FRAGMENTOS DE HORROR

Vivi Page

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The Old Masquerade por Moon Patrol.

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Ya se cumplió un año desde que escribo en Penumbria, y sigo tan feliz como el día en que nuestro autómata director me dio la bienvenida.

Así que, para celebrar, este texto se desviará un poco del tema general de mi columna para desvariar un poco acerca del amor al género de horror.

A muchos nos han cuestionado las razones para amar lo oscuro, lo tenebroso. Es cierto, esa sensación de inseguridad al estar en un cuarto oscuro y solitario, ver una película de terror en la comodidad de tu sala para enfrentarte a la inmensidad de las escaleras y se te acelera el corazón durante ese recorrido tenebroso hasta el cobijo de tu cama o el enfrentamiento entre la sugestión que te causa leer aquellos grandes escritores y escritoras del horror y el deseo de culminar la historia. En efecto, no es para todos.

A diferencia de muchos hogares, en el mío no estaba prohibido el contenido de terror, así que los clásicos sesenteros, setenteros y ochenteros eran bien recibidos; conocí bastantes y me encantaba sentir miedo, me encantaba mirar a los monstruos bien o mal hechos. Admiraba ver los hilos de los murciélagos de Drácula (1931) que, por supuesto, no deberían estar ahí, pero están y es fantástico viajar a los 30 y observar cómo se lograba todo.

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Alfred Hitchcock fue de lo primero que vi, quizá comencé con Rope (1948) con su estilo teatral que demuestra lo magistral que fue como director. Y sin omitir al gran James Stewart, que brilló en más de una ocasión bajo la dirección de Hitchcock.

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Con respecto a la literatura, el primer libro del género que recuerdo en mis manos fue Interview With the Vampire (1976). La autora, Anne Rice, reina de los vampiros, me dio la bienvenida. Con la narrativa tan particular de Rice que logra transmitir la época que describe, el erotismo presente que requiere un vampiro bien escrito y la sensación de podredumbre de las calles de la ciudad y de los pecados de los personajes que son tan elegantes y burgueses como criaturas siempre ruines.

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Y agradezco a mi hermano portador del contenido que consumía, quien, además de poner a mi alcance el libro antes mencionado, también me prestó Bag of Bones (1998), el verdadero culpable de mi amor hacia el terror y de mi admiración a Stephen King, mi escritor favorito; el Big Mac de la literatura como él mismo lo menciona y como muchos otros concuerdan. No dudo que alguien que esté leyendo esto sea de esas personas que piensan que si te gusta King no te gusta en realidad el terror. Lo cierto es que, en efecto, los libros de este escritor los devoro con gusto y los números no mienten: somos muchos y me alegra que acerque a más lectores al mundo de los colmillos, las ratas y la sangre, y que se pueda disfrutar también del terror psicológico, social y hasta tecnológico del coctel que ofrece su bibliografía.

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Y cómo olvidar cuando fui a ver la más famosa obra de teatro de terror en México, La dama de negro, con su puesta en escena ininterrumpida, su misticismo y sus excelentes actuaciones.

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Hablar de todos los autores, los libros, los poemas, las películas y las obras de teatro que han formado este camino sería muy extenso. Pero son pequeños fragmentos compuestos por la sombra de Nosferatu, Plutón (el gato negro), los niños extrañamente bien educados que salieron de la pluma de Henry James, el impronunciable Cthulhu, la música de Carpenter, el grito de Janet Leigh, la mirada penetrante de Damien, las garras de Freddy; de la tinta de Mariana Enriquez, Amparo Dávila, Angela Carter y Emily Carroll, o de Thomas Ligotti, Robert Bloch, Clive Barker; de los monstruos de la Universal, de las películas de Taboada, de La hora marcada o de La dimensión desconocida; de los fantasmas de Rulfo y la aventura de Macario; de los aliens y lo desconocido del cielo; del mar y sus criaturas: un tiburón, un calamar gigante, un ser ancestral; del terror que solo las mujeres comprenden, del terror latinoamericano, del terror cristiano; de Wes Craven, Robert Eggers, Cronenberg y Argento; del popular y criticado James Wan, de directores poco conocidos, de dos de mis favoritos: Ari Aster y Mike Flanagan; de Karyn Kusama, Coralie Fargeat, Julia Ducournau, Anna Niller y muchas directoras más que son infravaloradas; de Masters of horror o de la nueva que nos presenta del Toro. Y un largo, pero largo etcétera.

Esto es Penumbria, el mejor sitio para compartir fragmentos de nuestro amor por lo fantástico que disfrutamos en el ocaso.

Tú, que estás leyendo, seguramente también amas el género; así que compártenos los fragmentos de tu camino por lo fantástico.

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Vivi Page

Nací en la ciudad de Puebla, el 2 de diciembre de 1997. A muy temprana edad me enamoré de las palabras y desde entonces hasta ahora he intentado conquistarlas.

Estudié un año lingüística y literatura. Sin embargo, por azares del destino, dejé la carrera, pero no las letras. Mis relatos van desde lo erótico hasta lo escabroso, publicados en algunas revistas digitales.

Y este es solo el comienzo.

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