LA MADRE
en
ANTICRISTO
Monserrat Jacobo
PRÓLOGO
*
He visto muchas veces Anticristo (2009) de Lars von Trier. No soy una experta en cine, fotografía o análisis filmográfico, pero esta película abrió una grieta en mí, me sumergió en el mundo de lo “antinatural” y no he podido (ni querido) salir. Todo lo que he visto ahí de alguna manera me habita, no sólo en mi carne: lo he visto y reconocido en otras mujeres. Nos hemos reconocido.
*
*
En el universo de von Trier hay un hombre y una mujer. No son nombrados, sólo son ELLA y ÉL (interpretados por Charlotte Gainsbourg y Willem Dafoe), quienes hacen un pasaje del éxtasis sexual a la muerte. Entonces todo se derrumba: el hijo, la pareja, la madre. Es en este derrumbe donde —para mí— aparece lo maravilloso, crudo, cruel y antinatural, donde ELLA se muestra como un personaje complejo que transita por el desconsuelo, el dolor, el caos y la desesperación; se desliza lentamente en la espesa oscuridad del bosque y de sí misma. A través de su investigación y escritura, se encuentra con estas mujeres que abren una grieta hacia adentro, hacia lo implacable. “Las hermanas de Ratisbona podían llamar al granizo”, le susurra a ÉL mientras sostienen el exceso de su sexualidad burda entre las raíces de un árbol, donde sus cuerpos aparecen rodeados por muchas manos que no logran asirse de nada, pero que hace pensar que las hermanas han sido evocadas; las mismas que han sido figuras míticas, que están íntimamente relacionadas con la brujería y simbolizan el poder destructivo de la naturaleza. Este es el gran quiebre: el poder destructivo de la naturaleza humana, de las mujeres, de las madres. No hay retorno, estas fauces se abren para entrar en el mundo de lo innombrable, censurado y negado de la naturaleza femenina, de lo materno, eso de lo que la cultura no quiere saber nada y que es llamado antinatural, porque no responde al cuerpo político que han construido de la madre.
*
*
CAPÍTULO PRIMERO: DESCONSUELO
*
El director juega con dos escenas primordiales que se superponen bellamente una a la otra: ÉL y ELLA en un clímax sexual, donde sólo existen sus cuerpos y el placer; otra donde su pequeño hijo Nic baja de su cuna para dirigirse a la ventana y saltar. Placer y muerte, los elementos que dan inicio a la trama. Podemos ver a ELLA sumergirse en su humanidad: el orgasmo y el profundo desconsuelo. ÉL, siendo un psicoanalista experto, decide llevar el tratamiento del duelo de su esposa, entonces se internan en el Edén, el paraíso, el lugar de la maldad. Ahí surge —tanto en ellos como en el bosque— lo siniestro, lo real y lo cruel. Uno de los elementos clave de la película es la animalización del duelo, que le devuelve su ferocidad a lo humano. La imagen que representa este capítulo es la de una cierva pariendo un feto muerto. La muerte siendo parida, el hijo muerto naciendo del cuerpo vivo de su madre.
*
*
ÉL se muestra como el hombre centrado, inteligente, que puede manejar tanto su dolor como el de la madre de su hijo. En la cinta se ve tranquilo y sin afectaciones escandalosas; en cambio, ELLA es diagnosticada con “desconsuelo atípico”, mostrando a una mujer totalmente fuera de sí, descontrolada. ¿Cómo debe mostrarse una madre ante la muerte de un hijo para no ser considerada atípica? Las he visto estoicas, con cascadas saladas brotando por sus ojos, en silencio o a grito vivo. ELLA se desmaya cuando van el cortejo fúnebre, para reaparecer internada y, por supuesto, medicada (al igual que estas otras madres). Entonces nos muestran a una mujer que tiembla, que no respira, que quiere morir, que estrella su cabeza en el inodoro. Todo lo incómodo y tremendamente doloroso de la pérdida. Me pareció real, no digo que mejor, pero más real que las mujeres en duelo empujadas a sufrir en silencio, a ser medicadas o institucionalizadas forzosamente; este es el punto: lo forzoso, la insistencia en callarlas, porque lo real escudriña entre lo más incómodo de nuestras entrañas, es intolerable. He visto a mujeres ser institucionalizadas por tener “desconsuelos atípicos”, como MY, una adolescente quien perdió a sus gemelos y lo desagradable de su dolor la llevó a ser institucionalizada sin consentimiento y sin una justificación real más que su dolor vivo, presente e incómodo. Un internamiento que no le curó nada, pero mató dos pájaros de un tiro: los familiares no lidiaron con el desconsuelo ajeno y la institución lucró con su dolor. Así podemos verla a ELLA: a merced de los tratamientos médicos y posteriormente al tratamiento (falto de ética) de ÉL. Lo que sea más conveniente para todos.
