¿LEER O NO LEER A HARRY POTTER

DE UN TIRÓN?

 

Vanessa Puga

 

Hace poco, durante la hora de la comida, en mi casa surgió una discusión acerca de las adaptaciones al cine de varios libros. Todo surgió por equis película que mi hermana y yo habíamos visto, basada en un libro. La película dejó mucho que desear en nosotras, por motivos dignos de una publicación aparte.

Mi hermana investigó que, en la adaptación para el cine, cambiaron muchas cosas fundamentales del argumento del libro. Mi hijo, actualmente un pre-adolescente de 11 años, comentó que es imposible adaptar fielmente un libro al cine. Mi madre dijo que sí se puede, pero entonces tenemos entregas épicas del tipo El señor de los anillos, películas de tres horas (o más en sus versiones extendidas). Y aun así dudo que se pueda transpolar todo lo de la tinta a la pantalla.

Entonces surgió el comentario de que sí es posible, si notamos que el cine es un lenguaje distinto a la lectura, adaptar un libro a una película que mantenga la esencia de la historia, sin acabar siendo una cosa tediosa de ver. El ejemplo que vino a mi mente fue Harry Potter.

“El único problema que le veo a las películas de Harry Potter es que, como no habían salido todos los libros, fue muy fácil para los guionistas quitar personajes sin saber que después iban a tener que componer escenas en el futuro”, comenté. Me refería a la extracción del poltergeist Peeves, al cual borraron de un plumazo desde la primera película, a pesar de que para la huida de los gemelos Weasley sería necesario (o para escenas de la guerra contra los Mortífagos).

Esto no lo comprendió mi pequeño, que no pudo terminar el primer tomo de Harry Potter hace unos años. Mi hermana le recriminó: “No sé por qué no los leíste, si los primeros tres tomos son 100% para niños”.

Aquí intervine a favor de mi pequeño monstruo:

“Son para niños de diez u once años, no de seis o siete”.

Y retomé una discusión que ya he tenido antes con otras personas: ¿qué edad es la correcta para leer una historia como Harry Potter?

UNA GENERACIÓN QUE EVOLUCIONÓ CON EL NIÑO QUE VIVIÓ

 

Todos los que, como mis compañeros de generación y yo, leímos Harry Potter mientras se iba publicando (en mi caso, finales de secundaria, toda la prepa y mis primeros años de universidad) tuvimos un tiempo de espera entre un libro y otro a partir del cuarto [los primeros tres tomos llegaron en español a México de un golpe].

No sólo se trata de un tema “tú ya no sabrás lo que fue esperar años por los libros” (fans de GoT, no hablemos de esperas largas, ustedes ganan sin lugar a dudas), sino de un tema de crecimiento.

Hace poco un amigo me comentó que, en el quinto libro, él se identificó un poquito con el quejumbroso Harry de 15 años, pues él tenía la misma edad. En cambio, para mí el quejoso de Harry que encontramos en Harry Potter y la orden del fénix me parece insoportable: yo ya tenía 20 años cuando me topé con él.

Los años que pasaron entre un libro y otro, permitieron a las generaciones que iban leyéndolo alcanzar a Harry en sus diferentes etapas. Mi hermana, por ejemplo, empezó a leer los libros alrededor de sus 10 años, motivada por la lectura familiar (mi papá, mi mamá y yo íbamos leyendo los libros) y los años de espera permitieron que encontrara a un Harry de 15 años cuando ella estaba cerca de la edad.

Era fácil identificarse con los personajes porque, mentalmente, los lectores también íbamos evolucionando con los años de espera. Por eso, era natural seguir involucrado con una historia que inició como un cuento infantil y poco a poco se transformó en algo más enredado y oscuro.

¿LA EDAD IDEAL PARA LEER A HARRY POTTER?

 

La generación que vivió el surgimiento y la evolución de Harry Potter fue la única que tuvo esa oportunidad: ahora los libros y las películas están todas ahí afuera, disponibles para quien quiera leer/ver las aventuras del joven mago y sus amigos. Ya no hay un tiempo de crecimiento mental.

Empero, yo no dejaría que mi hijo leyera todo Harry Potter de trancazo. Simplemente porque hay cosas que no le van a hacer click, y con ello perdería parte de la experiencia. Por supuesto no me espanta que lea en este momento todo, pero me parece que sí hay un pedazo de la experiencia que se pierde al leer ciertas historias siendo más pequeño.

¿Mi recomendación? Dejaría que fuera leyendo uno por año, empezando ahora que tiene 11 y siguiendo hasta los 17. Claro, considerando que él quiera leerlos, porque a la fuerza ni los zapatos…

¿Por qué esta idea que parece, incluso, retrógrada? “No tiene la edad correcta para leer esta historia”.

Desde el punto de vista de la pedagogía se los puedo explicar un poco mejor: el cerebro humano sigue formándose hasta los 18 años en cuanto al acomodo neuronal. Si bien la inmadurez cerebral es uno de los puntos por los que es más probable que un adolescente se vuelva adicto a drogas o alcohol, por ejemplo, también es un punto importante para saber/poder asimilar cierto tipo de historias.

Los adultos que leen historias de literatura infantil y juvenil (LIJ) tienen más herramientas (sea por la experiencia o por estudio) para relacionarse con lo que los autores narran. Para mí, las mejores historias de LIJ son las que logran que me vuelva a sentir niña o adolescente al leerlas. En cambio, los jóvenes que leen estas historias no siempre tienen el marco de referencia para entender ciertas cosas, haciendo que, una de dos: se imaginen la situación y creen sensaciones a partir de lo imaginado (el caso más feliz de la lectura) o se les pase de largo, perdiendo parte de la experiencia.

Por decir algo: es poco probable que un niño de 11 años se relacione realmente con la idea del crush de Harry con Cho en el cuarto libro, porque el lector apenas va saliendo de la etapa “guácala las niñas” y algunas formas de actuar de Harry son incomprensibles si no se tiene el conocimiento de lo que es el primer crush de secundaria. No que no se pueda leer la historia, simplemente la experiencia queda incompleta.

Habrá quien me diga: “Pero por eso el que lee vive muchas vidas: porque así logra vivir cosas que de otra forma no podría” y es cierto, pero para ello se requiere un mínimo bagaje cultural/experiencial que se va construyendo durante la infancia y la adolescencia. Los libros de J.K. Rowling funcionan muy bien porque apelan al recuerdo de ciertas emociones vividas en los años adolescentes. La generación que creció con estas historias se relacionó tanto con ellas no sólo por la historia central (cómo Harry vencería a Voldemort) sino por el “yo también estoy viviendo esas sensaciones” durante la adolescencia.

Es por eso que yo no recomendaría a un pre-adolescente leer todo Harry Potter de un tirón. Las cosas buenas, como las experiencias enriquecidas de la lectura, llegan para quienes esperan.

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Vanessa Puga

También responde al nombre de Nerea o al apelativo de bruja. Dicen que nació en la Ciudad de México, pero ella sospecha que la inventaron las novelas de fantasía y aventura y la aventaron en un mundo que no le corresponde. Tiene un serio crush con lo creepy. Ávida lectora y escritora —de preferencia a mano, con letra cursiva y tintas de colores—, es imán de geeks aunque no entienda todos los fandoms. Hornea panqués cuando está excesivamente estresada.

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Twitter: @Nereavpv

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