. El ser amarillo, de aspecto venenoso, con ojos que parecen pintados, carente de boca y de colmillos, hace pensar en el fragmento de un organismo más grande y aún más grotesco. Espantando pájaros, conejos, liebres, comadrejas, osos y ciervos, muchos seres arácnidos y velludos, como el que he descrito, pasan “por centenares, envenenando el aire, cayendo, retorciéndose”. Al final de la novela de Chambers los personajes planean dragar un lago y limpiar “el bosque de los cangrejos reptantes”. El “bicho inmundo” de la novela, especie de pesadilla, le ha sido inspirado al autor por “La araña-cangrejo” de Erckmann-Chatrian.

Las lunas del hacedor y el monstruo arácnido nos hacen pensar en la obra de Luciano de Samosata. El hacedor mismo proviene de una nota del romántico Thomas Moore acerca de un “hacedor de lunas” que divierte por dos meses al pueblo de la ciudad de Nekscheb, haciendo salir cada noche del fondo de un pozo un cuerpo luminoso parecido a la luna. La nota figura en Lalla Rookh, libro de 1817 con motivos persas.

 

H. G. Wells, en el cuento “El valle de las arañas”, nos habla de esferas irregulares, enormes, blandas, rasgadas, filamentosas, parecidas a sábanas atadas por las puntas, medusas aéreas que giran sin cesar mientras avanzan, arrastrando largos hilos y franjas de telarañas. Las esferas están llenas de arañas grandes. “El valle de las arañas” figura en el libro Doce historias y un sueño (1903).

Hay ecos de la Historia verdadera de Luciano y de la leyenda del sueño de Endimión en el poema dramático de Ernest Dowson “El Pierrot del minuto”, en que, después de ofrendarle flores a Eros, Pierrot es visitado por una dama lunar que lo embruja, impidiéndole amor a las damas mortales. Pierrot compara a la dama lunar con la parca Cloto, y dice que ha tejido con sus hermanas una telaraña de veneno. Según Hesíodo, Cloto hila la vida y, según Platón, Cloto conoce el presente. Sus hermanas son Laquesis (la fatídica, que conoce el pasado, tensa los hilos vitales) y Atropos (la inflexible, que conoce el porvenir y corta los hilos vitales). Cloto, urdidora de los hilos vitales, se vuelve fatal como sus hermanas en el poema de Dowson. La dama lunar es hija de la luna y vive con sus hermanas y su madre en un palacio de ágata, cerca de una laguna verde. Todo es blancura, luminosidad y pureza en el palacio. La dama es fría como las damas blancas de las leyendas horripilantes. Quien ha sido besado por la luna, ya no puede amar a las mortales. La dama lunar abandona a Pierrot, lo deja solo con su destino. La dama lunar canta: “El amor permanece durante una noche de verano y luego vuela hacia su casa de estrellas…”  El telón cae sobre Pierrot dormido. Los influjos de Shakespeare, de Gautier, de Laforgue, son obvios en el poema de Dowson, que es original y raro, sorprendente, con su comicidad y su tragedia.

Portada para «The Pierrot of the Minute», por Aubrey Beardsley (1897)

En el primer libro de “Endymion” de Keats, podemos leer los siguientes versos: “La fuente de Morfeo, / ese fino elemento de que están hechos los sueños, / fluye en sus cauces aéreos con respiración tan sutil y delgada / que ni la lanzadera de una araña / enredándose un millón de veces en torno / a la puerta del nido de una golondrina / podría dilatar su rastro, / el matiz de su naturaleza.”

“Endymion” es publicado en 1818. En el poema, el humano asciende una escala de belleza hasta lograr su unión con la esencia.

Aleister Crowley, en su Libro cuatro (1912), transcribe unos versos ligeros y populares: “La pequeña Miss Muffett / estaba sentada en un tuffet/ comiendo requesones y suero, / surgió una gran araña / y se sentó a su lado / y espantó a Miss Muffett.”

Crowley explicaba que la pequeña Miss Muffett sin duda representa a Malkah, pues es soltera (“Malkah” es una joven, la “esposa”, el ama irredimible). Y está sentada sobre un “tuffet” (un puf); o sea, ella es el alma no regenerada sobre Tophet, el abismo del infierno. Y come requesones y suero: no se alimenta con la leche pura de la madre, sino con la leche que ha pasado por la descomposición.

Pero… ¿quién es la araña? De verdad, ¡en esto hay un arcano venerable implicado! ¿Quién es esta araña “que se apodera de lo que quiere con sus manos y está en el Palacio del Rey”? El nombre de esta araña es la Muerte. Y es el miedo a la muerte el que primero hace que el alma sea consciente de su condición desamparada.

Sería interesante –concluye Crowley– si la tradición hubiera preservado para nosotros las aventuras subsiguientes de Miss Muffett. La “araña de la muerte” nos lleva a la poesía de Herrera y Reissig.

Poco después, en el mismo libro, Crowley afirma que la Espada del Mago se opone a los demonios que acechan en la telaraña de la emoción. Si las percepciones son engañosas, las emociones son peores, pues hacen creer a sus víctimas que tienen significado y verdad. Las emociones son obsesivas.