*
*
CAPÍTULO SEGUNDO: DOLOR (EL CAOS REINA)
*
El caos reina, y es representado por un zorro que parece herido, pero cuando nos acercamos más podemos verlo devorarse a sí mismo. En lo siniestro de la maternidad me parece observar una triada importante: devorar—ser devorado—devorarse a sí mismo. En el filme vemos que ELLA sufre inmensamente por la pérdida del hijo, vemos cómo se deteriora, cómo se rompe, cómo la violencia surge. Nos muestran cómo se sentía sola en ese maternar, cómo dejó de escribir, cómo iba siendo consumida y, al mismo tiempo, consumía a su hijo, pero sobre todo, cómo se iba consumiendo a sí misma, en el dolor, la desesperación y en su deseo. Por un breve instante, se le ve “curada”, en calma, feliz brincando en el agua, para finalmente terminar de sucumbir y mostrar el poder destructivo de su naturaleza: sobre su hijo, su esposo y ella misma. Lo vemos ferozmente representado cuando destroza el pene de ÉL y ELLA se mutila el clítoris. Todo el exceso expuesto en la carne.
*
*
CAPÍTULO TERCERO: DESESPERACIÓN (GENOCIDIO)
*
Las investigaciones de ELLA giraban en torno al genocidio cometido contra las mujeres durante la caza de brujas, pero descubre otra cosa. “Nadie puede obligarte a hacer algo que no harías en contra de tu naturaleza”, le dice ÉL para confrontarla por sus investigaciones e identificarse con la oscuridad de las hermanas de Ratisbona. Pero ¿y si la naturaleza del instinto materno es devorar a los hijos? Como las perras, las gatas, las aves. Podemos ver al cuervo como signo de desesperación en este apartado, pero también como representante de hembras que devoran: un cuervo arrancando la cabeza de su cría. Está claro: en el reino animal las madres devoran a sus crías, a las enfermas, a las débiles, a las muertas, pero también las devoran por supervivencia. Esto es lo que llamamos instinto, lo que la cultura exige de las madres en su versión no romantizada. Y es cuando en la película se nos revela una verdad: ELLA ve a su hijo a punto de saltar. ELLA lo dejó saltar y, por lo tanto, morir.
*
*
Existe un caso muy sonado en Michoacán: Martha Teresita mató a sus tres hijas con un único fin: que no sufrieran lo mismo que ella. ¿Crueldad, supervivencia o instinto?
*
CAPÍTULO CUARTO: LOS TRES MENDIGOS
*
El desconsuelo, el dolor y la desesperación son los mendigos que animalizan y naturalizan a ELLA. Por supuesto que todo en el filme es una hipérbole, pero —como dije— abrió una grieta que permite desmitizarse, bajarse de los altares idealizados, para enunciar que hay ferocidad, culpa, equívoco, deseo mortífero, sexualidad, desesperación, pulso; que hay un semblante oscuro, un cuerpo visceral que es necesario nombrar y habitar para devolverle lo humano a las mujeres, a las madres, justamente para que su visión santificada no nos devore.
*
**
***
*
En esta columna nos adentraremos por las fauces maternas para
(re)conocer su semblante oscuro en cine y literatura.
****
Monserrat Jacobo
(Morelia, Michoacán)
Practicante del psicoanálisis y la literatura.
Interesada en la investigación y la escritura sobre las mujeres: su oscuridad, territorio, cuerpo, maternidad y violencias que las atraviesan.
Ha publicado en las antologías La memoria de los atunes (2012), Raíces a una voz (2024), Monstruas, brujas y feministas (2025) y en el blog de Sonámbula.
*
¡COMPÁRTELO!
Sólo no lucres con él y no olvides citar a la autora y a la revista.














