LA LITERATURA LIBRE Y SUS PRECURSORES

I

 

Emiliano González

 

 

El 1° de abril de 1967 apareció esta noticia en el periódico subterráneo Communication Company de San Francisco:

KISS-IN

En octubre de 1966, Eugene y Christine Pera fueron arrestados en North Beach por besarse en la calle. El cargo contra ellos fue “conducta indecente y disoluta a vista de todos”. El oficial que los arrestó aseguraba que vio a dos personas recostadas en la acera; parecían estar en un estado de extremo regocijo y hablaban como intoxicados, aunque no tenían aliento alcohólico.

Su proceso se inicia el lunes 3 de abril y probablemente continuará hasta el miércoles. A las 10 A. M. del viernes 7 de abril habrá un KISS-IN (“Besar ahí”) en los escalones del edificio de Justicia (en Bryant Street 850, en caso de que no lo sepan), sobre todo para protestar por el arresto. Si ganan, celebraremos llevando todo tipo de cosas gozosas, como collares de cuentas, flores, banderas, tambores, flautas, etc. Si pierden, lo lamentaremos usando luto y cantando canciones tristes sobre la pérdida de nuestro derecho a hacer el amor.

Consulte a su campaña local de comunicación y otras hojas periodísticas para saber cómo la justicia enceguecida se ocupará de este asunto.

 ¿Sabía usted que

besarse en público

 va contra LA LEY?

Nótese la nobleza de los integrantes del movimiento subterráneo en Estados Unidos ante el problema de sus amigos (una nobleza imposible en México, en que la actividad de los integrantes de la “onda” ha sido mucho menos efectiva y mucho más egoísta).

Podemos ver que en el mundo subterráneo la pareja Pera, que es arquetípica, convive armoniosamente con parejas distintas, que celebran orgías (dejando atrás los celos patológicos característicos de Menelao y Orlando Furioso) en que las parejas cambian y se mezclan, orgías que son celebraciones del amor, de la libertad y de la vida, no escapes ni evasiones.

La prensa subterránea, casi inexistente pero necesaria en México, es un ejemplo de libertad de expresión, comparable con la literatura libre.

De ésta me ocuparé en estas páginas.

La cólera que se transforma en crítica da origen a la literatura libre.

Cuando Arthur Machen planea la novela La colina de los sueños quiere hacer “un Robinson Crusoe del alma”. El crítico Weitzenkorn observa: “Machen ha escrito este libro como si hubiera sido joven y colérico” (young and angry). En el fragmento podemos ver a Machen como precursor de los Angry Young Men, ingleses, uno de los cuales, Colin Wilson, se inspira en Machen y Lovecraft para elaborar el cuento “El regreso de Lloigor”, en que se critica la unión de pulsión sexual con pulsión agresiva.

El “Robinson Crusoe del alma” también inspira a Henry Miller, que elabora un capítulo para Primavera negra (1936) titulado “Una Coney Island de la mente”. En este capítulo Miller narra curiosas pesadillas con elementos cotidianos.

El capítulo le inspira a Lawrence Ferlighetti el libro Una Coney Island de la mente (1955), reunión de poemas sobre Estados Unidos en que hay “ciudadanos mutilados”… con “extrañas licencias / y motores / que devoran América.”

En La colina de los sueños (1907) Machen cuenta la historia de Lucian, que deforma la obra de De Quincey contra el opio, pues se entrega al láudano, trata de recuperar el antiguo ritual pagano y fracasa en su intento. El resplandor de horno que tiene el cielo al principio lo tienen al final los ojos de Lucian muerto. Ese resplandor es emblema de la deificación que implica la deidad externa dominando al humano en forma de destino. La deificación es opuesta a la transformación de divinidad en capacidad humana. El Lucian de Machen es como el “Heautontimorumenos” de Terencio –recordado por Baudelaire–, que gusta de torturarse a sí mismo, pero esta vez es un masoquista muy parecido al que describe el cubano Casal en un cuento publicado poco antes de La colina de los sueños.

