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RAPUNZEL*

LA QUE FUE INTERCAMBIADA POR UNOS RAPÓNCHIGOS FRESCOS

 

Roberto Carlos Garnica

 

 

El cuento habla de una pareja que desea tener un hijo. Cuando, contra toda esperanza, la mujer queda encinta, le sobreviene un antojo incontrolable de comer los rapónchigos que crecen en el jardín vecino. Su esposo los roba para ella, pero la dueña lo descubre y hacen un pacto: puede tomar los rapónchigos que quiera, pero debe entregar al bebé que nazca. Cuando la niña nace, la bruja se la lleva y la encierra “en una torre que estaba en el bosque y no tenía puerta ni escaleras” (Grimm, 2022, p. 139). Un día el príncipe conoce a la muchacha y le propone matrimonio; ella acepta y, aunque la bruja se interpone, al final “vivieron felices y contentos todavía durante mucho tiempo” (Grimm, 2022, p. 142).

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Walter Crane (1914)

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Este cuento de hadas presenta, por supuesto, elementos fantásticos. En él vemos, por ejemplo, que Dios interviene para que la pareja pueda tener la hija que tanto anhela, quien resulta ser la “más hermosa bajo el sol” (Grimm, 2022, p. 139) y posee una cabellera dorada de más de veinte metros. Su canto es tan dulce que un príncipe se arriesga a subir a la torre en la que está encerrada. Se enamoran a primera vista y, aunque una bruja se opone a su unión, superan los obstáculos e, incluso, las lágrimas de la muchacha devuelven la vista al amado.

Así narrado, este relato tiene la figura de un bonito cuento infantil con happy ending, pero también posee rasgos turbios y sangrientos que lo hacen más complejo y memorable que las edulcoradas versiones modernas.

Aún no nace la miserable niña y ya fue vendida a una bruja por unos rapónchigos frescos. Se le impone, además, el nombre de lo que se le antojó a su madre durante el embarazo, la moneda de cambio: Rapónchigo.

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Henry J Ford (1890)

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Poco antes de cumplir trece años se le encierra en una torre alta sin puerta ni escaleras que estaba en medio del bosque y sólo tenía una pequeña ventana por donde entraba y salía su captora. Así pues, se le aisló del mundo entero con el doble cerrojo del bosque inhóspito y la torre inaccesible.

Mediante un engaño, el hijo del rey entra en la torre. Al principio, Rapónchigo tiene miedo porque nunca ha visto un hombre, pero sus palabras afectuosas la seducen y “cuando él le preguntó si quería aceptarle por marido, ella reparó en que era joven y atractivo […] y le dijo que sí” (Grimm, 2022, p. 140). Es decir, se enamora del primer hombre que ve y se compromete en matrimonio**.

Al descubrirlos, la bruja enloquece de ira y “agarró los hermosos cabellos de Rapónchigo, rodeó con ellos dos veces su mano izquierda, cogió unas tijeras con la derecha y, tris, tras, los hermosos mechones quedaron cortados” (Grimm, 2022, p. 141); además, fue exiliada en “un desierto, donde tuvo que vivir miserablemente” (Grimm, 2022, p. 141). Es decir, le cercenaron la parte más preciada de su cuerpo y pasó de la cárcel con muros a la prisión abierta.

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Kay Nielsen (1920)

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Por otra parte, desesperado porque quizá nunca vuelva a ver a la muchacha, el príncipe se arroja desde la elevada torre. Sobrevive, pero cae sobre unos espinos que le atraviesan los ojos: “te querías llevar a tu amada, pero el hermosos pájaro no está ya en el nido y ya no canta más; se lo ha llevado el gato y todavía te va a sacar los ojos” (Grimm, 2022, p. 141), anticipó la bruja. Así pues, en este cuento infantil se presenta el tópico clásico que romantiza el suicidio por amor y nos ofrece la imagen brutal de un joven con el cuerpo fracturado y las cuencas oculares vacías y sangrantes.

Finalmente, antes de reencontrarse, ambos vagan muchos años: él “erró ciego por el bosque, no comía más que raíces y bayas, y no hacía otra cosa sino lamentarse y llorar” (Grimm, 2022, p. 141-142); ella vivió miserablemente en un desierto “con los dos gemelos que había tenido” (Grimm, 2022, p. 142).

No es extraño que un texto escrito hace más de doscientos años y que posee raíces milenarias presente imágenes e ideas que hoy se consideran impropias para el público infantil: padres que venden a sus hijos, maltrato, reclusión y secuestro, tutores controladores y abusivos, matrimonio a temprana edad y con el primer hombre que se conoce, adolescentes embarazadas, conductas suicidas, rostros ensangrentados y sin globos oculares. No lo justifico, pero tampoco creo que haya que sepultar aquellos relatos. Considero que vale la pena volver a las fuentes y reconocer que cuentos como “Rapónchigo” de los Grimm, en su profundo simbolismo, hablan también de ascesis, emancipación, sanación y destinos felices.

La vida de los cuentos, como la muchacha que fue vendida por un manojo de rapónchigos, palpita como las lágrimas amorosas que devuelven la vista.

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* Rapunzel es la palabra alemana con la que se denomina al rapónchigo (campanula rapunculus), planta cuyas raíces carnosas son comestibles.

** Aunque no se explicita, se entiende que los muchachos mantienen relaciones coitales pues, en el desierto, Rapónchigo da a luz a un niño y una niña.

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AQUÍ puedes leer «Rapunzel».

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Referencias

Grimm, J. y Grimm, W. (2022), Cuentos completos 1, Alianza editorial.

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Roberto Carlos Garnica

Filósofo, antropólogo, historiador, escritor y narrador oral.

Pertenece al Gran Colisionador de Textos Especulativos.
Ha publicado relatos en Penumbria, Fanzine Delfos, Lengua de diablo y Letras Insomnes,

así como en las antologías En Mundos Nuevos y El laberinto de lo inhumano de Editorial Estigma.

Es columnista en Penumbria y en Colectivo Delfos. Aquí puedes leer su columna dedicada a Lovecraft.

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