LA PRIMERA ARAÑA

VI

 

Emiliano González

Primera parte

Segunda parte

Tercera parte

Cuarta parte

Quinta parte

 

De 1934 es el cuento “El Tejedor en la cripta”, de Smith, en que el guerrero Grotara visita Chaow Gacca (ruinosa sede de los reyes de Tasuun) para sacar la momia del rey Tnepreez, un hechicero.

Acompañado por dos guerreros, Yamur y Thirlain, sicarios como él, Grotarab se dirige al extraño lugar, enviado por el rey Famorgh y la reina Lunalia, que quiere polvo y huevos para hacer un filtro. Lunalia es bastante vampírica.

Grotara no encuentra la momia de Tnepreez sino la muerte: es vampirizado por el Tejedor de la Cripta, un globo resplandeciente, “grande como una cabeza humana”, que surge de una fisura y se cierne encima como una lona, vibrando, emitiendo un pesado zumbido. Yamur y Thirlain mueren. El Tejedor se alimenta de ambos, y entonces se convierte en un sucio rubí, como una luna vampírica, de la que surgen cuerdas y filamentos perlinos, que se adhieren al piso y al techo. Grotara se ve atrapado en el tétrico tejido. Los tules (o gasas) se adhieren y tiemblan sobre su cara y sus manos.

El globo tiene una maligna hermosura, que hipnotiza. Y el monstruo teje su tela final en la tumba de Tnepreez. El Tejedor es algo ctónico, pues un temblor de tierra acompaña su aparición. Hay afinidad profunda entre la perversa reina Lunalia y el Tejedor, lo cual nos hace pensar en La madriguera del gusano blanco, de Stoker, en que Lady Arabella es una extensión de un monstruo prehistórico.

En La telaraña de la Isla de Pascua, novela de Donald Wandrei publicada en 1948, un hombre descubre una estatuilla verde del dios-sapo, que sugiere lo sublime en lo pequeño, el universo en un grano de arena. Pero la estatua trae mala suerte y finalmente genera una llama, ni cálida ni fría, una fuerza dominadora que lleva a su descubridor hacia los pantanos y las selvas. Una nave, en forma de diamante de baraja, conduce al descubridor a un futuro lejano. Los seres que tripulan la nave parecen arañas. El descubridor cae en la telaraña de la isla, persiguiendo la imagen de su amada. La unión del motivo del dios-sapo con el de la araña siniestra proviene del cuento de Smith sobre Atlach-Nacha. La novela de Wandrei está dedicada a Lovecraft.

Smith en “El tejedor en la cripta” nos da la idealización de la araña, que llega a semejar una gema. Wandrei, por su parte, nos recuerda a Luciano al emplear la ciencia-ficción en su novela.

Autores parecidos a Wandrei y Smith en temas y estilo hacen lo mismo que ellos: encontrar y señalar la distorsión de que son víctimas las deidades paganas, debido a algunas interpretaciones católicas o puritanas. En sus escritos, los autores de terror cósmico refinan el sentimiento religioso dinámico, ya pagano, ya satanista. Las deidades prehispánicas son satanizadas por los españoles y las deidades de los indios norteamericanos son deformadas por los colonizadores puritanos. Esto es obvio en los cuentos de terror cósmico, que dan cierta belleza al mito y captan el aspecto trágico de las deidades antiguas, eliminando toscas supersticiones y prejuicios.

Como un vampiro mental es el monstruo extraterrestre imaginado por Fritz Leiber en el cuento “La mente araña”, incluido en el libro del mismo título, publicado en 1961. La “mente araña” ha sido encerrada en un cautiverio metálico por seres desconocidos y, después de haber pasado siglos en el espacio, ha caído en la Tierra, específicamente en la Antártida. Cautiva por amenazar (con pensamientos malignos) la atmósfera, la “mente araña” es telepática y busca seres capaces de enviar mensajes telepáticos, para que la ayuden a salir.

Localiza a una familia, pero esta se transporta a la Antártida, y logra vencer, con la unión de mentes preservadoras, mutuamente leales, la mente asesina y egocéntrica del monstruo ultraterreno. El cautiverio de éste parece un templo sombrío dedicado a dioses sin piedad, construido para la eternidad, como el infierno. Entre los planes del monstruo figura uno para forzar la evolución de nuevas formas de vida dominadora a partir de insectos y arácnidos.

Pero la familia se une para mantener controlada a la “mente araña”.

El cuento de Leiber, influido por escritos lovecraftianos (como la leyenda de Atlach-Nacha y la novela En las montañas de la locura), llega a influir sobre la rara novela Trenco, del autor cubano Roberto Estrada, publicada en 1986.

Esta vez no se trata de una familia sino de un grupo de científicos astronautas, y el escenario pasa de la Tierra a un planeta lejano: el del título.