La ronda verde de Machen (1933) es interesante. En un balneario apacible, que alguna vez ha tenido un herboso anfiteatro verde, aparecen parejas bailando, una banda de jazz cacofónica, lanzamiento de cocos, tiro al blanco, carruseles y columpios: una siniestra feria. Un enanito sanguinario aparece también. Tal enano nos recuerda los pigmeos galeses, “como niños espantosamente deformes”, con ojos almendrados, de “La pirámide de fuego” –otra narración de Machen–, pigmeos que provienen del enano amarillo que juega el papel de Plutón en El bosque más allá del mundo de Morris. Estos pigmeos también recuerdan a los Asikis del Congo, que según la leyenda han sido niños secuestrados y vueltos mudos por hechiceros crueles, en el relato “La gente pequeña” de Machen. Los poderes o fuerzas que se manifiestan en el balneario forman el espíritu malo del lugar, encarnado en el enanito sanguinario. El mal espíritu del lugar implica perversión de la infancia, pérdida de la inocencia.

Coney Island (ubicada en Nueva York) significa “Isla Conejo” o “Isla del conejo”. Es evidente que Miller, ante el Robinsón mental de Machen, imaginó una isla mental y luego la feria de Coney Island.

La isla del conejo nos hace pensar en las aventuras de Alicia, de Carroll, y ante “La pirámide de fuego” de Machen pensamos en una Alicia macabra, ofrendada por los pigmeos subterráneos a la pirámide de fuego (emblema de la deformación de los átomos de fuego de Platón) e incluso recordamos al personaje Allison MacKenzie de la serie de TV “La caldera del diablo”, ya que en la historia de Machen es mencionada una “ponchera del diablo”.

En el capítulo anterior a “Un Coney Island de la mente”, Miller nos habla del Jabberwhorl, basado en el ser imaginario Jabberwocky, de Carroll. Es evidente que Miller relaciona a Carroll con Machen.

En Los libros en mi vida (1952) Miller menciona La colina de los sueños entre los cien libros que más lo han influido.

Es evidente que en el fondo de mi ser había un púber asustado por la foto de un “marciano” vista en una revista sobre “ovnis”, en un hotel, y que tal miedo excesivo ha desaparecido gracias a ciertos relatos e imágenes. Los libros más relacionados con tal fenómeno han sido La palabra perdida (1958) de los Crémieux y La ronda verde, de Machen, y en este último libro se alude a la palabra perdida de los francmasones, olvidada por el autor al final de un sueño de celebración. En el Total de greguerías (1961) de Gómez de la Serna –un libro bastante extenso– la única “greguería” sobre los marcianos es una en que los fotógrafos de jardín son los verdaderos marcianos.

La dama duende de La palabra perdida es lo opuesto del enanito sanguinario de La ronda verde.

La dama duende que espera, por siglos, al borde de un misterioso riachuelo, el regreso del rey poeta, es emblema de la eternidad del amor. Y “amor” es la palabra perdida a que aluden Machen y los Crémieux. El amor es alquimia que transforma la realidad.

Al leer la novela La palabra perdida, en mi mente, San Miguel Allende, pueblo del hotel del “marciano”, se transforma en Saint-Amant Tallende, que es donde está el jardín en que cae el aerolito en la novela de los Crémieux.

Los “Asikis” del Congo que describe Machen se inspiran en Habibrah, enano negro que se vuelve cruel debido al maltrato en la novela de Víctor Hugo, Bug-Jargal (1826), que inspira “Hop-Frog” de Poe y “The Gold Bug” (El escarabajo de oro) del mismo autor. Quien ha sido maltratado puede volverse cruel, o bien crítico de la crueldad.

El enano vestido de negro de El enano negro (1816, novela de Scott) se vuelve un enano de piel negra en la novela de Hugo, y el enano aparentemente maligno de Scott se vuelve realmente maligno en la novela de Hugo.

Cuando (curiosamente) Machen en La ronda verde alude a la palabra perdida, dice que es la palabra olvidada al despertar de un sueño que ha tenido, una palabra que resume un gozo inefable. En ese sueño, Machen ha dejado atrás todo el peso de la vida y recuperado la inocencia.

Continuará…

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Emiliano González

Autor de Miedo en castellano (1973), Los sueños de la bella durmiente (1978, ganador del premio Xavier Villaurrutia), La inocencia hereditaria (1986), Almas visionarias (1987), La habitación secreta (1988), Casa de horror y de magia (1989), El libro de lo insólito (1989), Orquidáceas (1991), Neon City Blues (2000), Historia mágica de la literatura I (2007) y Ensayos (2009).

 

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