EL REVERSO DE LO QUE BUSCAMOS
Belinda L. de la Torre
Muchas portadas de libros me parecen fascinantes y aunque sé que bien reza el dicho que un libro no debe ser juzgado por su portada, hay algunos que resultan ser el anzuelo perfecto para curiosas como yo, que se dejan llevar por imágenes, en especial si estas poseen un tinte melancólico y hasta pesimista.
Me refiero a No era esto a lo que veníamos (Candaya, 2021) de la autora e historiadora María Bastarós (Zaragoza, 1987), ganadora del Premio Cálamo “Otra mirada 2019” por su híbrido de novela y crónica periodística Historia de España contada a las niñas (Fulgencio Pimentel, 2018). No sabía con lo que me encontraría al abrirlo, pero la paleta de colores, la barra de aditamentos de comida rápida y el título me generaron intriga, incluso me atrevería a decir que cierta congoja; intuí, a través de todo ello, que en ocasiones nuestra existencia puede estar resumida a un trabajo que odiamos o a un mero ser y estar mientras la vida se consume, mientras nosotros nos consumimos y todo avanza demasiado rápido o muy lento. Al final, esas sensaciones que la imagen me provocó no distaron de lo que nos proyecta la autora en cada uno de sus relatos.
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En la mayoría de los cuentos encontramos como escenario central el hogar, ese espacio que se supone es sinónimo de paz y protección; no obstante, es justo ahí donde las pesadillas, los eventos inusuales y lo desagradable tienen cabida. Al cerrar la puerta, nos encontramos con terribles realidades cotidianas que han sido normalizadas al grado de ni siquiera cuestionarlas, se dejan pasar; es como observar la desembocadura de aguas negras pudriéndolo todo. El rol de la familia no siempre simboliza un refugio anhelado: en ocasiones, alguno de los progenitores antepone sus propias necesidades, aunque eso implique pasar por alto circunstancias de violencia y abuso. Ana Carrasco Conde, en su ensayo titulado «Espacios del terror: la casa, el psiquiátrico y el bosque», señala, a propósito del hogar, que:
Lo más cotidiano y lo que nos debe proporcionar cobijo puede albergar de este modo lo más extraño y perturbador y, de hecho, si es perturbador es porque rompe nuestra normalidad e introduce un elemento de extrañamiento que nos desorienta. No podemos dar nada por seguro. El hogar, la casa, ya no es lugar de «protección» en el que podamos estar a salvo.
Vicente Serrano Marín y Antonio Castilla Cerezo (eds), 2017
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El cuento “Huevas de trucha” representa un claro ejemplo de ello. El protagonista, un padre que lleva años laborando para una empresa, decide invitar a su jefe a una cena familiar en su casa con la finalidad de preparar el terreno para así solicitar un ascenso. Sus hijas, unas gemelas adolescentes, no están muy felices con la idea de tener en casa al jefe de su padre, sobre todo porque sus planes para ese día eran divertirse en una fiesta con chicos de su misma edad. Sin embargo, soportan la cena, no sin antes observar con minuciosidad al intruso hasta que deciden retirarse a su habitación. Entre pláticas incómodas, una comida pretenciosa hecha por la esposa con huevas de trucha que nadie quiere comer, alcohol y falsos elogios, el jefe se encamina al sanitario, pero se equivoca y llega con las gemelas, quienes lo reciben de una forma que cambia el rumbo de la historia:
Las chicas, por fin, pasan a la acción. Sin mediar palabra se le aprietan, con sus caritas de ángel, de niñas-mujer. Parecen no albergar duda alguna sobre lo que hacen o sobre cómo hacerlo, no hay hueco para la improvisación en esa coreografía sin adornos que ofrecen. Enroscadas en sus brazos le obligan a avanzar hacia el fondo de la habitación, a tenderse sobre la litera inferior, llena de peluches, rotuladores y cuadernos floreados. De un manotazo apartan todo eso, todo al suelo, desterrado.
La reacción inmediata del padre al escuchar los sonidos provenientes de la habitación de las gemelas fue rememorar a sus hijas siendo pequeñas, evocando esa pérdida de inocencia, pero el impulso de abrir la puerta y expulsar al individuo es inexistente. Ahí es donde lo terrorífico toma forma. ¿Qué límites hay que rebasar para alcanzar un objetivo? ¿Es más importante un aumento de salario que el abuso y la expropiación? Las gemelas exhiben lo que está hasta el límite de miseria en el ámbito familiar y social, donde un jefe no sólo tiene el poder para elegir el rumbo de la pertenencia o mejorar el posicionamiento de un subordinado en una compañía, sino también traspasar la delicada línea del terreno personal y salir como si nada hubiera pasado. ¿Se puede disfrutar de un futuro “mejor” conociendo el precio? ¿Cómo será la mirada del padre hacia su jefe al encontrarlo en cada pasillo? ¿Y al ver a sus hijas? ¿Habrá remordimiento? Preguntas como esas me hice luego de terminar el texto. La extraña sensación de desagrado persiste luego de imaginar lo que ocurrirá después de finalizada la cena.