Lo inhumano y lo melancólico se unen en la “mente-araña” de Leiber, sugiriéndonos el opio que aniquila la voluntad.

El uso de lo para-psicológico para fines tortuosos, es decir, la distorsión de lo para-psicológico, es un tema central para Leiber en su cuento.

Los imaginarios “widgitos” de la novela de Estrada son insectoides corpulentos con facultades telepáticas e hipnóticas, que llegan a envenenar a sus víctimas para chuparles la sangre y otros líquidos vitales. Algunos terrestres e incluso un amigo extraterrestre llegan a sucumbir en una expedición a Trenco, expedición que se ha propuesto capturar a un “widgito” para estudiar su estructura cerebral. Sin embargo, el contacto con el extraterrestre amigable muestra la inutilidad de los insectoides y da el secreto para avanzar en el manejo humano de la telepatía. Los “widgitos” de Estrada tienen la capacidad de localizar víctimas propicias, como la “mente araña” de Leiber.

En su libro, Estrada incluye buenos episodios eróticos.

La ciencia-ficción nos lleva a un fino horror decadente y al insecto dominando al humano.

Las manos rojas del protagonista de El otro de Eduardo Zamacois (novela de 1900) son semejantes a arañas venenosas y finalmente lo llevan a quitarse la vida, luego de haberle escrito cartas a su amada muerta, para unírsele más allá de la tumba.

Las manos rojas nos hacen pensar en las manos del mismo color de la literatura de miedo, de Defoe, Hood y Machen. “Mano roja” significa también “con las manos en la masa”.

La novela corta de Zamacois es una anticipación de “El vampiro” del mexicano Alejandro Cuevas.

En la literatura mexicana del siglo XX, después del modernismo, hallamos a la araña monstruosa en la obra de Arreola. El cuento “La migala” es de horror y el autor se detiene en un hombre que ha comprado una araña en una feria. La araña termina ocupando el lugar de una mujer en su vida. El autor se aproxima a la ciencia-ficción en “Baby H.P.”, cuento inspirado por un personaje de El alimento de los dioses de H. G. Wells. “La migala” tiene algo de fantaciencia psicológica y la forma del insecto le hace pensar al narrador imaginario en un cangrejo. Esto lleva a suponer que Arreola, al escribir este cuento, se inspiró un poco en Erckmann-Chatrian.

El Bestiario de Arreola se inspira en La casa de fieras de Alfonso Hernández Catá, libro de 1922, que incluye un cuento titulado “Fabulario”. El título inspira el Confabulario de Arreola. La Casa de fieras de Hernández Catá llega también a inspirar al autor Augusto Monterroso.

Como la araña sagrada, la mujer-araña se ha vuelto con los años más científica, pero siempre será subjetiva.

Frank Welter en su libro sobre los sueños y el erotismo (publicado en 1962) afirma que la araña onírica es emblema de la Madre Terrible o de la Amante Despótica. Si la araña abandona su tela y se humaniza, el soñador afronta los problemas inevitables de la vida. Welter se basa en las psicologías freudiana y jungiana. La araña puede ser la madre protectora que ama y la madre posesiva que produce hijo dependiente, que vive bajo su autoridad y cae en las redes de la neurosis, que obstaculiza su vida sexual normal.

En su libro sobre el lenguaje de los sueños (publicado en 1946), Ernest Aeppli dice que la araña es maniquea: puede ser vista como una ingeniosa elaboradora de telas o como una devoradora sin piedad. La tela que teje puede ser emblema de la ordenación inteligente de energías psíquicas en torno a un centro. Pero también puede ser símbolo de soledad o incomunicación. La araña es la hembra seductora y cruel, hermafrodita diabólico que provoca la ruina del hombre. Todo insecto está relacionado con el sistema nervioso humano que no se halla supeditado a la voluntad. El insecto es emblema de un fenómeno que depende del sistema nervioso vegetativo. Si el soñador se encuentra en su dormitorio mientras en un rincón inadvertido se teje algo sin su participación, al despertar se ve obligado a gran vigilancia.

Raymond de Becker en Las maquinaciones de la noche (1964) dice que la araña es muy terrestre y que simboliza a la madre que tiene que aplastar a los hijos si quiere “a la joven que le velan sus prejuicios maternales”. Observa que las personas que han visto objetos voladores no identificados los han descrito en forma de arañas gigantes. Estos objetos voladores son emblemas de aquello que no controlamos, de lo que es definitivamente ajeno a lo conocido. En mi opinión la comparación de objetos voladores con arañas gigantes proviene de la literatura fantacientífica desde Luciano hasta nuestros días. El sueño griego original sitúa las arañas en la luna, territorio desconocido, ajeno al humano.

