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IS GOD IS

el horror, la venganza y el dolor en un mismo escenario

 

Aglaia Berlutti

 

Dos hermanas quemadas reciben una carta de ultratumba y deciden convertirse en la mano de Dios. Bienvenidos al sur de Estados Unidos, donde la fe y la violencia comparten escenario. Todo, en una reflexión inquietante, siniestra y retorcida sobre el amor, el deber y el sufrimiento.

Is God Is de Aleshea Harris (2026) pudiera parecer una épica de venganza retorcida y con varias capas que, de alguna forma, recuerda a Beloved de Toni Morrison. Y lo hace por una razón muy específica: el dolor desencadena una historia que atraviesa la raza, la violencia y, al final, toca el fino borde de lo irracional para crear algo más denso.

Lo más interesante es que esta historia de dos hermanas que recorren Norteamérica en busca de venganza está hilvanada y construida para analizar la derrota. De los sueños, las esperanzas. También, del triunfo de la codicia y la forma en que se reconstruye como una visión del horror muy poco común y que sorprende por su elocuencia, sinceridad y elegancia.

Racine (Kara Young) y Anaia (Mallori Johnson) son gemelas que llevan su tortuosa historia familiar escrita en la piel. No metafóricamente. Las marcas son reales, visibles; son parte de su identidad desde la infancia. Y la trama de Is God Is las analiza como un mapa retorcido de horrores que se enlazan con el pasado y el futuro. Un incendio devastó sus vidas siendo muy pequeñas y las empujó al sistema de acogida, un laberinto burocrático que el argumento describe como una isla legal en que los niños aprenden a no necesitar a nadie.

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Un experimento narrativo que funciona bien

La directora y guionista Aleshea Harris —que llega al largometraje desde el teatro off-Broadway— entiende algo que muchos directores primerizos ignoran: el trauma no necesita explicación ni subrayado. De modo que permite a su historia indagar en el sufrimiento de sus protagonistas desde el silencio y, todavía más intrigante, en crear una versión acerca del padecimiento físico que ambas sufren como punta de lanza para analizar el miedo. Por lo que la cámara no se recrea en las cicatrices de las gemelas ni las convierte en objeto de compasión. Harris las analiza con la misma frialdad de tatuajes o pecas: un accidente físico.

Esta decisión, aparentemente menor, define el tono de toda la película. Is God Is trata el dolor de sus personajes con una dignidad que resulta casi provocadora porque no lo utiliza para justificar sus acciones. Mucho menos la violencia que están destinadas a perpetrar. Parte del éxito de la premisa, que podría ser brutal y directa, es justamente evitar ser muy evidente y analizar el sufrimiento como una serie de ideas que se superponen unas a otras. Racine y Anaia están aterrorizadas por la naturaleza de la violencia que las dejó desfiguradas, destruidas, y que las convirtió en mujeres destinadas a la tragedia.

Pero antes de tomar esa percepción del odio (dos mujeres que saben terminarán por matar o morir), el guion de Harris es lo suficientemente hábil como para dotarlas de humanidad. El trayecto a la catástrofe recorre la óptica de la angustia y de la pérdida. Todo mientras ambas atraviesan el país con un objetivo a cuestas: convertirse en asesinas por pedido de su madre Ruby (Vivica A. Fox). Además, ese destino implacable define la percepción del miedo y el duelo de una manera por completo distinta.

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Aleshea Harris

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Referencias van y vienen

Por lo que, de alguna forma, Is God Is pertenece a esa tradición de road movies protagonizadas por mujeres que van desde Thelma & Louise hasta Butter on the Latch. Pero Harris no apela a la nostalgia ni sus referencias están enfocadas en crear una mirada sobre el sufrimiento agudo que pase por la idea de una mujer que debe reivindicar su identidad a través del asesinato. En lugar de eso, mezcla la teología afroamericana, la épica del revenge western y una ironía muy particular sobre qué significa exactamente hacer justicia. El resultado es inclasificable de una manera que se agradece.

En realidad —de tener que explorar la identidad de la película— sería inevitable concluir que Is God Is funciona tan bien como western que como drama con tintes terroríficos. Esto no es una lectura creativa, sino una decisión de puesta en escena que comienza desde los primeros minutos. Los paisajes agrícolas de Luisiana se despliegan con la amplitud visual de los grandes espacios del Oeste clásico, y las gemelas los atraviesan en un Oldsmobile polvoriento que podría perfectamente ser un caballo.

Harris domina la escala con una soltura sorprendente para ser su primer largometraje y brinda una indudable personalidad a una trama amarga que no hace más que empeorar. Además, alterna sin esfuerzo entre la intimidad claustrofóbica de dos cuerpos en un coche (ropa a juego, cepillándose los dientes hombro con hombro, hablando casi en estéreo) y la vastedad de los campos abiertos donde momentáneamente dejan de ser víctimas y se convierten en algo parecido a viajeras libres.

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El dolor y el terror en un mismo espacio

Y aunque la trama avanza para convertirse en un cataclismo, lo cierto es que Is God is demuestra que el trauma de una comunidad puede ser el punto de partida de una historia y no su destino inevitable. De hecho, uno de los puntos más interesantes de esta película escalofriante, conmovedora y retorcida (todo a la vez) es cómo llega a una conclusión elaborada y bien construida acerca del tiempo y la capacidad humana para lidiar con la oscuridad espiritual y las heridas que se enlazan como cicatrices emocionales.

Una perspectiva muy poco común que indaga en la cualidad del tiempo, del miedo al futuro y, al final, de la sustancia misma que sostiene el amor y hasta la angustia existencial. Todo en dos mujeres heridas en busca de su identidad.

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Aglaia Berlutti

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión.

Desobediente por afición. Ácrata por necesidad.

@Aglaia_Berlutti

TheAglaiaWorld 

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