LA PRIMERA ARAÑA

V

Emiliano González

Primera parte

Segunda parte

Tercera parte

Cuarta parte

 

En “El vampiro”, del autor mexicano Alejandro Cuevas, que podemos ver en los Cuentos macabros de 1911, un padre y su hijo se ven dominados por un viejo italiano desagradable, que vampiriza al padre en una pesadilla del hijo, adoptando la forma de una araña gigante y roja con cabeza humana. Unos versos de la Divina Comedia son citados: “¡Oh, insensata Arachne! También a ti te veía, medio convertida en araña, yaciendo sobre los destrozados restos de la obra que tejiste en tu propio daño!” En el cuento de Cuevas, el padre se quita la vida, dejándole al hijo lo poco que logra salvar de la fortuna “absorbida por el viejo maldito”. El cuello cortado del padre muestra lo premonitorio de la pesadilla vampírica del hijo en el cuento de Cuevas.

La autora decadentista rusa Zinaida Gippius elabora un extraño poema acerca de una araña, en que se unen el macro-cosmos y el micro-cosmos. El poema recuerda el sintetismo oriental.

Zinaida Gippius

Son decadentistas las arañas de Alfred Kubin, de Redon y de Julio Ruelas, artistas gráficos.

La araña de Ruelas es una mujer que huye de los perros de un cementerio campestre o que, desnuda, aguarda la llegada del hombre incauto.

La araña de Redon tiene rostro humano grotesco y la de Kubin, gigante, proviene de Erckmann-Chatrian y anuncia El planeta prohibido de Murray Leinster (acerca de grandes insectos).

Muy cercano al artista Ruelas es el autor modernista Efrén Rebolledo, que en su novela Salamandra (1919) nos presenta a Elena Rivas, especie de araña andrógina y humana que teje su tela hasta atrapar al poeta.

En un filme de Jack Arnold, Tarántula (1955), podemos ver una araña gigantesca, mutante y un científico loco (protagonizado por Leo G. Carroll) que busca la solución para el hambre mundial queda desfigurado por sus experimentos.

En el film La araña de Bert I. Gordon, una araña gigante es fulminada por un arco eléctrico.

En el arte gráfico simbolista, la araña de Kubin es enorme, y un humano caza con arco y flechas. O es una mujer desnuda con dedos como patas, grandes y largos, rodeada de parejas, que copulan, acostada en una telaraña.

Entre los poemas del uruguayo modernista Julio Herrera y Reissig figura uno, “Las arañas del augurio”, de 1900, acerca de una mujer con dedos que parecen arañas blancas y ojos que sugieren “los misterios de un bosque alucinado por una luna exótica”. También dice: “…sus finas manos ebrias de delirar armónicas / dulzuras de los parques, vagaban por el piano / sonambuleando, y eran las blancas filarmónicas / arañas augurales de un mundo sobrehumano.”

AQUÍ puedes leerlo y descargarlo.

En un ensayo sobe sonata y sinfonía, incluido en el libro Doctrina e ideas (1924) Antonio Caso habla de Mozart y se refiere al “encaje maravilloso que hilaron la músicas arañas de sus rondas”.

En los versos titulados “Esplín”, de 1900, Herrera y Reissig alude a manos semejantes a insectos filarmónicos, “dos arañas venturosas de un ensueño de Chopin”. La música y los insectos están cerca, igual que en el fragmento que cita Poe al comienzo de un cuento. Los poemas de Herrera son tan visuales como el arte gráfico de Kubin o de Ruelas.

La palabra “arañar” se origina en una comparación de la mano con una araña, cuando esta mano daña la piel. La mano con sus dedos es semejante a una araña con sus patas. La palabra original fue tal vez “aruñar”, pues la uña estaba más cerca de la piel que la araña.

Las palabras “araña” y “España” comienzan igual en inglés (spider y Spain) y terminan igual en español.

