RECORDEMOS A

URSULA K. LE GUIN

Ramón Fernández

 

Murió una mujer extraordinaria. Una autora que decidió hacer ciencia ficción y fantasía, pero que dejó a un lado las reglas de los hombres para crear sus propias historias, llenas de enseñanzas profundas y temas sociales complejos. Una autora que, en un simple párrafo y como si nada, podía dejarme atónito:

To see that your life is a story while you’re in the middle of living it may be a help to living it well. It’s unwise, though, to think you know how it’s going to go, or how it’s going to end. That’s to be known only when it’s over. And even when it’s over, even when it’s somebody else’s life, somebody who lived a hundred years ago, whose story I’ve heard told time and again, while I’m hearing it I hope and fear as if I didn’t know how it would end; and so, I live the story and it lives in me. That’s as good a way as I know to outwit death. Stories are what death think he puts an end to. He can’t understand they end in him, but they don’t end with him.

Darte cuenta de que tu vida es una historia que estás a la mitad de concluir, puede ayudarte a vivirla bien. Es imprudente, sin embargo, pensar que sabes cómo transcurrirá, o cómo terminará. Eso sólo puede saberse cuando se acaba. E incluso cuando se acaba, incluso cuando es la vida que alguien más vivió, alguien que vivió hace 100 años y cuya historia he escuchado incontables veces, mientras la escucho me entusiasmo y temo como si no supiera cómo terminará; y de esta manera vivo la historia, y ella en mí. No conozco mejor manera de burlar a la muerte. Las historias son lo que la muerte cree que acaba. No puede entender que acaban en él, pero no acaban con él. (Traducción propia)

Ilustración: Drew Weing

Este es el inicio del segundo capítulo de su libro Gifts (Los dones), una serie juvenil que comenzó en 2006. No es el libro suyo que más influyó en mí, ni es el libro por el que se le recordará con más fuerza, pero en una escasa página logró marcarse en mi memoria como con granito.

Tuvo una voz e inteligencia únicas, sí, y expresó siempre su opinión por incómoda que fuera, mas su verdadero poder fue que era imposible cruzar su camino sin que te cambiara por completo. El mundo estará dominado por los secuaces de Trump, que cargan con los textos de Ayn Rand como si fueran Biblias, pero siempre habrá alguien que se levante en protesta cargando una copia de Los desposeídos. Siempre encontraremos en planetas como Urras y Anarres, en lugares como Terramar o la Costa Oeste, nuevas respuestas al mundo; así como encontraremos nuevas preguntas a nuestras respuestas.

Ursula nos entregó nuevos mundos, nuevas utopías, y después nos hizo pensar sobre los costos que conllevan. Escribió hasta poco antes de su muerte y nunca dejó de darnos ficción relevante y poderosa. No puedo hacer más que invitarlos a que la recuerden. Pueden leer sus cuentos, como “Los que se alejan de Omelas”, sus noveletas, como El nombre del mundo es bosque o La hija de Odren, alguno de sus 20 libros, como La mano izquierda de la oscuridad, u otra de sus muchas obras. Pueden verla hablar con fuerza y honestidad, como lo hizo hasta sus últimos días, en discursos como este…

No importa cómo lo hagan, pero escúchenla, recuérdenla y déjense influenciar por su poderosa voz. Enfrentemos a este mundo cada vez más cruel y dividido con la fuerza de las ideas y la imaginación. Aprendamos, aunque sea un poco, de una de las voces más potentes del género fantástico.

Recordemos que las historias son lo que la muerte cree que acaba. No puede entender que acaban en él, pero no acaban con él. Contemos su historia a través de la nuestra.

Ursula K. Le Guin

 

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Ramón Fernández Ayarzagoitia

En horario laboral, Ramón usa corbata y está convencido de que su computadora quiere consumirle el alma. Después, es un ecléctico amante de la fantasía y la ciencia ficción.

@ram_fa

 

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