LOS HOMBRES TOPO QUIEREN TUS OJOS

El Conde de Betancourt

 

¡Oh, la literatura Pulp! ¡Una que nos ha regalado varios escritores que hoy en día son considerados genios!

Mi argumento no es para nada descabellado, debido a que si no hubiese sido por estas producciones a estas alturas no estaríamos hablando ni de Isaac Asimov ni de Lovecraft y ni de tantos otros que seguramente me estoy dejando atrás.

Lo cierto es que no todo es «color de rosa» en esto, porque así como el Pulp nos ha regalado obras magistrales que lograron vencer el tan temido dominio del tiempo, la desoladora realidad es que dentro de éste existe mucha basura, y cuando digo tal adjetivo me refiero a que la mala calidad literaria pulula cual enjambre de tentáculos sin algún tipo de orden que la encarrile hacia algo más serio.

Este tipo de declaraciones me han traído problemas, algo que un buen amigo me comentó en el transcurso mientras intentaba corregir a una persona que dice haberse molestado porque, independientemente de sus circunstancias, se refirieron al Pulp como una vertiente sin sentido, sucia y mal hablada. Ciertamente le dije que para que se convenciera de su error le echara un vistazo al estilo del Pulp que aguarda paciente en las páginas de este libro; le dije que leyera algunos relatos de la Weird Menace.

Seguramente muchos se han de estar preguntando: «Conde, ¿qué demonios es eso? Yo únicamente he oído hablar de la Weird Tales». A grandes rasgos, el Pulp se divide en bastantes sectores: los relatos fantásticos, los policiacos, los de terror, los de ciencia ficción, los eróticos*, los de horror y un largo etcétera de mezclas singulares que se dieron entre ellos.

La relación de lo dicho con anterioridad es una variable decisiva para entender lo que es la Weird Menace debido a que básicamente es un híbrido entre el Pulp erótico y el Pulp de horror, es decir: contiene muchas escenas en donde los personajes femeninos sufren, o están propensos a sufrir, una violación y tortura física, y en el que lo monstruoso tiene una explicación más material y/o terrenal. Seabury Quinn, por mucho que haya utilizado algunos de estos factores, no puede ser considerado, a diferencia de Robert Howard o Hoffmann Price, como parte de esta vertiente dado a que sus historias también estaban empapadas con lo sobrenatural, rompiendo de este modo la estética literaria; no obstante, ese atisbo de realidad dentro de la Weird Menace refuerza, al mismo tiempo, una leve tradición a lo Ann Radcliffe, ya que se concentra en explicar racionalmente los acontecimientos de la trama.

Ahora, si los estilos pertenecientes a la Weird Tales nunca se preocuparon por ofrecer un contenido culturalmente intelectual debido a que le interesaba más el hacer negocio, la Weird Menace lo hizo mucho menos y es a partir de ahí de donde germina el enfoque literario de todo el Pulp: historias para entretener a la gente dejando a un lado el valor artístico. Por supuesto que esto hizo que la lectura de dichas revistas fuese más amena para el sector proletario en donde no se necesitaba ningún tipo de preparación cultural previa para disfrutar de las narrativas, algo que disgustaba a Lovecraft y su refinada sensibilidad llamando a varios de sus colegas «mercenarios de la pluma», para no decirles abiertamente «escritores de carne de cañón».

Tales datos acarrean cosas relacionadas con el arte erótico de las carátulas y el pésimo control de calidad de los ejemplares, siendo la primera un cebo para llamar la atención del cliente y la segunda una estrategia comercial para ahorrarse costos y hacer asequible el producto final, aún si ello significaba sacrificar su vida útil.

Algo que Valdemar hizo muy bien en esta ocasión, muy similar a lo efectuado también con los cuentos de Crowly o con la novela de El monje, es que nos advierte que los relatos aquí reunidos no son una maravilla, que son más una curiosidad que algo trascendental, pues Los hombres topo quieren tus ojos y otros relatos sangrientos de la Era Dorada del Pulp, más que una obra de arte, es una pieza histórica que nos da una mirada rápida hacia lo que, yo considero, es un antepasado del Gore, el Slasher o el propio Splatterpunk. De hecho, Jesús Palacios lo emparenta con cintas como Masacre en Texas.

Por ende, a continuación mencionaré las historias más «atractivas» de este libro. En realidad, no tiene nada de malo que alguna narrativa pueda llegar a ser de su agrado porque recuerden que cumplen con su objetivo que es entretener. Sin embargo, esto mismo no deja que abandone mis suposiciones sobre que los escritores de la Weird Menace no se tomaban muy serio su actividad y que estaban prácticamente muertos de la risa tras cada golpe de la máquina de escribir. Voy a saltearme una gran cantidad de detalles de varias propuestas debido a que tienden a repetirse, ocasionando que lleguemos precipitadamente al tedio y que, con el paso del tiempo, la memoria selectiva olvide más de un argumento.