La Espada del Mago purifica las emociones y las vuelve percepciones. Crowley, al decir “purifica”, quiere decir “refina”: la Espada es trágica y catártica. La Espada es la Razón y la facultad analítica.

En Hija lunar (Moonchild), una novela publicada en 1929, Crowley nos habla de una joven que tiene la visión de una araña con seis patas. La cabeza y el cuerpo forman una esfera negra, cubierta de ojos móviles que emiten rayos “de oscuridad” hacia todos lados, y bocas que chupan a su víctima sin remordimientos y sin cesar, y la arrojan de nuevo en forma de hilos frescos de telaraña vibrante. La joven de la visión se llama Iliel. Esta araña se ve precedida de otras imágenes de Sabbath: adoradores que ofrecen sus niños a dioses, que a su vez los arrojan hacia el centro de la telaraña. Los dioses son de México, Perú, Siria, Babilonia, Grecia, Roma, Etiopía. Increíbles insectos, raros animales, horribles reptiles danzan, cantan y giran frenéticamente. Al final, aparece la araña negra, para completar el horror de Iliel. Recordamos el cuento de Gotthelf, en que la araña es calmada con el sacrificio de un niño sin bautizar.

El nombre de la joven, Iliel, nos hace pensar en Ixchel, diosa tejedora maya. Los ojos que emiten rayos de oscuridad nos llevan al sol negro, emblema del opio para el romántico Nerval. El sol negro en alquimia es la materia prima, el fango, el excremento, el metal de baja ley que debe ser transmutado.

La araña es diosa tejedora, como Ixchel (diosa maya sexual y lunar) y es “emblema del Universo y de la manifestación concreta” para los indios norteamericanos, nos dice Hallie Iglehart Austen en su libro El corazón de la diosa, publicado en 1990. Iglehart Austen dice que las arañas son protectoras  de lugares sagrados para las primitivas culturas del mundo. La Abuela Araña es la única criatura capaz de devolver la luz de la tierra desde el Pueblo del Sol. Es la creadora del sol y ha dado a los humanos el fuego según los mitos “cherokees” y “Kiowa”. Si el romántico Jeremías Gotthelf contrasta el sol con la araña, los indios comparan el astro con el insecto. Susitamako, la mujer araña de los indios, teje su tela en la gran oscuridad del Vacío de la Matriz Original. Teje su tela la araña en las cuatro direcciones y canta hasta crear a sus hijos: Ut Set y Nau Ut Set crean la luna y el sol de caparazón iridiscente de abulón, turquesa y rocas brillantemente coloreadas. La mujer araña crea a los humanos, teje un manto de sabiduría y amor, fija una trenza de su cabellera al portal situado arriba, en la cabeza, una conexión psíquica similar a la de los Kung en África, que dicen que sus espíritus vuelan al cielo a lo largo de hilos tejidos por una araña cuando hay danzas de trance. Esta abertura se cierra y el humano olvida a la diosa, pierde la sabiduría universal de la Mujer Araña. Los cantos pueden mantener la puerta abierta.

Según la autora poética Paula Gunn Allen, en el Principio fue el pensamiento, llamado Mujer, y la Creadora fue una Mujer Araña, que tejió a los humanos: la Diosa más vieja.

Las hija de la mujer araña y el caparazón del molusco nos hacen pensar en la araña-cangrejo de Erckmann-Chatrian. Ut set y Nau Ut Set nos llevan a Tarantella, de “La hija del dios arácnido”, que es un cuento premonitorio de Beatriz Álvarez Klein y mío. Digo premonitorio porque no conocíamos, al escribirlo, el mito indio.

Tezcatlipoca, dios invisible o Supremo Ser, que lleva al monismo a Netzahualcóyotl, significa espejo reluciente. Su ídolo tiene en la mano izquierda un abanico de oro y plumas que parece un espejo, con lo que los artífices denotan que aquel dios ve todo lo que pasa en el mundo. Según la leyenda, Tezcatlipoca baja del cielo por una cuerda hecha de telarañas para expulsar a Quetzalcóatl, vuelto después dios. Tezcatlipoca, aunque dios supremo, convive con muchos otros dioses en la mitología prehispánica. El espejo nos hace pensar en el gran cristal de Luciano que permite ver todo lo que pasa en el mundo. La cuerda hecha de telarañas que baja del cielo nos hace pensar en la luna y en las arañas de Luciano.

En  La vida y las doctrinas de Sócrates, de Jenofonte, podemos hallar un capítulo acerca de la cortesana Teodota, mujer que atrapa a los hombres con su telaraña de belleza y talento para convertirlos en esclavos. Al ser invitado a verla a menudo, Sócrates le dice que tiene personas durante la noche y el día que han aprendido de él filtros y hechizos amorosos, y que le es imposible ir. Pero la invita a visitarlo si no hay nadie con él a quien quiera más que a ella (especie de mujer-araña).

La primera mujer de Adán, Lilith, es araña tejedora en el soneto de Rossetti: ella atrae a los hombres para mostrarles la tela que teje, hasta que el corazón, el cuerpo y la vida son suyos. La tela es como una red luminosa hecha de pelo, y Lilith les rompe el cuello a los hombres y les rodea el corazón con un cabello estrangulador.