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Otro texto que aborda el tema de lo insólito en lo familiar es “Tan despacio para quienes esperan”, donde como protagonista tenemos a una niña de aproximadamente nueve años de edad a la que le celebran su cumpleaños en la escuela y quien decide no comer su pedazo de pastel y guardar la vela para recrear el momento con su madre, una mujer que entre olor a mandarina sólo vive para escribir su tesis doctoral y que no posee la menor intención de celebrar a su hija. La relación entre ellas tiene como eje central la distancia: la pequeña aprendió que para demostrar amor no debía incomodar ni esperar nada por parte de sus progenitores, en especial de su madre, quien la trata con indiferencia, con odio maquillado de comentarios pasivo-agresivos que ya ha aprendido a sortear; en cambio, con su padre lleva un poco mejor la relación, aunque lo ve nada más los fines de semana. El cuento guarda algo de místico, además del simbolismo y lo icónico que resulta soplar las velas de un pastel de cumpleaños. Existe una oportunidad única en todo el año: pedir un deseo, un deseo exclusivo para quien celebra otro año de vida. La protagonista pide su deseo con toda la ilusión de que se cumpla, a pesar de que la vela no pudo apagarse con el primer soplo. Pensando que se trata de un deseo proveniente del corazón de una pequeña, no imaginamos que poseerá malignidad; no obstante, un evento cambia todo. Al día siguiente su madre la lleva por carretera para dejarla con su padre y cuando se detiene a cargar gasolina, un hombre en una autocaravana se aproxima, golpea a su madre y se la lleva. El deseo se le cumplió. La niña, sin mostrar ninguna sorpresa, se preparó para ese momento: en su mochila guardó sándwiches y suficiente agua mientras espera a que llegue su padre:
Mete los pies bajo el trasero y se acomoda para esperar, atenta, observando el horizonte plano. A su alrededor se extienden, mudos y abrasadores, cientos de kilómetros de desierto.
Finalizada la lectura de este relato se analizan dos elementos que me parecen de suma importancia para afianzar lo que Carrasco, con la definición del Unheimlich de Freud, explora en su ensayo. Lo primero es que el personaje protagónico genera en automático gran empatía y ternura a su vez gracias a la atmósfera que va creando Bastarós. Nos permite imaginar diversos escenarios que son atajados por situaciones que superan por mucho, o al menos eso ocurrió conmigo, lo que suponíamos. Visualizar a una madre enferma o postrada en una cama parece menos terrible que una madre ausente por decisión propia, que no intenta hacer demasiado por ganarse el amor de su hija. Y por último, la casa resulta ser un lugar de ruptura, de desequilibrio, de carencia, de asfixia; un espacio en el que la madre domina por completo las acciones de la niña. La protagonista termina siendo el medio por el que se filtra lo siniestro:
se da en el seno de lo familiar, no algo extraño que irrumpe desde fuera, sino algo que estando oculto en lo más nuestro, pongamos por caso, nuestro hogar (o nuestra realidad), aparece desde dentro y convierte lo más propio y familiar en algo extraño.
Vicente Serrano Marín y Antonio Castilla Cerezo (eds), 2017
El desenlace inesperado nos eriza la piel regresándonos a una realidad palpable que alberga situaciones incómodas, lazos sanguíneos que duelen y estructuras familiares conflictivas.
La cotidianidad en los cuentos de María Bastarós nos traspasa. Nos sentimos parte de una enorme marabunta que devora en conjunto lo que encuentra a su paso, pero también un pequeño ser entre millones que busca salir a flote desde su individualidad, a conciencia del lugar que ocupa y todas sus limitaciones. Cualquiera de nosotros podría ser uno de esos personajes de la autora, repletos de dudas, miedos, insatisfacción, traumas y un humor sarcástico que se cuela entre las tragedias habituales.
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Bibliografía:
Bastarós, M. (2021). No era esto a lo que veníamos. Madrid: Candaya.
Vicente Serrano Marín y Antonio Castilla Cerezo (eds). (2017). La Filosofía, el Terror y lo Siniestro. Madrid: Plaza y Valdés.
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Belinda L. de la Torre
Narradora. Licenciada en Letras y Maestra en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Autónoma de Zacatecas.
Ha colaborado en las revistas y suplementos culturales: La gualdra (periódico Imagen), Crash, La testadura, Tachas (Es lo cotidiano), Confluencia Revista Hispánica de Cultura y Literatura, Campos de plumas.
Forma parte de Y son nombres de mujeres: antología de escritoras zacatecanas IV y Tinta violeta de la editorial Aquelarre de tinta.
Contacto: klavier.belinda@gmail.com
IG: https://www.instagram.com/bee.delatorre
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