CAER DESDE LO MÁS ALTO

 

Vanessa Puga

 

 

Uno de los libros que más me han gustado en esta vida ha sido, sin duda, Magonia de Maria Dahvana Headley. La forma de incluir el folklore en una historia actual, narrada a dos voces, me cautivó.

Por eso mismo, esperé con ansias el momento de poder leer la secuela, Aerie. Finalmente, este año, pude hacerme con el libro. La emoción de la anticipación me llevó a leerlo casi con desesperación.

Al inicio, el libro retoma a los personajes principales: Aza Ray y Jason. Igual que su predecesor, los capítulos van alternando entre la voz de ella y la de él. Finalmente, son pareja. Y como pareja reciente, tienen sus momentos llenos de dulzura y empatía, pero también sus momentos de duda. De hecho, toda la acción en esta historia surge de los miedos de Jason y su afán por proteger a Aza.

Gracias a la sobreprotección de Jason, y su forma de sobre pensar las cosas por su desorden obsesivo compulsivo, las cosas se salen de control. Y cuando digo que se salen de control, lo digo en serio: todo el libro se descontrola.

En esta segunda parte, Headley da por sentado que todos tenemos a los personajes tan frescos como recién leída Magonia. Por ello, no se detiene en explicaciones ni detalles de lo que ha pasado desde que los dejamos al final del primer libro hasta ahora, que los reencontramos. El ritmo se siente precipitado a veces. En otras ocasiones, los capítulos parecen sobrar o ser un intento de cumplir con una cuota de páginas.

Y es que, donde la cadencia y las palabras en Magonia parecían perfectamente medidas y necesarias, en Aerie nos quedan a deber. Hay capítulos enteros dedicados al caos mental de Aza Ray, que se siente traicionada, y de Jason, que se siente perdido. Pero no son capítulos donde ocurran cosas fuera de la mente de los narradores, por lo que da la impresión de que damos vueltas en círculos sin llegar a nada concreto. Paja. Llegar a un número estipulado de cuartillas. No aporta a la historia y cansa al lector.

Se me hace terriblemente triste que una historia que inicia tan fuerte (el capítulo 2 de Aerie se me hizo maravilloso: una explicación del amor, la emoción y la vida con una enfermedad mental, perfectamente empaquetado en un capítulo) caiga tan rápido y tan feo.

Si bien Magonia nos explica el porqué del nombre, Aerie jamás nos da una razón para llamarse así. Los pocos personajes nuevos son introducidos de golpe y descartados aun más rápido, sin dar tiempo para quererlos u odiarlos. Por lo mismo, uno ni resiente ni celebra las muertes que llega a haber en este libro.

El único personaje que despega en esta segunda parte es Eli, la hermana menor de Aza, quien sí ha evolucionado a raíz de los sucesos descritos en Magonia. Los demás personajes parecen iguales, sin avanzar. Eso sólo logra que los cambios que se introducen en los personajes parezcan sacados de la manga y poco creíbles. Un deus ex machina que deja mal sabor de boca. Los problemas que surgen en la historia se resuelven de forma inverosímil, aun cuando nos compremos las reglas del mundo que nos plantea Headley.

Donde Magonia me dejó en lo alto y maravillada por la imaginación de su autora, Aerie me deja con la satisfacción de saber que no habrá una tercera parte, pues ya queda poco rescatable de los personajes que me cautivaron en un inicio. ¡Qué pena!

Queridos lectores, si mi reseña de Magonia les animó a leerla, háganse un favor y ahórrense la segunda parte. A menos de que busquen ejemplos de cómo tirar tu propia magia a la basura.

****

VVPanessa Puga

También responde al nombre de Nerea o al apelativo de bruja. Dicen que nació en la Ciudad de México, pero ella sospecha que la inventaron las novelas de fantasía y aventura y la aventaron en un mundo que no le corresponde. Tiene un serio crush con lo creepy. Ávida lectora y escritora —de preferencia a mano, con letra cursiva y tintas de colores—, es imán de geeks aunque no entienda todos los fandoms. Hornea panqués cuando está excesivamente estresada.

Twitter: @Nereavpv

¡LLÉVATELO!

Sólo no lucres con él y no olvides citar al autor y a la revista.