EL LENGUAJE DE LA MÁQUINA DE AGUA
Paulina Arcos
“Máquina de agua” es un cuento que pertenece a la colección Antisocieties (2021) de Michael Cisco. Este autor es uno de mis favoritos del weird porque las historias suelen desarrollarse en ambientes contemporáneos. Quizá por eso es fácil identificarnos con las situaciones extrañas que atraviesan a los personajes, los finales ambiguos y la digestión lenta; pues entre más atención prestas a los detalles, el matiz de la historia se profundiza.
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“Máquina de agua” no sólo se cuestiona si un algoritmo puede imitar a una persona, también si un sistema puede acabar por imponer su interpretación de lo humano mientras cree estar actuando en beneficio de los demás. Y más importante aún: si los humanos somos capaces de identificar la diferencia entre lo reproducido y lo verídico.
Este cuento inicia con un diálogo delirante e inconexo que, no obstante, es una pieza importante para entender lo que le ocurre a Jordan, una mujer de 31 años que fue ingresada a una clínica psiquiátrica luego de tener una crisis psicótica al visitar a su prima embarazada.
El relato se nos presenta a través de un registro del caso clínico de Jordan, escrito por el Dr. Berceau. En él trascribe las conversaciones que tuvo con la paciente durante 93 minutos efectivos entre una sesión y otra. El lenguaje es la clave de este relato, no sólo por las distintas maneras que tiene Jordan para comunicarse, sino también por la interpretación y uso que el doctor les da a sus palabras para avanzar en su caso.
Al hablar, la paciente adopta con frecuencia una expresión afectada, difícil de describir; es como una imitación fluctuante que combina la tranquilidad exagerada de HAL 9000, de 2001, con la impersonalidad técnica, despreocupada y distante de un controlador aéreo o del director de un programa de televisión en directo. Resulta irritante.
No obstante, hay momentos donde Jordan le habla sobre su niñez y su cercanía con las matemáticas con mayor lucidez. Incluso comenta que para ella la música es “una secuencia de números sometida a conversiones semejantes mediante transposiciones sonoras de una nota o tonalidad a otra”. También le habla del número seight y lo hace con tal naturalidad que el Dr. Berceau cree que la causa de la crisis que tuvo se esconde en aquel acertijo matemático.
Tiempo después, Jordan enferma debido a su dieta a base de litros de agua y surge el aspecto más singular: a raíz de esta enfermedad, ambos pierden la comunicación. Es entonces cuando el Dr. Beceau desarrolla una especie de algoritmo a partir de sus conversaciones anteriores que le ayude a seguir con el tratamiento. El problema de este método es que, si bien puede verificar la semejanza con el pasado, no puede demostrar que las nuevas respuestas expresan el pensamiento de Jordan.
El relato se tuerce aún más cuando ella muere, pues a partir de ese momento el doctor llega a pensar que al recrear su lenguaje también será capaz de recuperar a su paciente. Entonces el doctor se apropia del mismo sistema de pensamientos, incluso se podría llegar a pensar que se “contagia” de la obsesión numérica, pues su objetivo es recuperar a Jordan y encontrar al bebé de su prima.
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El texto se cuestiona si con este tipo de reproducción el lenguaje deja de ser un medio para comprender a alguien o se convierte en una forma de sustituirle. Es decir, el algoritmo puede prologar el lenguaje de la paciente, pero su continuidad no garantiza la permanencia de su conciencia. No obstante, Berceau considera que es real la presencia que él genera al interpretar el lenguaje de sus conversaciones con Jordan.
Al final, el pensamiento del doctor queda organizado con las mismas ideas que antes analizaba desde una perspectiva objetiva. Adopta la lógica de la “máquina de agua”, pero la usa con un enfoque opuesto al de Jordan. Mientras que ella describía a la máquina como una forma de continuidad impersonal que no dependía de su personalidad, Berceau insiste desde su perspectiva psiquiátrica en que reconstruir su identidad es el mejor método para ayudarla.
Cisco nos enfrenta a una pregunta incómoda: ¿Hasta qué punto podemos afirmar que conocemos a una persona cuando únicamente tenemos acceso a unas cuantas de sus palabras para intentar comprenderla? En este caso, Berceau únicamente logra reconstruir una versión de Jordan que responde a su necesidad. En este punto radica la extrañeza del relato, pues plantea la posibilidad de que al intentar preservar una identidad tal vez sólo la estamos suprimiendo.
Espero que te haya gustado esta nota. Hasta la siguiente.
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AQUÍ puedes escuchar el cuento.
(sólo ajusta los subtítulos al español)
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Mi nombre es Paulina Arcos, nací en la Ciudad de México en1990.
Actualmente radico en Toluca, Estado de México.
He publicado cuento y microficción en revistas digitales como Irradiación (cuento “Antojitos mexicanos”) y Enpoli (microficciones).
En septiembre de 2024, la editorial Rey de Ardillas publicó un fanzine del cuento “Rumores nocturnos”.
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