LA PRIMERA ARAÑA

IV

Emiliano González

Primera parte

Segunda parte

Tercera parte

 

En mi propia novela El discípulo (1982), un fragmento de una esfera espantosa muestra una araña en vez del ojo del narrador imaginario. Este fragmento es premonitorio de mi lectura de “Sueño de otoño” de Baroja, en que la mendiga le pone al niño una venda en el ojo con una nuez y una araña. En El discípulo, otro narrador sueña con la joven que luego va a conocer, lo cual es anticipación del sueño del personaje de Baroja sobre la joven rubia con el cabello esparcido, “como en un cuadro pre-rafaelita que representa a Ofelia”. En mi novela, la joven es idéntica a otra, de un cuadro pre-rafaelita: Maisie. El cuadro es de Sandys.

“Proud Maisie” (Sandys, 1860).

Cuando El discípulo aparece en un volumen, con varios cuentos, en 1989 (Casa de horror y de magia), lo publico con una Ofelia rubia en la portada, pintada por A. A. E. Hébert, pintor simbolista. Esto es asimismo premonitorio.

En El discípulo aparece un huevo de jade que emite una risa diabólica. Este objeto es una alusión al personaje Mefisto, de “Rudisbroeck o los autómatas”, en “La ciudad del otoño perpetuo”, primer libro de mi libro Los sueños de la bella durmiente. Mefisto vende un huevo idéntico. En El discípulo repito ciertos detalles de este cuento de mi libro anterior. De nuevo pienso en “Sueños de otoño” de Baroja.

En un cuento de Isaac Bashevis Singer, “El espejo” (publicado en un libro de 1957), se nos habla de una red vieja como Matusalén, suave y tan llena de agujeros como una telaraña, pero fuerte, que sirve de morada a un demonio, en un espejo. Allí aguarda, como una araña, el demonio para atrapar a la mosca humana. Dios le ha dado vanidad a la mujer, a la rica, a la bonita, a la estéril, a la joven (con mucho tiempo y poca compañía) y la bella Zivel se contempla en el espejo admirándose, como la Herodías de Mallarmé, hasta que el demonio, Samael, esposo de Lilith, la seduce fatalmente.

La maldición de un hechicero sobrevive en forma de vampirismo arácnido en “El fresno”, cuento de M. R. James: arañas peludas brotan del árbol encantado por la bruja. En “El tratado Middoth”, del mismo autor, vuelven a aparecer arañas conectadas con justicia sobrenatural.

En la película Nosferatu (1922) de Murnau, la araña aparece como vampiro entomológico. En la novela de Stoker, Drácula, el desequilibrado Renfield, ante la aparición de lo sobrehumano, desciende mentalmente los peldaños de la escala zoológica y se ve transformado en una especie de araña humana que devora moscas.

Amado Nervo en su cuento “La lección de la araña” compara a un hombre con una araña: “con su tela impalpable de plata y cristal trata de atrapar voluntades, más firmes, corpulentas y ruidosas” que las moscas zumbadoras que la araña atrapa con su tela. El cuento figura en el libro Los balcones. El personaje de Nervo es “laborioso, paciente, sereno, tenaz” como una araña.

Un tema paralelo al de la araña sagrada es el de la mujer-araña.

Ovidio refiere cómo la bordadora lidia Aracné se hizo famosa. Minerva odiaba la admiración que las ninfas le prodigaban a Aracné y le propuso una tela con las luchas de Neptuno. Esta tela fue maravillosa y despertó de nuevo la ira de la diosa, que convirtió a la bordadora en araña.

Este castigo hizo pensar a los religiosos del catolicismo, tiempo después, en el infierno y en el diablo. De ser un personaje mitológico griego, Aracné pasó a ser, lentamente, un demonio, que la literatura fue transformando.

Aracné (en La divina comedia), por Doré.

La leyenda de Aracné es descrita en La ciudad de las damas de Cristina de Pizán, libro del siglo XV, en una de cuyas viejas ediciones podemos ver un dibujo a color bastante curioso de Aracné. En el libro de Pizán está asimismo Marcia la romana, una pintora, creadora de un autorretrato que parece respirar, lo cual acaso influye sobre “El retrato oval” de Poe tanto como la leyenda de Pigmalión, en que la estatua se anima.

La filosofía de Plotino es demasiado espiritual y llega a despreciar el cuerpo: Afrodita Urania es el Alma divina, que ha nacido pura de la Inteligencia Pura y no tiene contacto con la tierra. La otra Afrodita, llamada Popular, tiene algo demoniaco al estar en contacto con la materia y al hallarse entre lo humano y lo divino. Plotino confunde el “dáimon” de Sócrates con el demonio. Los románticos y Baudelaire hablarán, siglos más tarde, acerca de la mujer como tentación del demonio, pero con un sentido distinto al de Plotino.

Este demonio adopta a veces el aspecto de una araña.

En El mercader de Venecia, Shakespeare habla del retrato de la bella Portia, en que el pintor se ha fingido araña, sobre todo al pintar los cabellos de la dama, y ha tejido una malla dorada para atrapar los corazones de los hombres, “más rápido que mosquitos en telarañas”. El artista es para Shakespeare un semidiós muy cercano a lo creativo al haber hecho la falsificación de Portia.

