TURURÚ

José Luis Casillas

MÉXICO

 

Me sonreía de una manera muy extraña y no me quitaba los ojos de encima. De esto 5 minutos o 2 estaciones de metro. El anuncio de “Permita el libre cierre de puertas” me sacó de mi sueño en Balderas, para encontrarme frente a esa sonrisa sin algunos dientes de viejo. Vestía un overol de mezclilla, con algunas manchas rojas y blancas, y una playera amarilla; sus manos arrugadas llenas de grasa y con la mano que no usaba para agarrarse del pasamanos cargaba lo que parecía una pesada mochila con cierre. Parado delante de mí, sin dejar en el piso el morral, me mostraba sus pocos dientes con esa mueca tan fuera del lugar.

Dos estaciones le mantuve la mirada como retándolo, pero al llegar a Chapultepec no pude más y me paré, pegándole con el hombro al pasar. Ahí me percaté que éramos los únicos en el vagón. Extraño, aunque fueran altas horas de la noche. Caminé al otro lado sin voltearlo a ver y con el chirrido de la puerta cerrándose me senté en el lugar más alejado. Sin saber por qué comencé a sudar con el movimiento del convoy, que se detuvo en medio de las estaciones. Ahí fue cuando volví a voltear y seguía sonriendo, parado en el mismo lugar pero con la cabeza girada hacia mí. El sonido del vagón se apagó y con él se fue la luz. Un fuerte golpe metálico se escuchó al otro lado. El sonido de un cierre siendo abierto. Al fondo una voz diciendo: “En breve continuaremos con la marcha del tren; por su comprensión, gracias”. Unos pasos creciendo hacia mí.

 

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José Luis Casillas Hernández

Tengo 35 años. Nací y resido en la Ciudad de México.

Soy químico de profesión y trabajo de editor en libros de educación.

Me encanta viajar y escribir sobre la muerte, lo desconocido, lo increíble y lo inverosímil.

Twitter: @pepelo14

https://pepeloblog.wordpress.com

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