LA MUERTE PARA UNA CASA ABANDONADA

G. Rei

CUBA

 

 

Vemos cómo el polvo descansa sobre la superficie de cada objeto en la estancia. Hace más de diez años que este reposa en la oscuridad del lugar, como dueño y señor de todas las cosas que están allí. Pura quietud, respiración casi imperceptible. Es un organismo que a través de las sombras y el tiempo aumenta su magnitud, la calma es su alimento, su hábitat.

Lo único que hace inquietar a las virutas de suciedad es un rayo de sol que se cuela por la hendija de una de las ventanas tapiadas. El rayo de luz entra todos los días, a la misma hora y durante quince minutos exactos. Durante este tiempo las partículas de polvo flotan en un estado ingrávido a través del haz y se dispersan, ambos, el polvo y la luz. Es una batalla en la que ninguno de los dos pierde ni gana, un ciclo infinito y necesario para los dos. La luz del sol necesita sentir que tiene poder sobre las sombras, el polvo necesita una dosis de ejercicio y calor para no transformarse en otro organismo, mohoso, putrefacto.

Hagamos un time–lapse. Momento de inicio: dos semanas después de la clausura de las ventanas. Secuencia específica de tiempo: un minuto después de la entrada del rayo de sol y uno antes de la desaparición de este. Velocidad: 48 frames por segundo. Con esto último no hay posibilidad de desenfoque y la nitidez de las partículas de polvo y luz es tan nítida que la imagen delante nuestro parece hecha a través de un ordenador. Pero no, todo es real.

Ahora, viendo los diez años de batalla en unos minutos, nos damos cuenta de que no es nada bélica la relación que sostienen estas dos entidades. Es una danza, parecida a las tradicionales japonesas mai. Incluso, bajo los efectos de rapidez del time–lapse, podemos apreciar la lentitud y solemnidad de este baile, la armonía de los elementos, la relación cielo/tierra. Lo maravilloso, incluso a este punto de la apreciación, es que cada segundo nos muestra un grano de polvo distinto. ¿Es posible que la conjunción luz y sombras sea la propia creadora de la vida de este organismo?

El time–lapse se interrumpe por un evento inesperado en la actualidad. Escuchamos un ruido seco. Otro aún más fuerte. Un torrente de luz entra por un vano. Nuestros ojos, poco a poco, se van acostumbrando a la claridad y nos percatamos que quien abrió la puerta es el nuevo habitante de la casa. Este lleva en sus manos un cubo de agua, frazada, palo de trapear y un plumero. En sus ojos se notan las ansias de empezar una nueva vida.

En el ambiente, en cambio, se respira un sentimiento distinto.

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G. Rei (La Habana, 1991)

Escritor e Ilustrador.

Egresado del curso XXI de técnicas narrativas Onelio Jorge Cardoso.

Fanático de la literatura fantástica y del folklor japonés.

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