La mitología personal de Herrera y Reissig incluye a Gonk-Gonk, dios bebedor de sangre y devorador de vísceras, en su serie Las clepsidras, de 1909, e inmediatamente después del poema sobre ese dios, el poeta menciona a la araña de la muerte, que derrama un signo sobre el plenilunio. Gonk-Gonk y la araña le inspiran a Lord Dunsany “El penoso cuento de Thango-Brind el joyero” (acerca de Hlo-Hlo, el ídolo arácnido), cuento del Libro de maravillas (1918).

Herrera y Reissig, en su poema “Oblación abracadabra”, dice: “ofrendaste a Gonk-Gonk vísceras tibias / y corazones de panteras nubias / para evocar los genios de las lluvias / tragedizaste póstumas lascivias, / entre osamentas y mortuorias tibias / y cabelleras de cautivas rubias.”

Gonk-Gonk, dios que recibe las ofrendas, es una premonición del film King Kong de 1933, y las cautivas rubias anticipan a la actriz Fay Wray. En una escena incluida en la película de prueba de King Kong (más tarde eliminada) unos hombres son víctimas de monstruos, entre ellos una araña gigante y un enorme cangrejo. Esto no nos lleva sólo a pensar en Herrera y Reissig sino también en Erckmann-Chatrian.

En La torre de las esfinges (psicologación morbopanteísta), Herrera y Reissig nos habla de “la inmensa noche de Budha”, que desciende en su tela inmóvil como una araña de muerte, desnuda, espectral, aterciopelada, engañadora, silenciosa ante “el augurio lunático”. Este augurio es recuerdo de la luna de Luciano de Samosata.

El meteoro, en la Vía Láctea, se suicida “como un carbunclo de oro / en una tela de araña”. Y más adelante, el poeta escribe: “¡Oh musical y suicida / tarántula abracadabra  de mi fanfarria macabra / y de mi parche suicida!…”

En Los maitines de la noche (Desolación Absurda), Herrera y Reissig menciona un molino que es parecido a “una araña / que se agita en el vacío”.

Estos versos son de la misma época de “Oblación abracadabra”, en que figura Gonk-Gonk, el precursor de Hlo-Hlo y de King Kong, el mono gigante de la película de Mervin C. Cooper y Ernest B. Schoedsack.

El molino como una araña que se agita en el vacío es una metáfora que pretende evocar la locura, una locura parecida a la del Quijote, caballero que confunde molinos con gigantes. Los gigantes hacen pensar a Herrera en una gran araña. Esta nos lleva al filme de Bergman en que Dios aparece como una araña y en que el tema de la locura es tratado.

Hlo-Hlo no es el único ser arácnido e imaginario de Dunsany. Shiracte es otro.

En el cuento de Dunsany “Cuando los dioses durmieron”, los dioses de Pegana duermen y no despiertan ante el ronroneo de las plegarias, que yacen en el polvo sobre el suelo de Pegana, y sobre ellos Shiracte, la araña de los mundos, ha tejido una tela de niebla. Y el alarido del sacrificio no hace ninguna música en oídos que están cerrados al sueño.

El ídolo arácnido Hlo-Hlo, por su parte, ha creado al mundo y le ha dado todo menos el diamante del hombre Muerto, joya que es robada a menudo, pero que vuelve una y otra vez al seno de Hlo-Hlo.

La araña negra aparece en el poema del modernista argentino Leopoldo Lugones “La vendimia de sangre”: teje su red la araña negra en la “hipnótica selva” del alma del autor.

José Enrique Rodó, en su libro El que vendrá (1920), describe el poema “Belphegor” de Leopoldo Díaz, modernista argentino. El héroe Belphegor, luego de volar sobre un águila, llega a una selva misteriosa para desencantar a una princesa. “Crujen a su lado las hojas, las aves de la noche levantan su vuelo en torno del viajero, vagos terrores flotan en los aires, y los mudos fantasmas se enlazan en círculos sombríos, mientras tejiendo sus telas, negras tarántulas parecen describir figuras de fatídicas danzas.” A la entrada de la selva florecen amapolas negras, rojas y blancas. En las blancas se enroscan serpientes negras.

