UNA EDAD DIFÍCIL
LA HERENCIA DE LO INHUMANO
Paulina Arcos
En estas vacaciones de verano decidí compartir un cuento con mi hijo que habla un poco de los cambios hormonales que ocurren en el cuerpo de un adolescente. Por eso elegí “Una edad difícil” de Anna Starobinets. Sin embargo, como suele ocurrir con las relecturas, encontré otro lado oscuro escondido en el cuento.
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La literatura de horror suele caracterizarse por usar monstruos visibles: vampiros, fantasmas o criaturas deformes. Sin embargo, “Una edad difícil” produce un horror más inquietante. No sólo proviene de una metamorfosis monstruosa, sino que dicha transformación forma parte de un proceso más perturbador e inevitable.
A primera vista, el cuento narra la degradación progresiva que sufre Maxim a partir de una infección en el oído que padece a los ocho años, además de la tristeza que siente por la separación de sus padres y la mudanza a un lugar que no es de su agrado. Todo esto parece indicar que sólo se trata de una depresión pronunciada por los cambios hormonales. Por ejemplo: el pequeño se aísla, sus hábitos alimenticios se vuelven aberrantes y pierde la empatía.
El cuento echa a andar una maquinaria de inquietudes que va transformando nuestra percepción conforme se avanza en la lectura. El aparente trastorno mental que sufre el niño, su extraño comportamiento o la negación de la madre frente a un problema evidente incrementan esa sensación de inquietud.
Otro rasgo importante es la historia de Sara Márkiva, la abuela paterna. Durante años, Marina —la madre de Maxim— desprecia la leyenda familiar según la cual la anciana sobrevive a la guerra y logra criar a sus trillizos gracias a la ayuda de una cabra blanca que aparece de la nada para alimentarlos. Además, la anciana no muestra un afecto especial por sus nietos, excepto por Maxim y sólo hasta ser controlado por La Reina. Como si percibiera en él algo que ya había contemplado antes.
Tal vez Sara no estaba contando una leyenda de supervivencia, sino la historia de una criatura encargada de alimentar y preservar una descendencia cuya naturaleza es perturbadora. Más adelante, este acto se replica con Marina, quien después de descubrir la verdad sobre sus hijos continúa llevando azúcar al bosque.
Al leer esta historia se percibe la fascinación de la autora por las inteligencias colectivas y por formas de vida que subordinan al humano a un organismo mayor. En este sentido, la metamorfosis de Maxim es sólo una fase visible de un proceso que lleva décadas desarrollándose. Uno donde la maternidad se desprende de su lado amoroso y se aboca a la preservación de una especie que ya no es humana.
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Las canciones infantiles que abren distintas secciones del relato no son simples adornos folclóricos, sino profecías antiguas. Los versos hablan de desapariciones, secuestros y figuras infantiles que nunca regresan. Son ecos de algo que ocurrió y volverá a ocurrir.
Los nacimientos múltiples aparecen una y otra vez en la historia. Sara Márkiva da a luz trillizos. Décadas después, nacen Maxim y Vika. Más adelante, la reproducción de Vika genera una descendencia que ya no responde a los patrones humanos. El cuento se obsesiona con la transmisión de algo que nadie alcanza a comprender del todo.
El relato nunca demuestra que todo comienza con la enfermedad de Maxim. Lo único que sabemos es que después de ella los cambios se vuelven visibles. La enfermedad podría ser un detonante, pero no necesariamente el origen. No se trata sólo de una invasión, sino de una transmisión: una herencia que atraviesa generaciones.
Las hormigas que se apoderan del cuerpo de Maxim no necesitan imponerse mediante la violencia. Se aprovechan de las comodidades que recibe el niño para mantenerse alimentadas y protegidas. Para ellas, Marina no es muy diferente a una hormiga obrera encargada de transportar alimentos.
Aun así, el verdadero horror de “Una edad difícil” no reside en los insectos, ni en la transformación física. Es una pesadilla sobre la transmisión de lo inhumano y de una mutación que usa los vínculos humanos para desarrollarse. Por eso al final del cuento la imagen que permanece no es la de un niño convertido en monstruo, sino la de una mujer convencida de que todavía cuida a sus hijos, cuando quizá sólo está asegurando que el ciclo continúe una vez más.
Espero te haya gustado esta nota y más aún el relato. Nos leemos hasta la siguiente.
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AQUÍ puedes leer «Una edad difícil».
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Mi nombre es Paulina Arcos, nací en la Ciudad de México en1990.
Actualmente radico en Toluca, Estado de México.
He publicado cuento y microficción en revistas digitales como Irradiación (cuento “Antojitos mexicanos”) y Enpoli (microficciones).
En septiembre de 2024, la editorial Rey de Ardillas publicó un fanzine del cuento “Rumores nocturnos”.
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