LA CALLE DE LOS MENDIGOS
Paulina Arcos
Uno de mis cuentos favoritos es “La calle de los mendigos” de Mario Levrero. Podría decir incluso que es uno de los textos fantásticos que me motivaron a ser escritora. Y es que lo que aparenta ser un objeto común e incluso latoso, se convierte de pronto en un espacio alterno inexplorado. Túneles de mecanismos y engranajes laberínticos.
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AQUÍ puedes leer el relato.
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El cuento inicia relatando la vida cotidiana de un hombre que desea fumar un cigarrillo, pero su encendedor no funciona (a pesar de haberlo limpiado y recargado horas antes), así que comienza a desarmar el objeto. Incluso tiene que usar destornilladores pequeños, propios del tamaño del encendedor.
El encendedor, sin embargo, me sigue pareciendo un todo; hay algo ofensivo en esa solidez, un desafío. Y permanece oculta la falla. Introduzco entonces el destornillador en distintos orificios; en primer término atraviesa el conducto de la piedra, y asoma la punta por la parte de arriba; en el receptáculo del combustible encuentro algodón, y no sigo explorando; luego investigo los orificios de la parte superior.
De pronto surge un curioso sistema de resortes, las piezas del encendedor se expanden a la par de la obsesión del hombre. Entonces debe usar los destornilladores más grandes, pues el sistema abarca toda la habitación. Finalmente, se adentra en el encendedor y llega a una calle poblada de mendigos. El relato concluye, no sin cierta sensación de seguir dentro del bucle laberíntico del protagonista.
La historia está narrada en primera persona, lo cual permite al lector acompañar el descubrimiento de un mundo fantástico. El protagonista se enfrenta a fenómenos imposibles, sin embargo intenta comprenderlos mediante razonamientos mecánicos y aparentemente lógicos. El resultado es una atmósfera de extrañeza que envuelve la lectura de principio a fin.
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En este cuento, Levrero demuestra su habilidad para construir tensión a partir de la curiosidad. La búsqueda de una respuesta concreta se convierte en una obsesión por explorar lo desconocido. En este sentido, el cuento se podría interpretar como una reflexión sobre la naturaleza humana y su impulso constante hacia el conocimiento, incluso cuando implica riesgo.
Me maldigo: no se me ocurrió traer una linterna o, al menos, una caja de fósforos. La oscuridad se hizo total. Llevé, trabajosamente, la mano al bolsillo del pantalón, y solté la carcajada. Un movimiento reflejo, buscaba el encendedor en el bolsillo sin recordar que me encuentro dentro de él.
Levrero no ofrece una explicación, ni resuelve enigmas, por el contrario, elige un final abierto para amplificar el misterio. Todo en el cuento tiene un motivo y representa un símbolo. El encendedor, por ejemplo, funciona como metáfora de la realidad. Cada capa revela otra más profunda, sugiriendo que toda búsqueda de explicaciones conduce a nuevos misterios. Levrero construye un universo laberíntico que cuestiona nuestra percepción del mundo y muestra cómo la búsqueda obsesiva de respuestas puede llevarnos a descubrir realidades completamente nuevas.
En conclusión, “La calle de los mendigos” es un relato maravilloso que combina lo cotidiano con lo fantástico de una manera sorprendente. A través de una imaginación desbordante y una estructura bien construida, Mario Levrero invita a reflexionar sobre los límites del conocimiento. Es una obra breve, pero de gran riqueza interpretativa.
Espero que te haya gustado esta nota y tengas la oportunidad de disfrutar de este cuento tan singular. Hasta la siguiente.
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Ilustración de Bea Lozano
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Mi nombre es Paulina Arcos, nací en la Ciudad de México en1990.
Actualmente radico en Toluca, Estado de México.
He publicado cuento y microficción en revistas digitales como Irradiación (cuento “Antojitos mexicanos”) y Enpoli (microficciones).
En septiembre de 2024, la editorial Rey de Ardillas publicó un fanzine del cuento “Rumores nocturnos”.
FB: https://www.facebook.com/paulina.arcos0/
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