En su libro Cantos de vida y esperanza (1905), Rubén Darío dice en el poema “Filosofía”: “Saluda al sol, araña, no seas rencorosa. / Da tus gracias a Dios, oh sapo, pues que eres. / El peludo cangrejo tiene espinas de rosa / Y los moluscos reminiscencias de mujeres.”

Henry Miller compara el sexo de una mujer con un cangrejo en Trópico de Capricornio.

En su “bestiario”, Alfonso Hernández Catá hace decir a la araña: “Un cerebro y brazos, brazos, brazos… Inglaterra se inspiró en mí para hacer que el vasto mundo cayera en sus redes.”

Mientras juega con una guitarra, el protagonista del cuento “El Hashish” (del modernista uruguayo Horacio Quiroga) ve cómo los dedos de su mano izquierda se abalanzan hacia sus ojos, “convertidos en dos monstruosas arañas verdes”. Las manos del que juega con la guitarra en el cuento armonizan con las manos que vagan por el piano en el poema “La araña del augurio” de Herrera y Reissig, poema que ya he mencionado y examinado antes. Las manos “ebrias de delirar armónicas / dulzuras de los parques”, del poema de Herrera y Reissig, semejan arañas blancas.

Las arañas verdes del cuento de Quiroga provienen acaso de La ciudad vampiro (1833) de Paul Féval, novela divertida en que una araña grande, con cuerpo humano y alas de murciélago, desciende por un hilo, en una función de circo. La araña despide un resplandor verde y atrapa a una joven. Al final la araña pasa a ser un hombre que vampiriza a la joven. El supuesto actor es en realidad un vampiro, el señor Goëtzi, que tiene la capacidad de desdoblarse.

En el cuento “La hija del dios arácnido” (1993) escrito por Beatriz Álvarez Klein y por mí, hay al principio una mención del circo, mención premonitoria de mi lectura de La ciudad vampiro.

Esta ciudad imaginada por Féval se llama Selene, un recuerdo seguramente de la luna de Luciano de Samosata.

El modernista venezolano Rufino Blanco Fombona dice en su poema “Medioeval”: “Los mirlos se enamoran, y sacude / su crencha sinuosa la fontana; / Ilumina el palacio del rocío / – Araña sideral, – la vía láctea…” 

Este poema es publicado en 1896 en la Revista Azul. En este poema, los trovadores hacen subir a la lisonja hasta la cima de una roca abrupta, en que se encuentra el castillo de piedra en que mora un Señor. La lisonja es esclava: culto para dios y aplauso para el genio, y sube penosamente hasta la cima de la roca. La vía láctea como araña sideral nos hace recordar a la mujer araña de los indios Pueblo, que teje su tela en la gran oscuridad del vacío. También nos hace recordar los versos de Herrera y Reissig: “El molino es una araña que se agita en el vacío.”

En “La torre del elefante” de Robert E. Howard, relato de 1933, hay un cuento narrado por un paje borracho, en que el viejo sacerdote Yara se ríe en la cara de un príncipe hostil y enseña una gema brillante y maligna, gema impía que deja salir rayos enceguecedores para envolver al príncipe, que grita y cae, y se ve reducido a un bulto marchito y renegrido, bulto que se vuelve una araña negra y se escabulle salvajemente por la cámara hasta que Yara le pone el talón encima. La gema tiene poderes de longevidad, y es llamada el Corazón del Elefante.

El héroe Conan quiere obtener la gema y tiene que enfrentarse a una araña negra, tan grande como un cerdo, peluda, horrible y venenosa, con ojos rojos y demoniacos. Conan la mata con un cofre de joyas, en una cámara de la torre del elefante.

