EL SUEÑO DEL CERDO

IV

 

Emiliano González

Primera parte

Segunda parte

Tercera parte

 

Ciertos elementos de “Las ratas de las paredes” reaparecen en la novela El maestro y Margarita del autor ruso Mikhail Bulgakov, novela escrita en 1938 y publicada en 1966. El sueño, el cerdo, el gato negro, la locura y la brujería son los elementos a que me refiero. Desde el principio de la novela podemos ver alusiones a los cerdos, pero las principales escenas son las de la bruja montando un cerdo volador y el hombre parecido a un cerdo que sueña mirando la luna yi lamenta haber perdido a Venus. En el collage para la edición de Vintage, el gran gato negro Behemoth juega con una pelota que es la luna, sobre la cual hay un cerdo volador. Bulgakov, como antes el decadente Valerio Bruisov, aborda el tema de la brujería, pero lo hace con una actitud tragicómica, en cambio Bruisov es terrorífico. Los cerdos de Circe vienen a la memoria, incluso los cerdos sacrificados a Demeter en Eleusis.

También recordamos los cuadros “Pornokrates” de Rops y “La domadora” de Ruelas.

«Pornokratés», Félicien Rops (1878).

«La domadora», Julio Ruelas (1897).

La novela de Bruisov termina con una luna curativa y reconfortante, que elimina la locura, como al final de Orlando furioso. Recordemos que en el Quijote el Caballero de la blanca luna cura al Quijote, pero también lo daña físicamente, y poco después el Quijote se vuelve el moribundo ante el sacerdote.

En la novela de Bulgakov, cobran movimiento los personajes del cuadro de Rops “El encantamiento”: la mujer desnuda, el gato negro y el mago. Tal vez Bulgakov tiene influencia del dibujante decadente Harry Clarke, autor de una ilustración sobre brujería en que aparece una cerda monstruosa, ilustración para Fausto de Goethe.

«El encantamiento», Félicien Rops (1878).

Ilustración de Harry Clarke para Fausto (Goethe, 1925).

Los novelistas rusos Bruisov y Bulgakov influyen sobre el director cinematográfico Fellini: la sarracena de Bruisov es el origen de la Sarragina de 8 ½ y el episodio de la decapitación de Berlioz es el origen del final de la historia extraordinaria “Tobby Dammit”, inspirada en un cuento de Poe: “Nunca apuestes tu cabeza al diablo”. En algunos sueños literarios en que aparecen cerdos aparecen también decapitaciones: en el de Shakespeare, en el de Poe, en el de Carroll, en el de Bulgakov. La decapitación puede ser metáfora de “perder la cabeza” o enloquecer, y nos lleva también al ritual órfico.

En medio del sueño de Alicia en el país de las maravillas hay un bebé que gruñe y se convierte en un cerdo. Es el hijo de la duquesa, mujer cruel que le pega cuando estornuda. El cerdito desaparece en el bosque y Alicia dice que habría sido un niño horriblemente feo si no se hubiera convertido en un hermoso cerdo. El autor, Carroll, juega el papel del sacerdote en este caso y la muerte está en la amenaza de la reina, que con su horror provoca el despertar de Alicia.

En la novela El siglo de las luces (1962) de Alejo Carpentier el comerciante y revolucionario Víctor Hughes se ve convertido en un Robespierre del Nuevo Mundo: “Asqueado de sí mismo, sucumbió a la tentación de pensar que la Máquina (la guillotina), ahora menos activa, quedando enfundada a veces durante semanas, aguardaba al Investido de Poderes (es decir, lo aguardaba a él). Otros casos se habían visto. ‘Soy un cerdo –dijo a media voz–. Si fuese cristiano me confesaría’.” En este fragmento hay un recuerdo, tal vez inconsciente, del sueño, el cerdo, el sacerdote y el moribundo.

“Cerdo… cerdo”, las últimas palabras de un enfermo al desmayarse, parecen formar “el mandato de un moribundo” y es imposible desobedecerlas en el cuento “El cerdo de Idris” de Margaret St. Clair, incluido en el libro Tres mundos del futuro (1964). El cerdo a que alude el enfermo es azul y debe ser entregado por su primo George al representante del “culto del cerdo”, una religión marciana, para conseguir dinero y poder casarse. George pierde el cerdo azul pero finalmente lo recupera. Cuando consigue el dinero para casarse, George se da cuenta de que está enamorado de una marciana, Blixa, que lo ha acompañado todo el tiempo. En este cuento, verdadero “sueño inventado” en que destacan el humor y el misterio, hay alusiones a una droga fortalecedora llamada “soma”. El cerdo azul es devorado en una comida ritual y la comida es un acto de piedad, un sacrificio para lograr la prosperidad del planeta Marte.

