LAS REVISTAS PULP Y EL NUEVO TERROR

Todo lo que debes saber sobre el escritor Abraham Merritt y seguramente no conoces

 

Aglaia Berlutti

 

La historia de la literatura de ciencia ficción  — sobre todo la especulativa —  tiene mucho que agradecer al desparpajo vulgar e imaginativo de las revistas pulp. No sólo se trataba de un vehículo atractivo para la difusión de géneros literarios que la mayoría de las editoriales consideraban menores, sino que, además, brindó un sostén evidente a la visión de lo literario como una forma de entretenimiento. La variedad de temas, tópicos y visiones que incluían eran infinitos y formaban parte de una pléyade de opciones que las sucesivas ediciones profundizaban en cada entrega. Desde las dedicadas al género del oeste, las bélicas con sus extensos relatos sobre batallas imaginarias y líneas de tiempo temporales alternativas precursoras de las ucranias actuales hasta las dedicadas al terror, la fantasía y la ciencia ficción, las revistas pulp reflejaron la transformación del entretenimiento literario en algo más complejo y efectivo. Su barato y rápido ritmo de publicación la hacían el medio idóneo para la experimentación y muchos autores encontraron en la ausencia de límites y exigencias editoriales el terreno idóneo para crear todo tipo de propuestas novedosas. Escritores como Robert E. Howard, Howard Phillips Lovecraft o Clark Ashton-Smith encontraron en ellas una completa libertad e independencia intelectual que les permitió explorar sus límites y brindar una nueva dimensión a la búsqueda de la creación fantástica, más allá del prejuicio habitual que suele soportar el género. Una nueva perspectiva sobre los alcances de la literatura como medio simbólico y reflejo de la cultura a la que pertenece.

Abraham Merritt fue uno de los escritores insignes que utilizaron los recursos y el poder de las revistas pulp para crear toda una nueva perspectiva sobre lo fantástico. Eso, a pesar que suele sufrir un inmerecido olvido cuando se analiza la literatura de género. El nombre del autor parece perderse entre los grandes nombres, oculto quizá por toda una nueva generación de narraciones y experimentos literarios de variable valor y calidad. No obstante, Merritt fue uno de los pioneros de lo que actualmente conocemos como la visión literaria sobre el miedo. Tan inquietante como Lovecraft  — de quien fue contemporáneo—  , meticuloso y desconcertante como King y obsesionado con crear universos propios para cada una de sus historias a la manera de Bierce, Merritt es uno de los escritores que analizó con mayor profundidad el miedo como emoción humana esencial. O más allá, esa interpretación de lo que nos asusta  — esa región lóbrega en nuestra mente —  con la que todos nos sentimos identificados. El miedo como un reflejo de nuestra propio mirada hacia lo desconocido.

Abraham Merritt

No obstante, para Merritt la escritura sobre el miedo no era meramente filosófica, sino un asunto biológico, un enfrentamiento entre lo pragmático con ese temor brumoso que invoca lo que no podemos comprender.

Sin duda, esa noción sobre el miedo proviene de los primeros pasos del escritor en la literatura como parte del movimiento pulp. Una percepción sobre el hecho de contar historias nuevas por completo y, sobre todo, profundamente renovadoras de lo que hasta entonces había sido la mirada editorial, la distribución y divulgación de las historias de género como parte de lo que se consideraba literatura “barata”.

Las revistas pulp eran una rareza, una especie de espacio entre la literatura considerada “sólida” y algo más ambiguo, mucho más relacionada con la mirada popular sobre la palabra. Como medio de difusión masivo literario y, sobre todo, una plataforma que garantizaba la lectura, las revistas garantizaron y abrieron una nueva visión sobre la manera como los autores se relacionaban con el público, la literatura e incluso con su propia visión sobre lo que deseaban crear a partir de su propuesta literaria. Las pulp eran baratas, se imprimían por cientos y, además, eran parte de todo un vigoroso movimiento de la llamada «literatura de calle», que en las primeras décadas del siglo XX transformó por completo esa sacrosanta concepción de la literatura como intocable. En las pulp se mezclaban artículos de reconocidos autores con un formato vulgar, y el resultado fue una revolución literaria sin precedentes. Se les acusó de frívolas, de simplemente permitir que los escritores de renombre pudieran experimentar lo que las editoriales establecidas no les permitían, pero, a fin de cuentas, impulsaron una nueva manera de asumir el poder de la lectura, más allá del salón o la biblioteca. La inmediatez del formato  — solían imprimirse cada semana —  y, sobre todo, la facilidad de su consumo  — se vendían en estanquillos callejeros —  hicieron que parte de una generación de prolíficos autores miraran con interés su capacidad para vender la literatura a un nivel novedoso. Por supuesto, fueron acusadas de ser el precedente inmediato de la llamada “cultura del Best Seller, de la literatura comercial sin otro sentido que la venta, pero aun así brindaron la oportunidad a grandes autores de dar un giro singular a su escritura y, como en el caso de Merrit, de crear una perspectiva por completo original sobre diversos géneros, sobre todo el terror y la ciencia ficción.

