THE NORTHMAN

(Eggers, 2022)

 

Miriam Gálvez

 

Esta será la última lágrima que derramarás por debilidad,

te será devuelta cuando la necesites.

 

Dos películas impresionantes anteceden el trabajo de Robert EggersThe VVitch (2015), ópera prima asombrosa, una historia de brujas parteaguas del elevated horror contemporáneo; y The Lighthouse (2019), fantasía retorcida muy a lo Marnau de negra excentricidad. Eminente cine de autor precedido por producciones independientes de la mano de A24 da un salto abismal en esta ocasión con Universal Pictures en una realización tremendamente ambiciosa, coescrita junto al novelista Sjón Sigurdsson.

Epopeya escandinava en la era vikinga de una siniestra heróica lírica sobre la venganza que recuerda a Hamlet (Shakespeare se inspiró en la historia del príncipe Amleth, nuestro protagonista), en donde la narrativa es tan implacable que te deja sin aliento, siendo dosificada por capítulos para darte un respiro con la finalidad de asimilar lo que tus ojos acaban de presenciar en cada episodio y que tiene giros de tuerca sobrecogedores que juegan con los sentimientos del espectador.

La inserción de lo sobrenatural —al ser un filme épico— le brinda una fuerza eminente. Willem Dafoe y Björk están sensacionales en personajes de nigromancia mitológica pagana; claves y de gran peso para el desarrollo de la historia, aunque su aparición es esporádica.

El diseño de producción junto a los paisajes islándicos quitan el aliento y se sincronizan en balance con la carnicería sanguinaria gore extrema (justificada) que aflige empaparte en la crueldad y suciedad de aquella época, en donde la valía humana era sopesada por la casta, dividida apabullantemente por las clases sociales y avalada por la fuerza corpórea que tenían los hombres para matar a cuanto humano se les cruzara en el camino; daba igual si eran mujeres o niños: la atribución era mostrar su «honorable» poderío y someterlos como esclavos para ser tratados con la más vil ignominia en condiciones paupérrimas.

Tiene una similitud con sus filmes anteriores, donde predominan los horizontes desolados y lúgubres. El monumental y exhaustivo trabajo de investigación histórica resulta en una obra maestra cinematográfica que retrata casi fotográficamente el suceso; un sello distintivo de Robert, quien es conocido por su «escrupuloso análisis a los detalles fidedignos», pero también con la inclusión del cine fantástico volando entre dioses y valquirias. Con un trabajo de estilismo impoluto de Linda Muir y musicalizado magistralmente por Sebastian Gainsborough, quienes son cercanos colaboradores de Eggers.

Como director me recuerda a la manera en la que John Hudson sumergía de lleno a su cast en los papeles al grado en que no podrías imaginar a ningún otro actor interpretándolos. Skarsgård, Kidman (versión de una estupenda Ofelia), Bang, Hawke y Taylor-Joy (una de las mejores de su generación, multifacética y poderosa) resultan suntuosos en sus personajes.

Tardaré un tiempo en olvidar el temblor en mis manos y el palpitar de mi corazón —como si se fuera a salir del pecho disparado— al aparecer los créditos finales y descubrir las luces del cine encendidas.

También necesité que mis lágrimas fueran devueltas.

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Miriam Gálvez

SuperHeroína coyoacanense. Pseudo aprendiz sibarita. Bakeadicta. Cazadora de imágenes. Pesadilla, malestar creado por la mente enferma de algún noctámbulo en insomnio desesperado.

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