El poeta maligno de los versos de Theodore Wratislaw es como una araña que teje la tela de sus rimas para atrapar lectores inocentes y mujeres purísimas.

En la literatura moderna, la araña, que empieza siendo uno de los aspectos del demonio, acaba convirtiéndose en un dios, pero antes ha sido vampiro (en un cuento de Eugenio Troisi), cangrejo (en Erckmann-Chatrian), ídolo (en Dunsany). El dios arácnido de los mitos de Cthulhu es en realidad un ser de otro planeta y puede pasar de una dimensión a otra. El paso de religión a ciencia se ve simbolizado por esta gradual metamorfosis, en la literatura, de una araña imaginaria.

La araña, imagen demoniaca, se ve irrealizada por los artistas literarios. Pero estos no olvidan a la ciencia, que desde el principio acompaña a la figura del insecto monstruoso.

Si la araña pasa a ser dios, en los mitos de Cthulhu, es porque es emblema de los viejos dioses paganos, olvidados por los religiosos cristianos, que desfiguran el sentido original. De una especie de Edén o de Atlántida primigenia el dios arácnido Atlach-Nacha es expulsado por consagrarse a la magia negra con otros dioses, en el mundo literario de Lovecraft. De ser un demonio la araña pasa a dios y ser vivo.

En el cuento “La hija del dios arácnido”, la deidad se feminiza y lo concreto se vuelve abstracto. Tarantella es una criatura de otra dimensión y de otro planeta, sexual, erotizada y enigmática.

En Stoker la araña es una especie de gárgola viva en una iglesia española. Su aparición en la novela Drácula la conecta con murciélagos y vampiros. En la narrativa de Erckmann-Chatrial la araña es muy grande y se fusiona con el cangrejo, influyendo sobre la narrativa de William Hope Hodgson. En un moderno cuento del español José M. Aroca, la araña es roja, tiene aspecto fungoide y es un vampiro como en Troisi.

El anónimo autor de “La araña negra” nos habla de un demonio, Baal, que es una araña con tres cabezas: una de gato, una de sapo y una de hombre. Según A. E. Waite, Baal domina el Este, imparte la invisibilidad y la sabiduría. Su voz es ronca.

Si comparamos el final de “La araña cangrejo” de Erckmann-Chatrian con el final de “El almohadón de plumas” de Quiroga veremos la similitud:

“Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de plumas.”

Así termina el cuento de Quiroga. Veamos ahora el final del cuento de Erckmann-Chatrian:

“…algunos insectos, sometidos a la elevada temperatura de ciertas aguas termales, que les procuran las mismas condiciones de vida y de desarrollo que tienen en África o América del Sur, pueden alcanzar tamaños fabulosos.”

El cuento de Quiroga se inspira en Erckmann-Chatrian y en el cuento de Eugenio Troisi sobre una araña-vampiro.

En la mitología hindú, el rey de los “rakshasas”, Ravana, tiene diez cabezas y veinte brazos, parece una araña, y es un demonio vampiro. Se enfrenta a Hanuman, el rey-mono. Recordamos al mono de una de las alucinaciones de Alicia, en “El almohadón de plumas”, del cuentista uruguayo Quiroga. En el cuento vampírico de Quiroga, Alicia es como la princesa Sita del Ramayana y a la vez como un equivalente femenino de Sidartha. Quiroga señala, por medio de su cuento, la distorsión de las leyendas hindúes. Tiene un precursor: Joseph Sheridan Le Fanu, el autor irlandés, que en su libro En un espejo oscuro presenta un cuento sobre un mono y otro sobre una vampiresa. La “rakshasa” (diablesa vampírica) y el amor aparecen juntos en un fragmento de Valmiki.

Hanuman es descrito a veces como un Hércules-fauno y a veces como un mono gigante.

Al pasar de religión a ciencia, la araña se vuelve objetiva. Entonces, los artistas literarios la vuelven irreal, subjetiva, mas no es ya un motivo religioso ni supersticioso.

La literatura se acerca a la actitud de la ciencia humanista. El ser imaginario es descrito científicamente.

La araña en la iglesia española de Stoker nos hace pensar en el hecho de que las palabras “araña” y “España” terminan igual en español y comienzan igual en inglés: “spider” y “Spain”. Este hecho, descubierto por mí, me hizo alguna vez imaginar un título para un libro Spiders and Splendours (Arañas y esplendores). Pero finalmente el libro se tituló Los sueños de la bella durmiente.

Continuará…

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Imagen de cabecera: «Atlach-Nacha», por John Casey.

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Emiliano González

Autor de Miedo en castellano (1973), Los sueños de la bella durmiente (1978, ganador del premio Xavier Villaurrutia), La inocencia hereditaria (1986), Almas visionarias (1987), La habitación secreta (1988), Casa de horror y de magia (1989), El libro de lo insólito (1989), Orquidáceas (1991), Neon City Blues (2000), Historia mágica de la literatura I (2007) y Ensayos (2009).

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