El primer relato sea quizás el mejor de todos, razón por la que tal vez el libro lleva su nombre: “Los hombres topo quieren tus ojos” de Frederick C. Davis. La brutalidad se nos echa a la cara sin previo aviso, debido a que el cuento empieza con una jovencita desnuda y con las cuencas de los ojos vacías. De la nada se comienzan a desatar una serie de crímenes similares en los alrededores de aquel poblado, donde cada uno es más grotesco e infernal que el anterior. Entonces se atisba la presencia de un conjunto de criaturas demoniacas cerca del umbral de una mina abandonada que, sin duda, está enlodada con un aura de aberración sexual.

Enseguida tenemos a “El señor de los muertos” de parte del creador del género de la espada y brujería: el gran Robert E. Howard. En esta historia ocurre algo curioso que quisiera destacar porque, como han de saber, de los “tres mosqueteros” de la Weird Tales se presume que Howard fue el más prolífico y al que podríamos llamar de una forma un tanto más profesional un verdadero «escritor», dado que Smith se consideraba a sí mismo un poeta y Lovecraft nunca fue capaz de desprenderse de su piel de aficionado.

Lo anterior se relaciona con que, además de crear a sus célebres Conan y Solomon Kane, Howard también concibió al detective Steve Harrison, que posee un total de diez historias canónicas, siendo “El señor de los muertos” una de ellas.

Si se toma como referencia la temática que lo hizo tan famoso, se podría pensar que Steve Harrison es el detective de lo oculto de Robert Howard; para desgracia de muchos, nada más alejado de la realidad. En esta historia Steve tendrá que luchar contra una secta maquiavélica emparentada con la estirpe de los antiguos mongoles, todo mientras sigue una serie de pesquisas que lo llevará a la victoria. Pese a este detalle, nuestro héroe se aleja del estilo deductivo de Sherlock Holmes y de la astucia psicológica del Padre Brown para emplear la violencia más sanguinaria y más llena de testosterona que podamos imaginar. No es un argumento que destaque por su profundidad; empero, sí que es uno muy recreativo.

“Locura rubia” de Arthur Humbolt es otro cuento que recuerdo sin dificultades. La premisa del científico loco o artista sale a relucir por fin luego de varias páginas de ausencia. Aquí el villano secuestra, adormece, mutila y reutiliza los miembros de cuanta mujer va cayendo en sus manos para crear el modelo perfecto que simbolice todo lo femenino, todo lo procedente del templo de Venus; sin embargo, las circunstancias cambian poco después de que la pareja protagonista haga su intromisión.

Por último, y para no extenderme más de lo debido, quisiera destacar a “Novias frescas para la hija del diablo” de Russell Gray; siendo quizás el mejor exponente de lo que es la Weird Menace considerando sus dotes salvajes, masoquistas y gore. En resumen, se trata sobre una pérfida mujer adinerada que disfruta de corromper hombres exitosos, empleando su cuerpo bien esculpido. Se negasen o no, la mujer terminaba por secuestrarlos junto a sus esposas para dar rienda suelta al frenesí de tortura más morboso que la década de los 40 haya visto jamás. Pese a ser uno de los más extensos, su lectura es muy dinámica y posiblemente queden extasiados por cada ácida pincelada.

En definitiva, Los hombres topo quieren tus ojos y otros relatos sangrientos de la Era Dorada del Pulp puede llegar a interesar a cualquiera. Si traslado y no altero su concepto original para esta época, leer su contenido sería muy similar a echarle un vistazo a las novelas baratas que solemos ver en los quioscos junto las infames y pornográficas Chambeadoras, eso tan sólo para poner un ejemplo vergonzoso y sarcástico; aunque eso sí, con un giro que a todos los presentes les podría interesar, que es el horror.

Supongo que somos bastante afortunados de tener algo así para nuestro deleite. Es sorprendente que luego de todos estos años las revistas en donde los cuentos fueron originalmente publicados hayan sobrevivido a pesar de la serie de factores negativos que los rodean, y más aún, que se tenga una traducción al castellano. Pese a todas sus deficiencias literarias, no se puede negar que esto es una pieza histórica del terror y que todo amante del Gore moderno debería de conocer, al menos por obligación.

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* Que a su vez se subdividen en erotismo heterosexual y homosexual.

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El Conde de Betancourt

En 2015 ganó un concurso de poesía religiosa que organizó una parroquia cercana a su hogar. En 2017 su cuento «En compañía de la muerte» apareció en el número 7 de la revista Vuelo de Cuervos y «Nocturna demacración» hizo lo propio el blog de la revista Fantastique para su especial de vampiros. «Rhythmus Mortis» aparecerá en la antología splatterpunk Gritos Suciosde Ediciones Vernacci. Sus reseñas las sube a YouTube.

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