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La evolución del horror vanguardista

EL UNIVERSO “OBSESIVO” DE CURRY BARKER

 

 

Miriam Gálvez Mancera

 

En 2022, Curry Barker y su ocupación detrás de la cámara me dejaron con un gran sabor de boca. Desde entonces, había esperado más de sus nuevos metrajes, ya que es realmente un director y escritor sobresaliente, dueño de perspicaz agudeza para desarrollar narrativas terroríficas con inteligencia sagaz y gran capacidad para resolver dilemas cinematográficos extremadamente visionarios.

Siempre he pensado que los objetos vintage, o cualquiera que haya tenido un propietario anterior, deben ser tratados con gran respeto. The Chair —cortometraje con duración de veinticuatro minutos y millones de vistas— pone de manifiesto esa hipótesis. En él, una misteriosa silla funge como metáfora de la energía que perturba a quienes padecen enfermedades mentales como el Alzheimer, entregándonos este desenlace espeluznante.

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Para 2023, seguí sorprendida por su destreza para realizar trabajos sin tantas complicaciones, obteniendo grandes resultados con casi nada más que su creatividad boyante. Claro ejemplo es la siguiente pieza corta (nuevamente protagonizada por él), Warnings, cuya premisa se centra en Sean, quien encuentra una nota inquietante en su auto, hilada a sucesos extraños que involucran a personas cercanas. Pista tras pista, el personaje se encuentra en el epicentro de situaciones surreales que le harán cuestionar su propia cordura hasta casi enloquecer del miedo. Las señales lo obligan a poner en tela de juicio la integridad y las verdaderas intenciones de la gente que lo rodea. El gran acierto de Barker aquí es crear atmósferas agonizantes y desconcertantes, donde el sonido se convierte en su gran aliado.

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El punto de inflexión llegó en 2024. Barker comenzó a crear y dirigir contenido cinematográfico utilizando YouTube como principal plataforma de difusión —que además era gratuita—, acompañado de su equipo That’s a Bad Idea. Con presupuesto que oscilaba apenas entre los $800 USD y con el respaldo de sus interesantes cortometrajes previos, Milk & Serial se convirtió en su primer largometraje (escribiendo el guión y protagonizando —también— la cinta). Esta obra dejó muy en claro que se pueden contar historias terroríficas sin grandes efectos especiales, con pocos recursos y, además, sumamente convincentes.

Ahí conocemos a Milk y Seven, quienes dirigen un canal especializado en bromas con la ayuda de su grupo de amigos; sin embargo, aumentan el riesgo con situaciones poco ortodoxas que terminan saliéndose de control y desatando horribles consecuencias. La trama es bastante simple y fácil de revelar, pero logra tener cierta complejidad detrás, apoyada en la habilidad de tomar decisiones muy inteligentes desde el script, buenas actuaciones, iluminación natural y encuadres interesantes con perspectivas diferentes del clásico found footage, lo que aporta esa bocanada de aire fresco al género con un desenlace emocionante y muy fácil de digerir.

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En 2026Curry Barker demuestra que el éxito de su ópera prima —de la mano de Blumhouse— no fue una casualidad de las plataformas digitales, sino la confirmación de su voz autoral madura. Con el estreno de Obsession, el realizador expande los límites de esa genialidad minimalista que lo caracteriza, pero elevando la tensión a terrenos mucho más asfixiantes y psicológicos.

Si en sus primeros trabajos exploraba la hostilidad de los objetos o la traición de la amistad a través de una pantalla, en Obsession Barker disecciona la fijación humana y la pérdida absoluta del control. Manteniendo su sello distintivo —el uso impecable del diseño sonoro para crispar los nervios, presupuestos contenidos que obligan a la brillantez del guion y una cámara que se vuelve un testigo omnipresente y claustrofóbico—, la película nos sumerge en una espiral de paranoia donde la línea entre el acoso, la autopercepción y la locura se desvanece por completo.

Se fusiona de lleno con esta línea de lectura feminista que expone las dinámicas más tóxicas de la masculinidad y el derecho autopercibido sobre las mujeres. La trama nos presenta a Bear, el estereotipo del «buen chico» inseguro y aparentemente inofensivo que ha sido enviado a la friendzone por su amiga de la infancia, Nikki. Sin embargo, al usar el artefacto sobrenatural para forzarla a amarlo, Barker destapa la verdadera e innata violencia que habita en la objetivación romántica.

Lo verdaderamente terrorífico de la película no es el elemento fantástico, sino la pérdida absoluta de la autonomía y la invasión corporal que sufre Nikki. Su mente e identidad son fracturadas y usurpadas por el hechizo, transformándola en la versión posesiva y complaciente que solo vive para satisfacer la obsesión del protagonista. El guion toma postura implacable: a pesar de ver cómo Nikki se destruye y enloquece en pantalla, a Bear no le importa que ese afecto sea artificial y profundamente abusivo con tal de saciar su propio ego. Los momentos más desgarradores y subversivos de la cinta ocurren cuando la verdadera Nikki logra romper la superficie por microsegundos, gritando en agonía o suplicando que terminen con su vida, visibilizando el horror de ser despojada de su propio ser.

Fiel a su estilo, Barker vuelve a entregarnos un thriller que no necesita de la pirotecnia de Hollywood para perturbar. Utiliza el género como un espejo incómodo de la cultura de citas actual y el aislamiento moderno. Con Obsession nos confirma la  ejecución de una idea brillante, demostrando que el amor real debe ser ganado y que, hoy por hoy, es uno de los directores más visionarios e independientes de su generación.

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Miriam Gálvez Mancera

SuperHeroína coyoacanense. Bakeadicta. Cazadora de imágenes.

Pesadilla, malestar creado por la mente enferma de algún noctámbulo en insomnio desesperado.

Fundadora de The Junkie Cinema Club y colaboradora de Fantasmagoría: festival de cine fantástico y de terror de Medellín.

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