Quizás Abraham Merritt sea uno de los grandes exponentes de los que las pulp brindaron a los escritores que participaron en ellas. Prolífico, inteligente y metódico, sus novelas son consideradas verdaderos mecanismos de relojería literaria, con una interesante concepción sobre el terror y, más aun, con una agilidad en el arte de narrar historias que brindaron al, hasta entonces muy sobrio, género de terror un nuevo cariz. Con su prosa seca, tenía la capacidad de crear atmósferas precisas e inquietantes con apenas unas cuantas descripciones bien escogidas. Además, era un escritor que estaba convencido del valor de dotar a sus creaciones literarias de personalidad: a pesar de ser uno de los grandes exponentes de las pulp  — y, por tanto, destinado quizás a formar parte de un tipo de narración estándar — , Merritt supo encontrar el equilibrio entre la capacidad para contar historias y también algo más sutil, complejo y duro: una mirada inquisitiva sobre el género humano, sobre la debilidad del espíritu del hombre e, incluso, su esencial vulnerabilidad.

Como periodista y miembro intermitente del célebre Circulo de Lovecraft, Merritt tuvo la inestimable oportunidad de aprender el oficio de la escritura fantástica y de terror de los mejores. Durante años no sólo intercambió su particularísimo punto de vista con los mejores narradores de su época, sino que cosechó un considerable éxito de ventas gracias a su cada vez más famosa historia en las pulp americanas, cuyo impulso definitivo en el gusto del público le lanzó a una improbable fama. Incluso llegó a fundar una revista que llevó su nombre, A Merrit’s Fantasy Magazine, donde, siguiendo la tradición del folletín barato, dio la oportunidad a toda una serie de escritores de crear una aproximación distinta a lo que a la literatura y el público se refiere.

Pero sobre todo, Merritt era un escritor apasionado por la palabra que dedicó buena parte de su vida a la literatura. También era un hombre misterioso, excéntrico y con una enorme curiosidad. Por casi dos décadas se rumoreó que Merrit era un entusiasta  — y muy probablemente practicante —  del ocultismo. La versión nació debido a su enorme colección de rarezas literarias que incluían, por supuesto, lo que se suponían era una serie de volúmenes arcanos que había logrado adquirir durante años. Realidad o parte del mito sobre el escritor, lo cierto es que Merrit tenía una de las bibliotecas más espléndidas de su época. Quizá por ese motivo Arde, bruja, arde, su obra más conocida, pareciera lograr no sólo un estupendo equilibrio entre la superstición, el terror y el conocimiento de magia y esoterismo, lo que hizo de la novela un inmediato éxito de ventas.

La novela, más allá de su innegable aire pulp, es una profunda reflexión sobre el racionalismo, el pragmatismo y el terror comprendido como lo que se esconde más allá de lo que supone es la realidad. Ese amor hacia el conocimiento y lo científico que definió las primeras décadas del siglo veinte parece enfrentarse directamente con esa nebulosa noción sobre el terror que nace de lo misterioso, de lo apenas sugerido. Porque para Merritt el terror parece surgir de ese desencanto del nuevo siglo por la noción del caos, del nacimiento de nociones relativas sobre lo que se consideraba absoluto. Esa visión de ruptura con esa interpretación del mundo modélico y ordenado (a la manera como lo imaginó Agatha Christie) con algo más confuso. En medio de las guerras y la reinvención de Dios  — o esa teorización de la espiritualidad que parece depender de la visión humana — , el hombre de principios del siglo XX parece buscar una comprensión sobre el mundo sujeta a una profunda transformación. Aterrorizado, con enorme torpeza. Es esa lucha la que refleja Merritt: el enfrentamiento de lo visceral y racional cada vez más desconcertante y abrumador.

Sorprende que a pesar de su casi medio siglo de antigüedad, la novela posea una enorme agilidad para describir y puntualizar un universo complejo con gran inteligencia. Entre el esoterismo, la fantasía y el terror en estado puro, la novela avanza para crear una historia por momentos desconcertante que construye un discurso narrativo sólido y audaz. Merritt, ante todo, celebra y disfruta del arte de escribir y lo hace muy bien: elabora una noción del miedo tan fresca que parece transformar toda su propuesta a medida que la historia avanza con gran destreza. La combinación de momentos de gran tensión psicológico y de esa trepidante agilidad brinda a la novela una personalidad única, un juego de espejos sensoriales que da como resultado una propuesta sobre el terror que aún llega a sorprender al lector.

Por supuesto, Merritt no pudo olvidar su herencia pulp. La novela tiene fallos argumentales, algunas blanduras inexplicables y uno que otro bache narrativo. Pero aun así la acción transcurre sin detenerse, como si a pesar de su imperfección este maestro desconocido del terror hubiese encontrado la manera de crear una manera de expresar en una novela lo esencial de pulp: la combinación de calidad, baratillo y agilidad que aún disfruta de un considerable público cautivo.

Quizá Merritt continúe siendo un ilustre desconocido dentro del género del terror, pero su legado  — esa noción de poder crear, a través de la palabra, una aventura de la imaginación —  continuará incólume. Trascendente. Lleno de brillo.

****

Aglaia Berlutti

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión.

Desobediente por afición. Ácrata por necesidad.

@Aglaia_Berlutti

TheAglaiaWorld 

 

¡LLÉVATELO!

Sólo no lucres con él y no olvides citar al autor y a la revista.