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LA FRICCIÓN PREVIA AL DESASTRE

Lords of Chaos de Michael Moynihan y Didrik Sonderlind

 

Lord Crawen

 

All you need is love

The Beatles

 

 

En este mundo el oxígeno es uno de los elementos vitales para todos los seres vivos, aunque también sea uno de los elementos de la triada de la destrucción. El segundo es el fuego, descubierto por el hombre como una herramienta de guía en la oscuridad y de calor en los tiempos más fríos. El último es cualquier estructura.

La llama no nace por su cuenta, alguien debe generar un movimiento de fricción entre ciertos elementos químicos para encenderla y así crear el fuego.

A lo largo de la historia, el fuego ha sido constructor y destructor de civilizaciones. Quien lo controla, tiene en sus manos un poder inimaginable; quien trata de contenerlo, muchas veces no sale avante.

Nuestro mundo, lleno de oxígeno, pende de un hilo: un ligero atisbo de material incandescente y, quien tenga el fósforo mejor construido, creará un fuego que nadie más apagará.

1994: los de mi generación recordaremos poco lo sucedido, porque rondábamos la niñez, pero cuando nuestros padres observaban las noticias locales encontramos notas bastante peculiares: la muerte de un cantante de grunge o de un candidato presidencial, ataques entre grupos indígenas y el gobierno, la devaluación monetaria… y recintos cristianos ardiendo en llamas.

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La música es una herramienta ritualista que, por años, ha sido acogida —y a veces malinterpretada— por grupos de personas. Muchos de nosotros necesitamos música para cambiar nuestros estados de ánimo, para trasladarnos en espíritu a sitios desconocidos o hacer más llevadero un viaje largo. La música también acompaña a las películas que vemos y nos emocionamos al recordar cierta melodía. Ese júbilo contrasta con quien no comprende su verdadero espíritu y lo que los artistas buscan transmitir. La música para rituales, pasando por el blues, el rock n’ roll, el punk, el goth, el heavy metal y a últimas el black metal —materia prima del desarrollo de este análisis—, ha contrastado en ocasiones con las masas acomodadas a un régimen estricto impuesto por “organizaciones”.

La historia muchos ya la conocemos. Un grupo de jóvenes en Noruega, dedicado a hacer música más pesada que el death o el heavy metal, reunió fuerzas para construir el black metal: música con temática oscura más allá del satanismo vertido en las letras, el reconocimiento del odinismo y los dioses antiguos por sobre la impuesta cristianización del mundo. Estos mismos jóvenes, llevados a un júbilo sin control y con autoridades despreocupadas por los sucesos, tomaron a bien incendiar recintos católicos que podían arder con facilidad, ubicados donde existieron templos a los dioses nórdicos antiguos, cuyos antepasados fueron aniquilados y obligados a formar parte de la nueva religión cristiana. Pero todo ese odio escaló más allá de los intereses de la música y comenzaron los asesinatos de personas, fue entonces cuando las autoridades de Noruega tuvieron que detener a esta masa incontrolable de jóvenes que esparcían el odio.

Los nombres los conocen; las caras y personajes, también. En este análisis trato de entender a dónde nos ha llevado el mundo con la historia bélica y religiosa impuesta.

El libro Lords of ChaosThe Bloody Rise of the Satanic Metal Underground (Michael Moynihan & Didrik Søderlind, 1998) realiza un acopio de sucesos, entrevistas, análisis y, sobre todo, aporta un punto de vista abierto para cualquier persona que tenga a bien leerlo. No es fácil de digerir para una mente cerrada, porque contiene ideologías que pueden corromper a la mente más pulcra; los pondrá a analizar en dónde estamos, a qué pertenecemos y hacia dónde vamos (si es que vamos hacia algún lado).

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El libro, en efecto, nos lleva a una introducción y a entrevistas con las principales figuras en el inicio del movimiento musical conocido como black metal, pero también a la figura del personaje que, a la fecha, continúa esparciendo su idealismo en el mundo: Varg Vikernes.

Para muchos, un personaje que inició la cultura del black metal, un ícono, un precursor de regresar a los orígenes y rescatar las costumbres; para otros, un loco sin sentido, un racista.

Vikernes, movido por la ideología del tercer Reich alemán superpuesta a la nórdica (la cual históricamente no está del todo comprobada), aunado a un desorden mental y libertino propuesto por su padre y las mismas autoridades de Noruega, construyó una base de fieles seguidores para esparcir esta semilla del odio. Utilizando en sus inicios al black metal como una herramienta para destruir a la religión católica desde sus templos, fue metiéndose en la mente de muchos jóvenes en Noruega para a futuro esparcir también el odio en países aledaños.

La música black metal tuvo sus pilares en un odio infundado, en la muerte de personajes durante su gestión (suicidios o asesinatos), sembrando el terror entre los padres de familia y las religiones del mundo. Su caos inicial era más que una advertencia: sucedía, se esparcía y ardía con claridad.

Pertenecer, todos los jóvenes buscan pertenecer. En la soledad y sobriedad de una habitación de cuatro paredes, el joven en cuestión trata de alguna forma de pertenecer a la sociedad, y si no se le encausa nace el odio hacia cualquier individuo. Bajo el pensamiento impulsivo y la contrariedad al sistema, estas herramientas se unen al futuro caos que colmará a la triada de la destrucción. Todos pasamos por esta etapa; unos más, otros menos.

Pasar de una ideología a la acción es un impulso que requiere el valor suficiente para no solamente tomar una decisión, sino para llevar a cabo un acto que pueda dañar a terceros sin importar las consecuencias.

El movimiento del black metal fue más reconocido por sus actos vandálicos, asesinatos, suicidios y palabrería en masa, que por la música que se estaba creando.