Una nueva versión del sueño del cerdo y los otros personajes está en la novela de John Blackburn Nada sino la noche (1968), en que una niña de siete años, Mary Valley, sueña repetidamente que hay un incendio con quejas humanas y animales, tras una puerta roja. La niña ha causado un accidente, ha enloquecido y en el hospital St. Bede un sacerdote se ha ocupado de ella: el deán Plunkett. La madre de la niña, Anna Harb, dedicada al ocultismo, a la adivinación y al asesinato, ha querido iniciar a la niña en la magia negra pero no ha podido y entonces ha querido matar a todos: incluso a su hija. La madre, atrapada, perece al final, ya que se arroja al fuego, después de dejar caer una máscara de cerdo. La hija, Mary, se quita la vida, completamente dominada por el alma de su caritativa protectora, Helen Van Traylen, y el cuerpo de la niña se vuelve el de una vieja antes de morir. El sueño obsesivo de Mary proviene de una experiencia horrible sufrida por su protectora Helen, benévola pero suicida.

“La sala de partos verdes”, cuento de Miriam Ruvinskis incluido en el libro del mismo título (publicado en 1971), nos sorprende con el siguiente fragmento: “El monje hablaba, cubierto su cuerpo de andrajos negros: ‘Has pecado hija mía, en contra de tu propia religión, y eso amerita un castigo tan grande como el fuego. Tus entrañas se calcinarán hasta el fin. Has actuado tratando de evitar un desenlace, y los medios que te han conducido a ello son meramente caprichosos. Has matado a Dios, y mi propósito es entregarte su cuerpo’. De una canasta de mimbre sacó un feto. Su rostro mostraba un par de ojos de cerdo y sus manos eran largas y filudas, pero demasiado pequeñas para ser humanas. De su vientre nacía un manto púrpura, remendado con miles de agujas. Su rostro hería, hinchaba los pezones que salían de sus nalgas escuálidas y cansadas”.

El cuento de Nerval “El monstruo verde”, sobre el engendro provocado por un vino embrujado (de una botella verde), inspira a la autora mexicana, así como “Las ratas de las paredes” de Lovecraft, ya que hay vestigios de la Magna Mater y del sueño acerca del porquerizo de la gruta sombría. La planta carnívora del cuento de Ruvinskis es símbolo de devoración horrible, y la “magna dama” (que bajo su bata blanca e inmaculada oculta fango, hedor y mugre) acaricia a la planta, disimuladamente, al salir de la sala. En esta “pequeña cueva” se han reunido varios seres para “tratar de romper el cordón umbilical”. En vez del moribundo está el muerto: es Dios, un hermafrodita monstruoso, un feto híbrido que no es animal ni humano.

Miriam Ruvinskis.

Las iniciales de las palabras del título de Ruvinskis, La sala de partos verdes, como las de los títulos Larga sinfonía en D de Margarita Dalton y Los sueños de la bella durmiente de mi libro, son variaciones de la abreviatura LSD, como “Lucy in the Sky with Diamonds” de los Beatles. Muestran las posibilidades literarias ofrecidas por las siglas de la droga psiquedélica e implican una experiencia similar a la del ácido, lograda a través de la literatura.

Todos los elementos que hemos visto en este ensayo aparecen en El caballero Zifar, novela que incluye varios cuentos y ensayos sobre el bien y el mal. Después del cuento sobre el cerdo –primer cuento del libro– hay otro sobre el sacerdote y el moribundo. En el primero, el padre se finge caníbal ante su hijo, ya que dice que un saco contiene a un hombre cortado en pedazos, y en realidad el saco contiene a un cerdo cortado en pedazos. El hombre cortado en pedazos –tema miliunanochesco– es supuestamente el enemigo del hijo, pero al final vemos la realidad: es sólo un cerdo para comer. En el segundo cuento, un hombre se enamora de la criada de su amigo y muere al no poder poseerla. Un sacerdote acude a confesarlo, y él confiesa que su pecado es el amor por la criada. El amigo lo perdona y, aunque él iba a casarse con la criada, prefiere que su amigo se case con ella, para salvarlo de la muerte.

Lovecraft, en su cuento “Las ratas en las paredes”, une curiosamente el canibalismo de Zifar con la gente sin sexo de “El estanque de Lindenborg” de Morris, y digo “curiosamente” porque no es probable que Lovecraft haya leído El caballero Zifar, libro que incluye las primeras escenas caballerescas de la literatura española. Es raro que el hombre cortado en pedazos, personaje de Las mil y una noches, aparezca en esta obra medieval, pues el libro árabe era desconocido en Europa en época de Zifar, y Cervantes dice que el argumento del Quijote proviene de una obra árabe. La idea lovecraftiana de criticar a los sádicos y a los masoquistas no proviene del autor de Zifar sino de Petronio, que en El satiricón critica el canibalismo (activo) y el afeminamiento (pasivo).

Concluirá…

**

AQUÍ puedes leer «Nunca apuestes tu cabeza al diablo» de Poe.

AQUÍ puedes leer «El monstruo verde» de Nerval.

****

Emiliano González

Autor de Miedo en castellano (1973), Los sueños de la bella durmiente (1978, ganador del premio Xavier Villaurrutia), La inocencia hereditaria (1986), Almas visionarias (1987), La habitación secreta (1988), Casa de horror y de magia (1989), El libro de lo insólito (1989), Orquidáceas (1991), Neon City Blues (2000), Historia mágica de la literatura I (2007) y Ensayos (2009).

¡LLÉVATELO!

Sólo no lucres con él y no olvides citar al autor y a la revista.