Según Frank Welter, el “hashish” o Cannabis indica es afrodisíaco. Provoca sueños voluptuosos. En el hombre, causa sueños con erecciones y emisión abundante. “La hija del dios arácnido”, nuestro cuento, es un sueño natural acerca del sueño artificial y sobrenatural.

El sueño artificial es erótico. El sobrenatural resulta espantoso. El cuento aborda asimismo el tema de lo subterráneo y catártico. La metamorfosis final es una representación dentro del sueño, en que lo concreto se vuelve abstracto. La mujer del sueño, Tarantella, es para el narrador imaginario una mujer independiente y subterránea, pero después del coito aparece la culpa, la neurosis, y hay una catarsis artística, un Hades más que un Tártaro. Lo abstracto aparece porque hay neurosis inconcretas, que son menos claras que la zoofilia (atracción sexual por el insecto), perversión que aparece en el cuento.

La mujer-araña, como el vampiro o el hombre-lobo, es un monstruo inconsciente que la mente consciente no asume. Un miedo excesivo a los insectos puede ser anulado con cuentos como el nuestro, que vuelven irreal (e incluso abstracta) a la araña.

La araña juega un papel en el movimiento subterráneo. Según Jim Morrison, la ciudad es una telaraña. La araña figura en la poesía de Dylan, como podemos ver en el libro Tarantula (1966). En la etapa decadente, andrógina y satírica de la música pop, la araña aparece en mundos de miedo y ciencia-ficción.

Alice Cooper en “La viuda negra” presenta una araña hermafrodita, devoradora y desfloradora de vírgenes y niños.

David Bowie le consagra un disco a un grupo imaginario llamado “Las arañas de Marte”. Bowie, cercano a la ciencia-ficción, transforma a veces motivos de Heinlein, Leonard Cline y Damon Knight. Alude a Aleister Crowley en “Perros de diamante”: “…crawlin’ down the alley…”

“Spiders from Mars”, por Joe Wilson.

Una mujer-araña figura en una canción de Ike & Tina Turner.

Con el tiempo, este movimiento decadente y musical es distorsionado y considerado gay por algunos. Es necesario oír esta música pop dándole el sentido decadente, andrógino y satírico que tenía en sus comienzos y aun tiempo después.

Recientemente, Cecilia Toussaint, en México, interpreta una canción sobre una mujer-araña fatal.

Desde la “tarantela” imaginada por Poe, la araña necesitaba música. Ya la tiene.

Abdul Alhazred, el personaje imaginario de Lovecraft, que enloquece en la ciudad sin nombre, es una mezcla de Hassan-Sabbah (por su hashish opiado), de Lautréamont (por su supuesta poesía científica) y del traductor de las Noches Árabes, Burton (por sus opiniones reaccionarias y locas, que aparecen aquí y allá). En las Noches Árabes de Burton es descrita la ciudad de Iram, que Lovecraft llama Irem, y también “la ciudad sin nombre”. Alhazred tiene asimismo algo de Beckford, pero loco. La droga de Abdul es simbolizada con el verde y el negro de la ciudad soñada de Cthulhu.

La amistad de Hassan con el poeta persa Omar Khayam, amistad previa a las traiciones y a los asesinatos, le inspira a Lovecraft la figura de un poeta loco, algo místico también, en apariencia.

El vino de Khayam y el hashish opiado de Hassan, van a dar al ensayo de Baudelaire acerca del vino y el hashish. El poeta francés trata de hacer una relación buena entre las dos drogas, pero comete el error fatal de añadir opio al hashish. Baudelaire repite la mezcla de Hassan.

El dibujante subterráneo S. Clay Wilson elabora una historieta: “Spider Joy”. La finalidad de esta historieta es lograr que el público supere el miedo exagerado a los insectos dañinos.

El autor se inspira en el título Spider boy de Van Vechten y en el argumento de Amores de Loh-Foh de Roswell Williams. Como Gahan Wilson, el dibujante subterráneo de “Spider Joy” incursiona en el humor negro.

El increíble hombre-araña de los comics viene a la memoria.

Pero también pensamos en Aubrey Beardsley, que influye sobre los dibujantes subterráneos y llega a idear una araña parecida a un sol con un solo ojo –irrealista– , como un cíclope, junto a una mujer y a un gato con orejas de murciélago.

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Imagen de cabecera: “The Crying Spider”, por Odilon Redon.

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Emiliano González

Autor de Miedo en castellano (1973), Los sueños de la bella durmiente (1978, ganador del premio Xavier Villaurrutia), La inocencia hereditaria (1986), Almas visionarias (1987), La habitación secreta (1988), Casa de horror y de magia (1989), El libro de lo insólito (1989), Orquidáceas (1991), Neon City Blues (2000), Historia mágica de la literatura I (2007) y Ensayos (2009).

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