El dios de Yara es verde, tiene cuerpo de hombre y rostro “de pesadilla y locura”, con trompa. Es un ser de otro planeta, que ha sido esclavizado por Yara. La gema, roja y transparente, es tomada de un altar crisoelefantino.

En una cámara de ébano y azabache reposa Yara, el sacerdote-brujo, embriagado por el loto amarillo. Conan le entrega la gema como regalo. Yara empequeñece y, atraído por una fuerza magnética, va a dar al interior de la gema, que se desvanece en una explosión de brillos iridiscentes.

Al final Conan cree que lo ha soñado todo.

El cuento nos recuerda la canción que empieza: “Un elefante se columpiaba sobre la tela de una araña”.

El dios arácnido Atlach-Nacha juega cierto papel en un cuento extraño de Clark Ashton Smith: “Las siete pruebas”, cuento publicado en 1934.

Ralitar Vooz, alto magistrado de Commorión (ciudad de Hiperbórea) y tercer primo del rey Honquat, parte con veintiséis guerreros en busca de caza en las montañas negras llamadas Eiglopheas. El brujo Edzagor le pide a Vooz que llegue a una cueva secreta en las entrañas de Voormithadreth, en que habita Tsathoggua, dios con aspecto de sapo negro, y le diga sin temor: “Yo soy la ofrenda de sangre que envía el brujo Ezdagor”. Cuando el dios-sapo oye eso, le pide a Vooz que vaya al golfo sin fondo en que el dios arácnido Atlach-Nacha teje sus telarañas eternas. Y entonces debe decir que es el obsequio que envía Tsathoggua.

Vooz sigue su camino y desde el borde de un abismo oscuro Vooz ve telarañas a intervalos, adheridas al borde, cubriendo el golfo con encrucijadas múltiples y laberintos de hilos grises y gruesos. Estos hilos constituyen el único puente. Sobre una de las telarañas, a lo lejos, Vooz distingue una forma oscura, grande como un hombre agachado, con miembros de araña. Como si estuviese dormido, en medio de una pesadilla, Vooz oye su propia voz, que le parece un sonido sobrenatural, y dice que es el obsequio del dios-sapo. Atlach-Nacha corre hacia él rápidamente. Vooz percibe un rostro en el cuerpo agazapado oscuro como el ébano, entre las muchas patas plegadas. El rostro mira hacia arriba con una expresión de duda, y el terror llena a Vooz cuando mira los pequeños ojos rodeados de pelo, que lo observan. El dios arácnido le dice que le agradece el regalo, pero que nadie más puede servir de puente, y como se requiere una eternidad para realizar ese puente, no puede perder el tiempo sacando los pinchos de la armadura de Ralitar Vooz para comérselo. Puede ser que para el brujo Haon-Dor, que habita en un palacio encantado, Vooz resulte útil. Atlach-Nacha se retira de la telaraña, desaparece al borde del precipicio, e inicia la construcción de otro puente.

Vooz camina sobre el tejido del dios arácnido, que es resistente y se balancea suavemente. Llega a la otra orilla, donde la telaraña se une al último escalón de una gran escalinata. Llega después de oír aleteos de dragones y de ver bultos indefinibles en la oscuridad.

Y siguen otras pruebas para el personaje Vooz. Finalmente, apresurado, no puede advertir que la tela tejida por el dios arácnido ha perdido consistencia. Esta cede, y Vooz se cae al abismo.

El dios arácnido descrito por Smith nos lleva al cuento de Alejandro Cuevas, “El vampiro”, publicado en los Cuentos macabros de 1911, en México.

Concluirá…

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Emiliano González

Autor de Miedo en castellano (1973), Los sueños de la bella durmiente (1978, ganador del premio Xavier Villaurrutia), La inocencia hereditaria (1986), Almas visionarias (1987), La habitación secreta (1988), Casa de horror y de magia (1989), El libro de lo insólito (1989), Orquidáceas (1991), Neon City Blues (2000), Historia mágica de la literatura I (2007) y Ensayos (2009).

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