LOS SIRVIENTES DEL MIEDO

 

No Hilda

 

El miedo nace en las ideas, el coraje en los actos.

Las palabras abarcan ambos.

 

Uno de los más grandes tormentos que persigue al hombre es el vacío interno. Aquella sombra insaciable de nada que no nos deja, es una de las causas de muchas enfermedades mentales. Ansiedad, compulsión, depresión o, incluso, problemas sexuales son síntomas de no aceptar o no saber llevar este vacío.

 

Filósofos, escritores, músicos y toda clase de artistas anticipan, sin saberlo, la forma material de aquello que les inquieta. Dar forma requiere aceptación, y aceptar todo aquello que vive en nuestras penumbras es un trabajo casi heroico. Se dice que, a mayor luz, mayor intensidad tiene la sombra, y es así como a mayor vida, consciencia o conocimiento, nuestros temores y terrores van en aumento. Van a tientas, buscando la textura de sus tristes suspiros, y para cuando lo tienen, se dan cuenta de que ya no son los mismos: el miedo cambia a las personas, las sombras potencian una negra lucidez.

 

Van creciendo, van avanzando y ese miedo a la oscuridad se transforma en miedo a la muerte, pues ¿qué hay más oscuro y desconocido que la misma inexistencia? El miedo infantil a la gente extraña se vuelca en un miedo a no saber nuestros propios límites, a no conocernos o a no saber quiénes somos, a volvernos esa gente extraña. Los miedos e inseguridades pueriles que teníamos sobre la muerte de nuestros padres o que no tuviéramos dónde pasar la noche se han transformado en ese temor a enfermar, a ser testigos de nuestra propia decadencia, a vernos caer a pedazos.

 

El miedo es ese vacío. Susceptible de ser llenado o reemplazado con cualquier cosa, busca voraz el motivo de su existencia, y da igual si es infantil o no, siempre desea introducir su esquelético cuerpo en nuestra consciencia. Nadie es amigo del miedo, ni siquiera aquél que lo produce, pues en su afán de expulsarlo de sí, sólo obtiene disfrazarlo, verlo en los gestos del otro, o al menos imaginarlo.

Todos aquellos creadores del terror son quizá los más miedoso. Esos que siempre han visto su propia forma en la sombra tan negra: sus sirvientes. En ellos corre la sangre repleta de susto y en sus gargantas vive permanentemente un nudo denso, que niegan, que no dejan salir a través de lágrimas sino de pinturas, melodías, obras o palabras.

 

Aquellos esclavos del terror que, como ninguno de nosotros, sabe sobrellevar sus propias nadas, descansan un poco al propagarlo. Dispersando sus fobias a nuestras mentes ansiosas de monstruos, de nombres, de caras grotescas, de formas muy diferentes a las que nos muestra todos los días nuestro propio reflejo.

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No Hilda

Psicóloga para ganarse la vida, escritora y lectora para vivirla.

Autora de Humanimal (Editorial Salto Mortal, 2018).

https://wordpress.com/stats/insights/lyrictoblood.wordpress.com

https://medium.com/@nohilda

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