Marcel Schwob cita a Shakespeare al comienzo de su cuento “Aracné”, incluido en el libro Corazón doble (1891). Pero no cita El mercader de Venecia sino Romeo y Julieta: “Los rayos de las ruedas de sus carretones están hechos de largas arañas de jardín; la cubierta, de las alas de los saltamontes; sus tiraderas de la más pequeña telaraña; sus colleras de los resplandores acuáticos de la luna”.

El protagonista del cuento de Scwhob es un delirante que ha estrangulado a su amada, como el protagonista de Brujas la muerta de Rodenbach. Lo ha hecho para libertar a su amada (Ariana) del cuerpo y del mundo humanos. Es vampirizado por una araña repulsiva que chupa su corazón. Visita a medianoche el País de las Arañas. Huye hacia las estrellas a través del Reino de las Arañas. Por la cuerda de seda que le ha arrojado Aracné, se escapará (dice al final) dejándoles a los locos un cadáver empalidecido con sus cabellos rubios, que el viento de la mañana hará temblar. Los cabellos rubios son un recuerdo de la bella Portia de Shakespeare. En este cuento es repudiada la mezcla de hashish con opio.

Veamos de nuevo el argumento: el protagonista amaba a una Ariana, bordadora, pero enloqueció y quiso atarla a la muerte, para poder amarla mejor. El protagonista menciona a los “thugs” de la India, criados en las mansiones de campo, que de noche daban cáñamo a los amos y los estrangulaban con cuerdas de cáñamo. Como los hashishinos de Hassan-Sabbah, los “thugs” mezclaban el cáñamo con opio e incluso añadían alcohol, nos dice Schwob a través del protagonista.

Nótese el parecido del apellido “Sabbah” con “Sabazius”, el Plutón-Dionysos del ritual distorsionado.

El protagonista de “Aracné” estrangula a Ariana, creyendo que así libera a la ninfa Aracné de su crisálida humana. Luego, se siente vampirizado por Aracné. Pero espera huir, a través del Reino de las Arañas, hacia la trama deslumbrante de las estrellas.

Los liberados de la isla Helión, de la novela de Vautel sobre el paraíso, se entregan a drogas peligrosas y son víctimas de agresivos (especies de thugs) que los ahorcan con cuerdas de cáñamo.

Abdul Alhazred, el personaje imaginario de Lovecraft, que enloquece en la ciudad sin nombre, es una mezcla de Hassan-Sabbah (por su hashish opiado), de Lautréamont (por su supuesta poesía científica) y del traductor de Las noches árabes, Burton (por sus opiniones reaccionarias y locas, que aparecen aquí y allá). En las Noches árabes de Burton es descrita la ciudad de Iram, que Lovecraft llama de Irem, y también “La ciudad sin nombre”. Alhazred tiene asimismo algo de Beckford, pero loco.

La amistad de Hassan con el poeta persa Omar Khayam, amistad previa a las traiciones y a los asesinatos, le inspira a Lovecraft la figura de un poeta loco, algo místico también, en apariencia.

El vino de Khayam y el hashish opiado de Hassan van a dar al ensayo de Baudelaire acerca del vino y el hashish. El poeta francés trata de hacer una relación buena entre las dos drogas, pero comete el error fatal de añadir opio al hashish. Baudelaire repite la mezcla de Hassan, pero Baudelaire no resulta asesino sino víctima… del opio.

La bordadora Ariana es una mujer, identificada por un loco con la ninfa Aracné, y la ciudad de Iram es parte de un cuento lúcido, que leído por un loco se vuelve la ciudad de Irem. En el cuento de las Noches árabes, la ciudad de Iram ha sido construida por un rey para imitar el paraíso divino de los libros antiguos y de los anales. El rey es castigado por Alá, y es que ha deseado lo divino y no lo humano. En la leyenda griega, la bordadora Aracné hace trabajos admirados por las ninfas. Minerva, envidiosa, transforma a Aracné en araña. Si el trabajo de una mujer causa la envidia de una diosa, es que tal mujer pretende la divinidad. Una mujer deificada no es lo mismo que una mujer en contacto con su capacidad.

El loco del cuento de Schwob confunde a una mujer con una ninfa o espíritu de las aguas, en vez de hacer sólo una metáfora, como haría un poeta.

Nótense las transformaciones de palabras: Iram – Irem, Ariana – Aracné.

La envidia de Minerva en la leyenda de Aracné permite otra interpretación, que no niega la crítica de la interpretación previa: una mujer creadora es confundida con una loca religiosa y es castigada, en nombre de una deidad rígida, cruel, estática. El “dáimon” –que permite unión de tierra y cielo, de cuerpo y alma– es convertido en demon. Y en el demonio lo animal –en el peor sentido del término– predomina sobre lo humano. La bordadora se vuelve araña.

En un poema decadente de Theodore Wratislaw el autor se compara con una araña tejedora de versos.

“La mujer araña”, por Louise Bourgeois.

Continuará…

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Emiliano González

Autor de Miedo en castellano (1973), Los sueños de la bella durmiente (1978, ganador del premio Xavier Villaurrutia), La inocencia hereditaria (1986), Almas visionarias (1987), La habitación secreta (1988), Casa de horror y de magia (1989), El libro de lo insólito (1989), Orquidáceas (1991), Neon City Blues (2000), Historia mágica de la literatura I (2007) y Ensayos (2009).

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