LA PANTALLA COMO NUEVA PIEL

el cuerpo sin órganos como producto de la unión de carne y pantalla en Videodrome

 

Juan Manuel Díaz

 

En este breve espacio voy a proponer que la noción de nueva piel, mencionada en Videodrome (1983) de David Cronenberg, es una representación visual de lo que Gilles Deleuze llamó cuerpo-sin-órganos, una experiencia ética y estética del mundo que trasciende la superficie de las cosas y se centra en los movimientos internos del cuerpo, mismos que permiten que la pantalla y la carne humana se unan en una nueva piel cinematográfica.

Sin diferenciar y dividir en categorías epistémicas, el cuerpo sin órganos es una forma de experimentar el mundo y el cuerpo. Esto es posible ya que se eliminan estructuras organizativas maquínicas que nos instruyen a sentir, percibir y pensar de maneras preestablecidas. Es decir, la sociedad capitalista establece procesos que determinan la manera en que estamos en el mundo, la manera en que nos relacionamos con nuestro mundo, con los demás y con nosotros mismos. El cuerpo, en este sentido, es la frontera entre el mundo y nosotros, una membrana que nos permite extendernos hacia afuera y nos protege de lo externo. Pero esta estructura organizativa está basada en procesos estandarizados y sistematizados, es la lógica de una fábrica llevada al interior de nuestro cuerpo. Todo debe ser organizado, medido y producido como máquinas.

Gilles Deleuze

Efectivamente, nos convertimos en máquinas, metáfora que se muestra visualmente en la cinta de Cronenberg, representada por el arco dramático de Max, el presidente de un pequeño canal de televisión que busca nuevos contenidos televisivos que impacten a su audiencia y eleven los ratings. La existencia misma de la televisora depende de los ratings. Aquí encontramos una primera línea interpretativa: existe aquello que pude ser visto o percibido, lo que no existe. Vemos, pues, la carencia de la existencia, la cual es más bien volátil y depende del espectador. Es así como Max, accidentalmente, encuentra una señal pirata de un programa de televisión llamado Videodrome que sólo muestra a personas siendo torturadas. A partir de la exposición de este programa, Max sufre alucinaciones hasta que poco a poco su cuerpo empieza a modificarse, llegando a convertirse en un híbrido entre máquina y ser humano.

Cronenberg y Woods.

Max desarrolla un nuevo órgano que termina por desorganizar al cuerpo organizado. Este nuevo órgano es la nueva piel, la pantalla articulada como nueva membrana y límite expandido del ser humano. Un personaje de nombre Brian O’Blivion, cuyas ideas crean a Videodrome, declara que la pantalla es la retina del ojo de la mente, por lo que es parte de nuestra estructura corporal y es así como lo que aparece en la pantalla es real, tal vez más real que aquello que aparece fuera de ella. Es así como la pantalla es una nueva piel que reorganiza el cuerpo de Max, permitiendo romper sus propias limitaciones.

El cuerpo sin órganos es el cuerpo no organizado por estructuras capitalistas. En este sentido, está desterritorializado y rompe formas de organización de sí mismo. La pantalla como órgano-máquina-liberada produce imágenes y percepciones más allá de la organicidad capitalista. Vemos una nueva realidad corpórea al fusionar pantalla y piel. Hacia el final de la película, Max declara: Long live the new flesh, I am the video-word. Inclusive podríamos suponer el reconocimiento de un nuevo logos, una nueva forma de pensar, de entender y de percibir a partir de la pantalla hecha carne que ya no es palabra escrita sino imagen. La pantalla que nos lleva a nuevas formas de pensar, leer, imaginar y percibir basada en imágenes reorganizando los cuerpos del espectador.

A diferencia del cuerpo organizado, o como lo llama Deleuze “el cuerpo con órganos”, que limita su actuación en el mundo y sus experiencias. Debes sentir de una manera, debes pensar y divertirte de maneras determinadas. No existe nada más allá del parámetro de la organización, de la ordenanza de acomodo. No es que la lejanía de la ordenanza termine por excluir a los individuos, es que su existencia se niega: lo ajeno a la regla es negado, carece de presencia y de ser.

El cuerpo sin órganos deja fluir libremente cualquier pulsión y sensación. Cuando Cronenberg, al final de Videodrome, celebra la nueva piel, la cual es la unión de pantalla y piel humana, está haciendo referencia a las exploraciones libres del cuerpo sin órganos, el cual permite que pantalla y piel sean una misma. La nueva piel es el cuerpo que incorpora a la cámara como nuevo órgano y a la pantalla como nueva membrana, es así como encontramos una manera distinta de entender el cuerpo, relacionarse con él y generar sensaciones al incorporar elementos externos tecnológicos como apéndices de lo humano. Es un cuerpo metafórico que el director Gianfranco Bettetini llamó las «prótesis simbólicas del cine”. La pantalla se articula como un órgano añadido al cuerpo humano que abre nuevas posibilidades. La nueva piel sería capaz de expandir las sensaciones y las emociones a partir de las imágenes proyectadas en la pantalla cinematográfica. Consideración que autores como Vivian Sobchak, Malte Haggener y Thomas Elsaesser han propuesto al identificar a la pantalla como una parte de nuestro cuerpo.

El mandato capitalista limita la experiencia corporal. Para romperlo debemos desorganizar el cuerpo, creando nuevas maneras de sentir, percibir y pensar. ¿Qué es desorganizar el cuerpo? No es sujetarlo a formas perceptivas y epistemológicas capitalistas. El cuerpo sin órganos es dejar deja fluir libremente cualquier pulsión y sensación, es la apertura a lo no permitido y a las experiencias prohibidas por el capitalismo, es admitir lo que está prohibido. La pantalla puede detonar esta reorganización cuando muestra violencia y cosas consideradas fuera de la moral. De esta forma, la cámara se articula como un nuevo órgano al actualizar, modificar y amplificar las capacidades del cuerpo humano. El binomio pantalla-cámara nos vuelve más humanos al permitirnos dejar de ser máquinas y reorganizar el cuerpo a partir de experiencias sensoriales violentas y convulsivas.

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Juan Manuel Diaz de la Torre

Tengo 36 años y nací en la Ciudad de México un 11 de octubre de 1985. Ese día fue viernes y debí nacer a las 6 de la mañana, pero llegué hasta las 8. Tal vez por eso me gustan los viernes y dormir hasta tarde. Soy escritor de poesía, cuento, novela y viñeta, aunque mi trabajo diurno es ser profesor e investigador. En realidad, creo que mi chamba es comunicar: sin importar que sea una reflexión en forma de cuento, un análisis de una película o algún apunte sociológico, lo único que hago es comunicar.

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