A todos los géneros musicales les pasó lo mismo.

Una vez que la madurez alcanzó a los precursores del black metal —algunos ya muertos y otros en la cárcel—, el movimiento continuó en otros países, pregonando la libertad de expresión y culto a través de la música. El movimiento se vendió a las disqueras, los grupos le dieron estética, sonido y predilección. El satanismo no era sólo una bandera, sino una forma de libertad; adicional a la recurrente lectura e investigación de grandes obras literarias, incluida la biblia católica.

Para los precursores del black metal en la actualidad, la venta de la música se convirtió en la muerte del género. Por su parte, ellos han continuado con el discurso de odio hacia cualquiera que ostente libertad de culto, sexual y color de piel.

Los actos de violencia, el supuesto satanismo extremo, los nexos con la literatura de Lavey y Crowley, pasaron a darle un respiro a la verdadera identidad del black metal, que simplemente debió nacer como un género más de música que invite a la juventud a investigar, antes de actuar.

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Es Pop Ediciones, 2023

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Lords of Chaos, entre su ardua investigación, realiza un conglomerado de sucesos ocurridos después de 1994, año en que se esparció el fuego a otros países: Francia, Finlandia, Suecia, Polonia, Bulgaria, Hungría y Estados Unidos. Este último tiene un apartado sumamente específico de casos de odio y actos vandálicos sin precedentes, los cuales, en este 2026, créanme, se quedan cortos a la violencia exhibida en las noticias.

Las instituciones sociales y religiosas han culpado no sólo al black metal sino a un sin número de géneros musicales a incitar a los jóvenes a actos fuera de la jurisdicción y a la pureza paternal; sistema mismo que se enfoca únicamente en la creación de individuos hechos y derechos para un sistema laboral. Las libertades son, entonces, para muchos jóvenes, espacios inseguros.

Lo sucedido en Noruega no es un caso aislado, se forjó en hogares pulcros, católicos, en orden y bajo un régimen político y social que no permitía exhibir el mínimo de violencia o de publicaciones que incitaran al odio.

Aquí es donde nace entonces la pregunta: ¿son acaso las prohibiciones masivas culpables de un futuro entorno de destrucción?

Analicemos el siguiente punto…

Un sistema se crea desde una base. Funciona porque los componentes que lo hacen fluir hacen posible su existencia. Pero el sistema, además de complejo, no va a funcionar siempre igual, porque tiene varias mentes que lo conforman. Una mente abierta puede aportar mayor estabilidad al sistema o puede iniciar un caos. Una mente equilibrada no siempre es la mejor, porque cuando esparce un conocimiento diciendo que es la única verdad, entonces el sistema tiene un grupo enajenado con un funcionamiento que puede convencerle —o no— de seguir funcionando.

La pertenencia juvenil es un elemento indispensable para estos grupos de choque, porque a través de sus ideologías pueden manipular una mente abierta y cerrarla a su conveniencia.

El incendiario odio que vivimos actualmente ya no tiene como precedente al black metal, tampoco al punk, mucho menos al goth. El odio actual que incendia al mundo proviene de individuos que creen que su verdad es la única existente.

La religión predica que su verdad es única. La política predica que su partido es el único que va a salvarte. El gobierno se encarga de sostener su verdad en fragmentos de apoyos. Las instituciones no otorgan libertades, sólo encaminan a un sistema educativo. Las empresas te dicen que su servicio y lugar de trabajo son los mejores. Gracias al internet, esta necesidad de pertenencia, de especificar quién es mejor, nos ha llevado a donde estamos ahora.

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Adaptación fílmica (Jonas Akerlund, 2018)

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¿Dónde está nuestra libertad de culto, de soberanía, de democracia, de monetización, de educación, de elección y de pensamiento?

El black metal, como el resto de los géneros, evolucionó, se ha vuelto pulcro (ya sea desde guitarras estridentes o ambientaciones en calma) y continúa diversificando sus letras del satanismo (la libertad de culto, los dioses antiguos, la literatura de horror y las libertades de las que ya no gozamos).

Pero nuestra sociedad parece no evolucionar; sin importar los avances tecnológicos que tengamos actualmente, uno sólo tiene la razón y nuestra forma de pensar parecer ser la única.

Invito a cada uno de los lectores que han tenido a bien tomarse un tiempo para este análisis personal de Lord of Chaos a descubrir si en verdad estamos haciendo las cosas bien, si hay que idolatrar a alguna persona, una deidad, un libro o un grupo musical. Tenemos un ambiente riquísimo de recursos que estamos incendiando desfavorecidamente desde un dispositivo móvil.

Los amos del caos reinan el planeta y lo están incendiando sin detenerse. Si queremos dejar de pertenecer a dichos grupos, encendamos nuestras mentes a otras libertades y pensamientos.

No olvidemos escuchar la música que nos agrade y, si vamos a incendiar algo, que sea la brillantez de nuestras ideas para dar al arte una nueva estructura creativa.

La iglesia que más ilumina no es la que más arde, sino una mente brillante y equitativa.

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AQUÍ puedes leer las primeras páginas.

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Jezreel Fuentes Franco (Lord Crawen) nació el 29 de junio de 1986 en la Ciudad de México.

Estudió Ingeniería en Comunicaciones y Electrónica en el Instituto Politécnico Nacional.

Participante de Concursos Interpolitécnicos de Lectura en Voz Alta, Declamación, Cuento y Poesía.

Ha realizado ponencias en eventos de «Literatura del horror” en el auditorio del centro cultural Jaime Torres Bodet.

Actualmente publica en El nahual errante y Sombra del aire, ambas revistas de corte virtual.

Autor de Poltercast (2024).

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