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Cuarta carta náutica

TESOROS MALDITOS Y OTRAS CHUCHERÍAS

 

Alejandra Q. Pérez

 

Todo buen pirata tiene en su poder un gran tesoro; o bien, busca incansablemente hacerse de un excelente botín. Es algo tan común, que inclusive tenemos esa misma fórmula en historias que no pertenecen a la ficción de los piratas.

En las historias más populares de piratas, tenemos tramas complejas que giran en torno a tesoros que, en su mayoría, albergan un secreto místico que los vuelve peligrosos a la vez que codiciados. El ejemplo principal, y uno de los que mejor utiliza esta fórmula, es la saga de películas Piratas del Caribe (2003), donde conocemos tesoros como el “Oro maldito de Cortés”, el “Corazón de David Jones”, la “Fuente de la juventud” y, en su entrega final, el “Tridente de Poseidón”. Además de mencionar otros objetos de gran valor, como las “Cartas de navegación” (que marcan diversas rutas, incluyendo al fin del mundo) y la muy conocida y codiciada “Brújula” del capitán Jack (que apunta sólo a lo que más desea tu corazón en ese momento).

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La fuente de la juventud (Lucas Cranach el Viejo, 1546)

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Aunque el tesoro que más se apega a esa idea de “tesoro maldito” es, como su nombre lo indica, el “Oro maldito de Cortés”, el tesoro que nos interesa destacar hoy es “La fuente de la juventud”, pues su búsqueda incluye también la recolección de otros objetos y la captura de una sirena. Es en esta película —Piratas del Caribe: Navegando en aguas misteriosas (Rob Marshall, 2011)— donde nos encontramos con una caza del tesoro a su nivel máximo, ya que vemos no sólo a los piratas ir tras él, sino también a las armadas más poderosas de la época, como lo son la inglesa y la española. Tenemos además un ritual profano —para ello la recolección de objetos—, donde se necesitan dos copas sacadas del barco del mismísimo Ponce de León. En general, toda la película (la cuarta de la saga) es una constante de búsquedas de diversos tesoros y objetos míticos, lo que la vuelve una entrega muy interesante de ver.

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Así como Piratas del Caribe, podemos mencionar otros ejemplos conocidos como el manga/anime One Piece (1991), donde la tripulación protagonista viaja por el mar en busca del tesoro del mismo nombre, o la película animada El planeta del tesoro (2002), donde nuevamente el propio título nos dice cuál es el tesoro a buscar.

Es justo en esta última opción donde podemos conectar con el origen de los tesoros pirata en la vida real. Como ya hemos mencionado en anteriores ocasiones, El planeta del tesoro está inspirada en La isla del tesoro, novela de Robert Louis Stevenson escrita en 1883, quien, a su vez, toma como inspiración la leyenda del pirata William “Captain” Kidd: este marino escocés fue un corsario al servicio de Inglaterra, quien comenzó ataques de piratería, fuera de sus deberes como corsario, contra barcos del Imperio Mongol tras perder a parte de su tripulación por una epidemia. En la época de Kidd, era de cierta forma común que los piratas —en especial los de bajo rango— enterraran sus botines a fin de no ser asaltados por otros piratas. La diferencia entre estos hombres y Kidd radica en que el corsario hizo de esta práctica una leyenda, pues en su juicio aseguró haber dejado más de un tesoro enterrado durante sus viajes, además de que dichos tesoros eran de grandes sumas de dinero.

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William Captain Kidd

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Fue a partir de estas declaraciones que se iniciaron búsquedas, tanto legales como ilegales, de los codiciados tesoros de Kidd, incluyendo la búsqueda de su barco, que también había sido escondido cuando se dio cuenta de su inminente captura. Se cree que inclusive existen partes de su tesoro en Japón, lo que lo ha vuelto un personaje muy conocido en tierras niponas.

Por supuesto, Stevenson no fue el único que tomó al capitán Kidd como inspiración. Antes de él, el maestro del terror Edgar Allan Poe tampoco pudo resistirse a la leyenda de los tesoros y en 1843 publicó “El escarabajo de oro”, donde le añade complejidad a la búsqueda al hacer que su protagonista deba resolver un código para lograr dar con el tesoro.

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Como hemos visto, a la humanidad le gustan los misterios, razón por la cual podemos encontrar muchos ejemplos de tesoros perdidos a lo largo de la historia que inspiran a los artistas y escritores a crear obras emocionantes con sus leyendas. Esto no sólo sucede en la literatura. En el caso de la música, tenemos a la banda de dark ambient Nox Arcana, quienes crearon un álbum inspirado en la ficción pirata: Phantoms of the High Seas (2012), donde narran la historia de un barco perdido en el mar y la búsqueda de un tesoro. Para lograr un mayor efecto han colocado pistas en las canciones, de modo que sólo se conozca toda la historia al escuchar el álbum completo, tal como si siguieras un mapa del tesoro.

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Al igual que estos ejemplos, existen muchos otros en la ficción que hacen uso de los tesoros, ya sea que estén malditos o no. La búsqueda siempre será un recurso que permita el desarrollo de una historia interesante, encontrando que inclusive existen obras donde la búsqueda de objetos míticos se mantiene de forma mínima, es decir, no es el punto central de la historia, pero esos objetos mantienen la importancia de manera constante, como lo sería el caso de las “Esferas del dragón” en Dragon Ball (1986) o el encontrar el escondite y la forma de vencer a Muzan, villano principal en Demon Slayer (2019).

Los tesoros, objetos misterios y las búsquedas peligrosas son una constante en la ficción, lo que nos recuerda que no todo en este mundo está dicho y aún queda mucho por descubrir.

¿Encontraremos nuevos tesoros? Habrá que mantener el ojo atento para averiguarlo.

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AQUÍ puedes leer «El escarabajo de oro».

 

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Alejandra Q. Pérez (Guadalajara, Jalisco; 1999)

Egresada de la Lic. en Escritura creativa (UdeG).

Codirectora del proyecto Palabras en Común, dedicado a la difusión del arte y la creación de talleres literarios.

Ha publicado en diversas revistas y antologías digitales y físicas.

Ponente en el Primer Encuentro de Estudios Frikis (Colef, 2023) y en el Primer Encuentro de Minificcionistas en Jalisco (UdeG, 2023).

@alejandraqperez

@palabrasencomun

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